La frase, que da título a este artículo, está extraída del título de una comedia española muy popular. El plantel de protagonistas de este largometraje, estaba integrado por los mejores intérpretes españoles de la época. El reparto de actores se encontraba comandado por una gran actriz que se la conocía también, por su peculiar timbre de voz. Se trataba de Gracia Morales. Trabajaba junto a otro gran actor de comedia. Podríamos decir que era una estrella de la comedia española. Un actor del que el cine de comedia español no podía prescindir y por tanto no hubiera llegado a tener la aceptación de público que tuvo. Se trata de José Luis López Vázquez, el mismo que estos días, sin lugar a dudas, se le volverá a ver en la ya tradicional película que suele reponerse por estas fechas navideñas, titulada ‘La gran familia’. Una película en la que describe lo mejor de la familia y a la vez trata de enviar un mensaje que a día de hoy no se tiene muy en cuenta. El mensaje sobre la familia, pilar de la sociedad. Donde se aprende lo que hoy parece olvidado. Respeto al orden jerárquico y, sobre todo, educación.
Con J.L. López Vázquez tienen asegurada la sonrisa. Se divertirán con su interpretación en la película como dueño de una pastelería y rodeado de sus ahijados repartiéndoles pasteles y sobre todo cariño a pesar de su carácter, mal disimulado de refunfuñón. Pero no trato de opinar sobre algunas películas y el cine que se hace en España, aunque no me falta ganas ni voluntad. Los datos que estos días vamos conociendo sobre el cine español no es para sentirse orgulloso. Al revés, existe una profunda preocupación debido a su desenfrenada decadencia. Los indicadores lo definen señalándolo con gran crudeza. El motivo de esta columna de opinión nace de la frase que encabeza esta columna de opinión: ‘¡Cómo está el servicio!’ Frase en referencia al servicio que prestan los empleados de la hostelería. Es sabido que existe una crisis importante en el ramo de la hostelería en cuanto a que hay una urgente necesidad de mano de obra de profesionales.
Se solicitan ‘barmans’, camareros y demás profesiones relacionadas con bares y restaurantes sin la respuesta esperada. Pese a que nuestro país tiene una alta tasa de desempleo existen muchas dificultades para cubrir los puestos de trabajo que se están demandando. Pero en todo este problema que envuelve a un sector, el cliente es el afectado. Es entendible que el nivel de profesionalidad haya decrecido. Y es entendible ya que muchos de los contratados nunca han trabajado en este sector. Es, en muchas ocasiones, personal joven que trata de integrarse en el mercado laboral y considera que el campo de la hostelería es su primera opción y por tanto no deja de ser una ‘estación’ de paso. Ocurre en esta y otras profesiones, pero en la hostelería de manera muy importante debido a una gran dificultad para contratar personal.
Unos mínimos
A pesar de todo ello, los dueños de los negocios de hostelería deben seleccionar al personal con mucha minuciosidad. La escasez de mano de obra no debería repercutir en la atención al cliente. La calidad del servicio no debe afectar, sobre todo, en el trato a los ‘parroquianos’, lo mismo que la indumentaria con la que se está trabajando de cara al cliente. Una buena presencia del trabajador del local de hostelería sirve como reclamo a los clientes. La uniformidad es uno de los ejes vertebradores del negocio, además se traduce en un respeto hacia el cliente.
En la actualidad, desafortunadamente, parece que se ha perdido esa manera de expresar respeto a quien accede al local a consumir algo de lo que ofrece el negocio. Atender a un cliente es cuidar del negocio. Tratar con respeto, y no solo verbalmente, sino que también es signo de respeto el vestir acordemente. Un camarero que nos sirve el menú no debe hacerlo con una camiseta ni en manga corta ni con tatuajes a la vista ni con el pelo largo sin recoger. En muchas ocasiones, no hay un mantel, aunque sea de papel. Total, ¿para qué?, porque la falta de personal se traduce en un empeoramiento del servicio. Con pasar un poco la bayeta a la mesa es más que suficiente. El sector de la hostelería debería hacer una seria reflexión en esta época de cambios.


