El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, compareció este lunes en La Moncloa para hacer balance político del año en un contexto marcado por la caída del PSOE en las encuestas y por el desgaste interno del partido. La intervención llegó en un momento de especial presión, con la oposición exigiendo explicaciones y sectores del propio socialismo mostrando malestar, por lo que, una vez más, se intuyó que su discurso podría ser de despedida, pero de nuevo hizo oídos sordos a los múltiples casos de corrupción que le salpican a él y a su partido.
Durante su comparecencia, Sánchez negó que el Gobierno esté agotado y defendió la estabilidad de la legislatura. Aseguró que el Ejecutivo continuará hasta 2027 y descartó de forma tajante un adelanto electoral, pese a los malos datos demoscópicos que sitúan al PSOE en uno de sus niveles más bajos de apoyo. El presidente centró buena parte de su discurso en responder a los escándalos recientes que afectan al partido. Reivindicó una actuación “contundente” frente a cualquier caso de corrupción o acoso y afirmó que no se tolerarán comportamientos que contradigan los valores del PSOE.
En el plano de gestión, Sánchez puso en valor las políticas sociales y económicas del Gobierno y anunció nuevas medidas, entre ellas un abono de transporte único de ámbito nacional a partir de 2026. También insistió en la necesidad de impulsar un gran acuerdo climático como eje de la acción política futura. La comparecencia no logró disipar las críticas de la oposición, que acusa al Ejecutivo de estar desconectado de la realidad social. Tampoco calmó del todo a los socios parlamentarios, que reclaman más explicaciones y cambios profundos ante la pérdida de confianza ciudadana reflejada en los sondeos.
Sondeos preocupantes
A la vez, los últimos sondeos recientes muestran una caída sostenida del PSOE, que pierde apoyo entre votantes urbanos y de clase trabajadora. El PP se consolida como primera fuerza, ampliando su ventaja y acercándose a una mayoría suficiente para gobernar. Vox mantiene o mejora ligeramente sus resultados, captando voto descontento con el Gobierno.
Sin embargo, los partidos de izquierda a la izquierda del PSOE no logran compensar la pérdida socialista, fragmentando el bloque progresista. Una mayoría de encuestados percibe al Gobierno como «desgastado« y demasiado salpicado por «todo tipo de casos» que afectan a la legalidad del gobierno en activo, aunque sin un consenso claro sobre un adelanto electoral.


