La imputación de J.L.R. Zapatero (Bambi) en la que se le investiga sobre delitos muy graves de corrupción marca un antes y un después en nuestro país. También nos lleva a señalar que el expresidente hacía negocios presuntamente ilegales, pero a la vez no ha renunciado a su sueldo como jefe del ejecutivo ‘jubilado’. Un dato que se pasa por alto, pero ahonda en la codicia de Zapatero. Y dado que se trata de un socialista que apuesta por el reparto de riqueza parece que esa generosidad no se la aplica sabiendo que es socialista en el que se miran muchos de sus ‘admiradores’.
Esta imputación de Zapatero por corrupción ha dejado a una parte de la sociedad desconcertada, pero de manera muy intensa a los socialistas y militantes de izquierdas, incluidos los nacionalistas de ERC y a su portavoz en el Congreso, Rufián. Un Rufián que, en su más que mejorable lenguaje, calificaba, en la Cámara Baja, sobre el auto del juez sobre Zapatero que “esto es una mierda”. Es decir, señalaba con ese lenguaje, fuera de lugar y con una falta de educación descriptible, que el expresidente estaba hasta las trancas de corrupción.
Aunque, por el contrario, no le sorprende a la ciudadanía que estaba siendo informada por medios de comunicación no ‘sincronizados’, puesto que que la corrupción se había instalado en las entrañas del socialismo. Periodistas como Ketty Garat o Álvaro Nieto (THE OBJECTIVE), desde hace años nos venían advirtiendo y señalando que existía una potente trama de corrupción que salpicaba al socialismo que nos estaba gobernando con claros indicios de numerosos delitos de notable gravedad.
Que un expresidente del gobierno se encuentre al borde de ser juzgado y tal vez condenado no deja a nadie indiferente. Con efectos colaterales de tanta relevancia que es seguro que nuestro país arrastre un estigma que perjudique a la sociedad española. El que el quinto presidente del gobierno de la democracia española se encuentre transitando hacia un futuro incierto judicial es un duro golpe para la ciudadanía española, sea cual sea la tendencia ideológica.
Zapatero ha sido presidente del gobierno, nuestro presidente y que ahora sepamos que, desde que dejo el ejecutivo circuló en los alrededores del delito, es un hecho que nos indigna a todos. No vale que durante el tiempo que presidió el gobierno llevara a cabo decisiones positivas para la ciudadanía, para el país. Lo que cuenta es que su deriva ha sido hacia el delito y al desprestigio del socialismo. El desprestigio de un partido, respaldado por millones de personas por su voto, y que con los hechos que se le imputan, les sacude y, de este modo, pudre los valores del socialismo.
Lo que estamos conociendo sobre los motivos de su imputación no es una mera especulación porque la claridad del auto escrito del que el juez que lleva el caso, no deja lugar a dudas sobre la falta de honestidad de Zapatero. Se trata de unos hechos que describen delitos incontestables y contundentes que colocan al expresidente en una situación bastante incómoda frente a la justicia.
Vuelo a Venezuela
Los indicios de delito se atienen incluso a leyes que él mismo ha firmado para incorporarlos al código penal cuando estaba al frente del gobierno de la nación. Las pruebas recogidas a través de las investigaciones por la UDED son tan contundentes que Zapatero había sido avisado (chivatazo) y tenía previsto viajar a Venezuela el mismo día que iba a ser informado de su imputación.
Aunque no solo él viajaría. Lo haría acompañado con tres miembros de su familia. Se especula que su esposa, Sonsoles Espinosa y sus dos hijas, Alba y Laura. Ambas también, presuntamente implicadas en algún tipo de delito. Lo que puede deducirse que viajaría para, presuntamente, borrar pruebas de su presunta corrupción que puedan llevar a seguir el rastro de dinero de comisiones irregulares, ya que en Venezuela está es el origen de algunos negocios que tiene Zapatero.
La aparición de manera sorpresiva de la policía a primera hora de la mañana impidió el viaje. Por ‘los pelos’ no se escapó Zapatero, a pesar del ‘chivatazo’ avisándole de que iba a ser imputado, pero solo le dio tiempo a hacer las maletas. La policía, sospechando que había sido avisado de ese registro de su oficina y de la oficina del negocio de sus hijas, tuvo que adelantar, de manera urgente, el registro y su imputación, para evitar la huida de Zapatero.
A los socialistas se les ha caído un ídolo, parece ser. El señor del talante y el diálogo, pero también el hombre que traicionó a las víctimas del terrorismo. Mientras acordaba luchar contra ETA en el pacto contra el terrorismo llegó a la conclusión de que podía actuar al margen de la ley porque, en calidad de expresidente del gobierno, tenía toda la legitimidad para superar la ley.
Juicio mediático
Pero se equivocaba. España es un país democrático, con sus luces y sus sombras, pero la ley está por encima de cualquier ciudadano, sea un mendigo o el presidente del gobierno, e incluso por encima de una hija del Rey Juan Carlos I y su yerno. Zapatero no iba a ser menos y debe pasar, como todos, por el filtro del estado de derecho con sus normas y leyes.
El día 2 de junio está citado a declarar y nos preguntamos. ¿Tendrá el mismo trato que tuvo por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad de estado Begoña Gómez cuando tuvo que acudir a declarar como imputada a los juzgados? O por el contrario se le tratará como a la hija del Rey, Cristina y a su esposo, Urdangarin, cuando acudieron al juzgado por estar imputados. Sería muy interesante observar el trato que se le da a Zapatero en materia judicial.
Porque el despliegue de un dispositivo de seguridad como se hizo en el caso de Gómez fue a todas luces desmesurado, sin que habría ningún tipo de alerta sobre la seguridad de Gómez. Se la protegió como si fuera un objetivo terrorista y sin embargo a la infanta Cristina y a su esposo, Iñaki Urdangarin, se les dejó a su suerte, a pesar que eran dos figuras que formaban parte de la Casa Real española.
El 2 de junio sabremos si el señor Zapatero y expresidente del gobierno desea colaborar con la justicia o, por el contrario, recurrirá a esconderse detrás de ese talante dialogador del que siempre ha presumido. Venezuela ya no es el Punto Morado de ZP.


