OPINIÓN | El caradura del desahucio de Vitoria. Por Fernando Cuesta

De los miles de desahucios que se están llevando a cabo en este país, uno de ellos, estos días, se ha convertido en estrella mediática. De nuevo un desahucio ha pasado a ser un elemento de lucha apadrinado y liderado por la izquierda con la inestimable colaboración del independentismo vasco. El vacío de ideas democráticas pacíficas ha llevado al izquierdismo y separatismo a seguir el guion de la revuelta en las calles, como bandera ideológica.

El desahucio se ha convertido en el mejor campo para la extrema izquierda y sus elementos violentos. El desahucio se ha llevado a cabo en Vitoria y, como no podía ser de otra manera, ha sido el centro de los medios informativos. De nuevo, quienes no respetan la ley, la democracia y el estado de derecho han protagonizado varios incidentes para evitar la ejecución de la sentencia de un juzgado. Varios jóvenes, incluso menores de edad, han tratado de impedir el desalojo de una familia teniendo que hacer uso de la fuerza la policía autónoma vasca.

Unos jóvenes que, en vez de estar en los colegios, institutos y universidad, han preferido impedir que se dicte la ley en vez de cumplir con su deber. Unos jóvenes que son presa de la manipulación y, por tanto, acreditan su analfabetismo y nula capacidad para tener opinión propia que delata, de esa manera, su incapacidad para la crítica.

Unos jóvenes que confirman, como digo, su analfabetismo ya que desconocían los términos en los que estaba redactada la sentencia judicial. Jóvenes que estaban en contra de un jubilado y propietario del inmueble, que llevaba cinco años pleiteando para que la familia, que se encontraba en su vivienda, fuera desahuciada. Familia que en un quinquenio no ha cumplido los términos del acuerdo de arrendamiento.

La familia desahuciada y que era considerada vulnerable por las instituciones y que, por ello, se les ayudaba con 2450 euros no pagaban al dueño el coste del alquiler. Una familia que, a pesar de no generar recursos y estar subvencionada para hacer frente al coste de las necesidades ordinarias se permitía viajar de vacaciones a su país Marruecos durante casi 40 días.

Mientras se divertían en su país de origen, el dueño del piso malvivía con una muy humilde pensión. Un propietario que tenía que hacer frente a todos los gastos que generaba el piso mientras que los inquilinos vivían a cuerpo de rey gracias a una falta de control absoluto por parte de las autoridades.

Democracia en crisis

Es lamentable que se haya tratado de impedir este desahucio a unos ciudadanos que han demostrado tener mucha cara dura. Estos ciudadanos procedentes de Marruecos que, a pesar de ofrecerles, con anterioridad al desahucio, un recurso habitacional, lo han rechazado. Un rechazo incomprensible y que nos indica que, dicha familia, nunca creyeron que se les desahuciaría..

Estamos viviendo en unos tiempos tan convulsos. Estamos viviendo en una época donde la democracia ha entrado en una crisis profunda ya que la libertad está siendo arrinconada. Con un añadido que no debemos pasar por alto y que resume a la perfección la crisis democrática. Solo la izquierda y los nacionalismos separatistas se creen con la autoridad moral en exclusiva. Uno de las cuestiones más sagradas de la democracia como es la del respeto a las sentencias judiciales, a los dictámenes de la justicia, están cuestionados. Se cuestionan activamente como se ha demostrado en el desahucio en Vitoria.

Los disturbios y revueltas que en estos últimos días se están desarrollando en toda Europa, rompen la convivencia. Y lo que es más preocupante, inoculan el miedo a la sociedad mientras los responsables políticos dirigentes se colocan de perfil en el mejor de los casos. Dan la espalda a la defensa a la inmensa mayoría de los ciudadanos, en un ejercicio de traición al compromiso que suscribieron cuando llegaron al poder. Un compromiso que pasa por mantener el orden y el respeto a las reglas del juego de la democracia.

Estamos asistiendo a una permisibilidad por parte de algunos delegados del gobierno que roza la ilegalidad. Sus decisiones han provocado numerosos altercados que han tenido como protagonistas a grupos que violan la convivencia. Grupos que no han sido reducidos en respuesta por parte de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado. Las órdenes políticas hacen que las repuestas policiales no sean lo suficientemente efectivas para poner orden.

La izquierda y la violencia

La acampada en Madrid en la Puerta del Sol es una demostración de la dejación de las funciones de los políticos que nos gobiernan. Lo mismo está sucediendo en algunos lugares, en víspera electorales, que se trata de impedir que partidos políticos puedan realizar su labor.

Todo lo descrito es un ejemplo, un incentivo para que sucedan episodios de violencia como el que ha sucedido en el desahucio de Vitoria. La izquierda que nos gobierna, que no está en su mejor momento y, por tanto, las encuestas electorales no están siendo positivas. Lo que está llevando a cabo la izquierda es algo temerario. Impulsa la violencia en las calles como amenaza a la sociedad, si en los próximos comicios electorales no resulta ganador.

Porque, como declaró el Ministro de Transporte, Óscar Puente, que para evitar que las calles ardan el 29 de noviembre habría que ir a votar y con ello impedir que el fuego en las calles permaneciera cuatro años. Es decir, si la izquierda, como prevén las encuestas pierde, se normalizarán los disturbios callejeros. El desahucio en Vitoria es el ejemplo de lo que le espera a esta sociedad si la izquierda no resulta ganadora de los próximos comicios.

La historia se repite. La izquierda no reconoce la democracia. No tolera que la derecha pueda gobernar como ocurrió en la II República y cuyo final fue trágico.