La víctima, de 60 años, ha puesto una denuncia 43 años después, alegando que la respetada figura del político contribuyó al silencio
Se suele decir que en la vida, hay que elegir el ‘momento’ adecuado para hacer las cosas. Que es tan importante el cuando como el qué. Sin embargo, en este país llamado España en el que vale todo y en el que el surrealismo y la politización de cualquier cosa campa a sus anchas, puede pasar cualquier cosa. Como por ejemplo que una señora de 60 años denuncie a Adolfo Suárez, sí, el político que fue presidente del país y cuya retirada de la política llegó en los años 80, por agresión sexual, 43 años después de los supuestos hechos y once después de su fallecimiento. La supuesta víctima tendría 17 cuando ocurrieron los hechos. No dijo nada en vida, ahora los muertos ya no se pueden defender. ¿Y qué pruebas hay?
Pero así es. el 9 de diciembre interpuso una denuncia por agresión sexual continuada ante la Unidad de Atención a la Familia y Mujer (UFAM) de la Policía Nacional y ha sido admitida a trámite y remitida a un juzgado especializado en violencia de género en Madrid. En el escrito, la mujer, identificada con nombre ficticio, relata ocho encuentros con Suárez durante tres años, describiendo al menos cuatro episodios que califica como violencia y agresión sexual, incluidos tocamientos y una felación forzada. Los presuntos hechos se habrían producido tanto en el bufete de abogados de Suárez como en su domicilio particular, y la denunciante acusa además a dos personas de su entorno de haber actuado como cómplices o encubridoras al facilitar los encuentros.
Aunque los hechos se remontan a más de cuatro décadas y el expresidente ha fallecido, la denuncia ha seguido su curso ante la autoridad judicial, en línea con prácticas legales que permiten relatar abusos antiguos incluso si han prescrito penalmente. La mujer ha expresado que decidió romper su silencio después de un prolongado proceso de sanación personal y revictimización, afirmando que estos acontecimientos han marcado su vida durante décadas, pero que la figura de Suárez, muy valorada en la historia reciente de España, contribuyó a su silencio y a la dificultad de denunciar antes.
Podemos, a lo suyo
Como no podía ser de otra manera, la líder de Podemos, Ione Belarra, ha pedido al Gobierno y al Congreso que se retiren los reconocimientos institucionales concedidos a Suárez, como su nombre en el aeropuerto de Madrid y otros homenajes públicos. Podemos ha señalado que mantener honores a figuras con acusaciones de este tipo genera un debate sobre la memoria histórica y la responsabilidad de las instituciones. Es decir, la formación de izquierdas, en su línea, ya ha dictado sentencia, sin pruebas, sin testimonio, acusando a una persona fallecida, independientemente de que se denuncie 43 años tarde. La enésima demostración de Podemos de que solo actúa cuando los condenados por abusos no son del arco izquierdista, como es el caso de las saunas gays del suegro de Sánchez, la denuncia a Errejón, Ábalos, el caso del Tito Berni y otros nombres implicados en denuncias como Francisco Salazar, José Tomé o Javier Izquierdo. Aquí no es el cuando ni el qué, como decía al principio, es el quién.


