Hizo creer durante décadas, incluso a su familia, que había sido un prisionero del campo Flossenbürg y daba charlas en colegios y televisiones
Es sin duda una de las historias más cinematográficas posible y en 2024 se transformó en la película ‘Marco, la historia inventada’. Se trata de la historia de de Enric Marco Battle, un catalán que vio la oportunidad de erigirse en un héroe al afirmar que había sido prisionero en el campo de Flossenbürg. Durante 30 años mantuvo la mentira hasta que un historiador, Benito Bermejo, le destapó, a raíz de un documento que explicaba que Marco había evitado el servicio militar al estar trabajando en una de las fábricas alemanas en plena Segunda Guerra Mundial, gracias a un convenio entre Franco y Hitler. El escritor Javier Cercas le dedicó también el libro de ‘El impostor’.
Lo curioso de Marco es que no salió de repente de la nada. Él aseguró que estuvo en varios frentes clandestinos en la Guerra Civil y que combatió con los batallones de la CNT en la Batalla del Ebro. Lo que sí se sabe a ciencia cierta es que durante la Transición fue Secretario General de su Federación CNT catalana en 1977 y Secretario General de la Confederación desde abril de 1978. Marco fue expulsado de la CNT en abril de 1980. Varios años antes, sobre 1976, es cuando empezó a relatar sus experiencias como refugiado nazi. Fue durante un viaje a Kiel (Alemania) cuando visitó el campo de Flossenbürg y empezó a construir su relato. Su jugada no era mala: este campo nazi solo había albergado a 14 españoles y casi todos habían fallecido, por lo que no podría suscitar dudas. También es difícil dudar de alguien que te cuenta algo así.
Su discurso era el siguiente: tras la Guerra Civil, se involucró con organizaciones clandestinas antifranquistas y para huir de las autoridades, marchó al exilio a Marsella, desde donde tomó contacto con la Resistencia francesa. Al ser descubierto por la Gestapo, fue trasladado al campo de concentración de Flossenbürg, en Baviera. Para ello, usurpó la identidad de Enric Moner, un verdadero prisionero. A pesar de que la mentira funcionaba, Enric estaba obsesionado con tener el documento oficial que acreditaba que estuvo allí. Pero no se lo daban. Él decía que mintió a los nazis con su nombre y que era Enric Moner. Pero los registros no decían que había venido de Francia, sino de otro campo. Su mujer empezó a ver que había variaciones respecto a su relato inicial.
En la década de los 80, se incorporó a la organización en Barcelona que reunía a diferentes víctimas o familiares de víctimas españolas deportadas, la ‘Amical de Mauthausen’. Tras presentar como pruebas el acta de detención de Kiel, un registro falsificado de su nombre con el de otros prisioneros del campo de Flossenbürg y una fotografía de Enric Moner Castell, ya era uno más. A los pocos meses fue elegido presidente de la misma asociación. A partir de ahí, se dedicó a propagar falsos testimonios en colegios, universidades, televisiones… La gente le preguntaba, le escuchaba, lloraban… En 2001 recibió la máxima distinción del gobierno catalán: la Cruz de Sant Jordi, que tuvo que devolver tiempo después.
Zapatero
En mayo de 2005 estaba previsto un acto pionero en el campo de concentración de Mauthausen, en el que acudiría el presidente en aquel momento, José Luis Rodríguez Zapatero, para conmemorar y reconocer a aquellos españoles que sufrieron en sus carnes los campos de concentración. Marco era el designado para dar el discurso. Sin embargo, a dos días para el acto, todo se torció. Un historiador, Benito Bermejo, le llamó porque había una serie de datos que no le encajaban. Marco no quería saber nada de él. Hasta que le descubrió definitivamente. Un documento del ministerio de exteriores español reflejaba que Marco no había acudido a la mili debido al convenio alemán-español para que muchos españoles viajaran a Alemania a trabajar como voluntarios, en su caso en la ‘Deutsche Werke Werft’, que realizaba maquinaria de guerra.
La ‘Amical de Mauthausen’ le cercó hasta que confesó. Ya no dio el discurso y quedó relegado de todas sus funciones. La mentira de décadas había salido a la luz. Incluso, su familia estaba engañada también. Su familia le perdonó, pero muchos otros no. Sin embargo, Marco no desapareció. Es más, defendió su historia. Reconoció que nunca había pisado un campo, pero que sí fue una víctima nazi porque, al descubrir su pasado como sindicalista, dice que estuvo apresado en una cárcel de Kiel. Sin embargo, no tenía pruebas. Pero quiso morir matando. En su defensa alegó que sus intenciones siempre fueron buenas y que lo hizo porque era capaz de transmitir con sentimiento el mensaje. Digamos que defendía su oratoria frente a la cruda realidad. Él alegaba que había hecho un gran trabajo y que no había ganado nada con ello. Había ganado notoriedad, fama, atención…
Incluso visitó platos de televisión, en los que aseguraba que «mentí porque me escuchaban más y así mi trabajo divulgativo era más eficaz «. Él argumentaba que había hecho un fantástico trabajo y quería seguir haciéndolo. Incluso, cuestionaba a los que le llaman embustero. «Yo también fui prisionero nazi, nadie puede decir si mi sufrimiento (en la cárcel de Kiel) era menor que el de los deportados«. Se escribió un libro sobre su historia y se han hecho documentales y películas. Los psiquiatras le diagnosticaron como un «mitómano narcisista», un hombre al que le gustaba sentirse protagonista y escuchado, se emocionaba al recordar mentiras, incluso puede que llegara a creerse su embuste. Los auténtico prisioneros que quedaban vivos, esos no le perdonaron.


