Entrevista Josué Cárdenas: «La profesión de periodista está diseñada para hijos de nobles»

El comunicador y presentador de Periodista Digital analiza el periodismo, el estado del país, su vida y deja un recado: «Ya no sonreímos ni cantamos ni contamos chistes»

Josué Cárdenas (Sagunto, 1999) llegó a muchas hogares españoles en plena pandemia, cuando algunas caras se nos hicieron familiares tras acompañarnos largas jornadas en casa. Empezó en El Toro TV, luego EDA TV y ahora se ha consolidado en Periodista Digital, el medio de Alfonso Rojo, donde presenta el programa político y de debate ‘La Burbuja‘. También ejerce como tertuliano en otras ocasiones porque entiende que la versatilidad es importante -escribe poesía, novela y es capaz de arrancarse a cantar en cualquier momento- y quizás por eso tampoco rehúye ningún tema, a lo mejor porque, al contrario de otros periodistas nacionales, tiene poco que esconder. Lo cierto es que cae simpático, habla claro y se debió dejar la vergüenza y la pena en Sagunto, donde nació pero vivió poco para recalar en Salamanca. Y a todo esto, solo tiene 27 años. «No me parece una edad tan joven, soy un ‘viejoven’ de manual». Su sueño: tener una parada de metro con su nombre.

-Castilla y León es tierra de periodistas. Tú naciste en Sagunto, pero viviste y estudiaste periodismo en Salamanca, a la que estás muy unida, ¿ya eres ‘castellaneoleonés’?

-Es imposible ser ‘castellanoleonés’, no existe identidad tal. Castilla y León es un invento creado por el Régimen del 78 que no ha calado en la vida de prácticamente nadie de los que hemos vivido en esa región. Respeto y comprendo profundamente la identidad vasca, catalana, gallega, andaluza… incluso la ‘leonesista’ o hasta ‘comunera’, pero no se puede aglutinar en una comunidad autónoma a gentes de Ponferrada, Miranda de Ebro, Aranda de Duero, Béjar y Soria. Es un sinsentido. Lo que sí me siento es salmantino, uno es de donde hace el bachillerato y yo lo hice en la ciudad más bonita de España, llamada Salamanca. Nací en Sagunto casi de casualidad, como todo lo que me ha pasado en la vida, pero prácticamente nada me une a esa tierra, salvo poder cantar con Serrat aquello de «nací en el Mediterráneo«. En este momento, mi vida se siente unida a Madrid y espero que así sea para siempre, como los matrimonios de antes. Hay ciudades que tienen el culo y los ojos muy bonitos, pero no son Madrid. Se me van a veces los ojos con otros lugares, pero ya te digo como si de mi esposa se tratase, yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid. Como decía Sabina: «Aquí he vivido, aquí quiero quedarme. Pongamos que hablo de Madrid«. Un charro madrileño o un castizo de Salamanca. 

-En tu casa se escuchaba la radio, tú querías ser periodista por vocación, ¿quiénes eran rus referentes cuando eras pequeño? ¿te ha decepcionado el periodismo una vez que has estado dentro?

-Mis referentes de la infancia fueron Paco Gonzalez, Manolo Lama, Pepe Domingo Castaño, Jorge Hevia, Tomás Guash, Poli Rincón, Petón, José Francisco Pérez Sánchez… y toda esa buena gente que conformaban el ‘Carrusel Deportivo’ de la Cadena SER. También José Ramón de La Morena. Todos los referentes del periodismo deportivo de aquellos maravillosos años. Aunque desconocía a José María García, José Antonio Abellán… porque en las radios de mi familia, la COPE ni en pintura. En mi casa se escuchaba la SER, sobre todo en casa de mi abuela paterna. «Todos mienten, menos la SER que es objetiva» decía mi abuela. Hasta que un poco más crecidito descubrí que por las mañanas también existía la voz de Federico Jiménez Losantos en la cadena contraria. También un tal César Vidal, que al igual que yo, era evangélico. Esos fueron los responsables de que yo cambiase mi obsesión por el periodismo deportivo y empezase a empaparme del periodismo político. En mi casa ese cambio en el dial no sentó muy bien.  

-Leí que de pequeño te gustaba ir a ver a los cuentacuentos, por aquello de contar historias con pasión, ¿sientes que estás contando tu propia historia?

-Al final, somos muy poco originales. Contamos lo que nos pasa a nosotros mismos y aunque me paso el día hablando de Sánchez, Feijóo o Abascal, al fin al cabo, no dejo de estar poniendo de manifiesto todas mis obsesiones, manías, experiencias, anécdotas y gustos a los que acabas acostumbrando a la audiencia. No dejo de ser un cronista del panorama sin dejar de lado mi propia perspectiva vital. A nivel literario se nota más si cabe. Mi poemario y mi ensayo son dos libros bastante ‘ombliguistas’ si se me permite el término. Ahora acabo de escribir una novela muy basada en mí. Vamos, que soy un egocéntrico que cree que lo que he vivido le interesa a todo el mundo y que mi vida puede servir para que otros tomen alguna que otra nota. 

-Llegaste a la pantalla prácticamente en la pandemia, creo que de la mano de EDA TV, ¿viste la oportunidad o fue casual?

-Casual completamente. Yo no veo la oportunidad nunca. No planifico nada ni me planteo ningún tipo de estrategia para desarrollar mi vida. Soy un horrible jugador de ajedrez. Puede sonar fantasmagórico lo que estoy diciendo, pero los que me conocen saben, que nunca miro el tiempo qué va a hacer, ni pienso en qué me conviene o qué no. Tampoco voy cribando con quién debo relacionarme o con quién no, nada de nada. La vida para mí es como un tobogán, te tiras y no piensas qué hacer en tal curva o si frenar un poco para disfrutar más minutos después, nada de eso. Disfruto el momento y que sea lo que Dios quiera. Mi entrada en EDA fue así. No pensé «uy, estos son muy fachas, no me convienen«. Estuve en el momento y en el lugar indicado y todo se dio solo. Si hubiese maquinado un poquito, nunca hubiese arrancado mi andadura de la mano de un tipo como Negre. Pero fue así y sería idiota o mentiroso si lo negase.

-A todo esto, tu DNI marca solo 27 años, ¿a qué se debe tu rápida incursión en este mundo?

-Vamos a ver, 27 años no me parece una edad joven ni muchísimo menos. A mí edad, Juan Manuel de Prada ya había ganado el premio ‘Planeta’ y escribía en ABC. Orson Wells ya había dirigido ‘Ciudadano Kane’, Lennon y McCartney con 27 años ya eran los reyes del mambo, por no hablar de Jim Morrison, Janis Joplin, Brian Jones o Jimmy Hendrix, que a esta edad murieron y habían hecho cosas mucho más maravillosas que yo. Creo que estamos eternizando la juventud, soy más joven que Ansón y que Luis del Olmo, eso está claro, todavía puedo escribir un novelón o ganar un Goya, pero creo que ya estoy en una edad muy bonita en la que no pega tanto decirme: «con la edad que tienes, no veas lo que sabes». Ramoncín, Santiago Segura o Juanma Bajo Ulloa sabían mucho más de lo que yo sé a los 27 años. Solo me consuela que Stallone, escribió ‘Rocky’ a los 29, me quedan dos años para hacer algo muy grande. 

Tu trayectoria siempre ha ido en paralelo a medios de derechas como El Toro TV, EDA TV, Libertad Digital… tú que eres de los pocos periodistas con criterio en este país, ¿por qué hay tanto periodista esclavo del régimen?

-Hay de todo en la viña del Señor. El problema es que la profesión de periodista está diseñada para hijos de nobles, que no necesiten el periodismo para vivir. Como en España ya casi no quedan nobles y los pocos que quedan se dedican al sector inmobiliario o a controlar su patrimonio, la inmensa mayoría de periodistas no somos hijos de papá y tenemos unas facturas que pagar. ¿De quién dependen principalmente los medios de comunicación desde que dejaron de ser un negocio rentable? Del poder político. ¿Cómo consigues pagar facturas si eres periodista? Pegándote sin moverte ni un milímetro de los argumentarios de los partidos. Unos se pegan al PSOE, otros al PP, otros a Vox… el caso es moverse en las esferas de algún partido potente.

Si vas a tu bola y repartes a diestro y siniestro, te ven como un tipo peligroso del que no se pueden fiar. Si esto ocurre, te marginan, te vetan, llaman a tu medio para que te den un toque de atención o que directamente te echen. Conclusión: tienes que ser muy bueno y tener muy contento a tu jefe y a tu audiencia, para que sin estar anclado a un partido político, puedas mantenerte en esta profesión y que no acabes de camarero o tocando en el metro.

¿Tú has tenido que ‘tragar’ en tu carrera?

La vida consiste en ‘tragar’ pero no atragantarse. Claro que he tragado y mucho. He intentado aún así de mantener cierto grado de dignidad e independencia. A un jefe hay que obedecerle cuando éste tiene de sobra acreditada su autoridad. Todo lo que uno trague es terreno que ha cedido y que muy difícilmente va a recuperar. Por lo tanto, si te obligan a elevar el tono, darle caña a alguien en concreto, contar algo que no quieres… Tienes que calibrar muy bien si merece la pena o no. Sueles tener que tragar con aquello que debes callar más que con lo que te obligan a contar.

-¿Existe libertad de prensa en España?

-En el franquismo o en cualquier dictadura, existía una censura evidente y muy bien plasmada y determinada. Sabías de qué no podías hablar o qué no podías emitir. Ahora se ha sustituido el ‘qué’ por el ‘quién’. Ahora si no eres fulanito o menganito que está dentro del pesebre ideológico, da igual lo que digas, estás fuera del circulo, aunque hayas dicho una verdad como un templo. Ya no te cancelan por lo qué dices sino por quién lo dice. Y eso es muy jodido. En el franquismo, Juan Antonio Bardem, declarado comunista o Berlanga, declarado izquierdista, pudieron rodar y esquivar la censura de manera brillante. Ahora si ellos dos en nuestros días, hubieran estado en la lista de proscritos, da igual que rueden ‘Calle Mayor’ o ‘El verdugo’, este sistema no les permitiría ni siquiera intentarlo. En cambio, si caes bien porque dices lo que entra dentro de ciertos parámetros, puedes decir o hacer una mierda, que seguro que alguien te lo va a comprar y vas a estar en las teles.

En todos los regímenes ha habido censura, condenable y reprobable, ahora bien, en la actualidad la cancelación se puede llegar a producir porque no cumples con una cuota o porque han vertido sobre ti una denuncia falsa, aunque seas un artista, cineasta o periodista del copón. Es muy peligroso lo que está pasando porque se están cargando el talento en aras de sostener ciertos mantras muy discutibles que están ensalzando la mediocridad.

-¿En qué momento te dejó de importar lo que otros dijeran sobre ti?

-El día en el que me di cuenta de que nunca uno se puede arrastrar lo suficiente como para saciar las ansias de todos aquellos que esperan que hagas lo que ellos quieren de ti. No se puede contentar a todo el mundo, voy a empezar a contentarme a mí mismo, a hacer algo que yo diga: «Me sentaría a verme a mí mismo y a escucharme». A partir de ahí ya podré contentar a más gente. Pero si busco la aprobación del resto, estoy llenando de agua una cisterna rota. No voy a parar de echar agua y por un agujero se va a dilapidar por el sumidero. Es inútil. Me importa la opinión de mis amigos, eso sí, y reconozco que cada día debería darme más igual. 

-Presentas un programa en Libertad Digital y además haces de tertuliano en otros de la cadena, ¿en qué papel estás más cómodo?

– El más cómodo es el de tertuliano. Te pagan por dar tu opinión, es fantástico,es lo más cercano a vivir sin trabajar que he conocido. Me pones unas patatitas y un Ribera y lo bordas.  Dirigir un programa y presentarlo es más tedioso, tienes que organizarte más. Llevo casi 600 programas de la Burbuja en Periodista Digital e hice unos 200 en una radio. Nunca había hecho nada en mi vida tantos días seguidos. Ser tertuliano es ser un hombre show, estás más nervioso porque no juegas en tu cadena, en tu casa, pero me lo paso pipa. Además, cuanta más confrontación haya, mejor. Estoy un poco harto de asistir a tertulias en las que todos decimos «estoy muy de acuerdo con menganito…» reconozco que hay veces que aunque no esté del todo en desacuerdo, busco una excusa para llevar la contraria, soy como esas novias a las que sin venir a cuento les gusta discutir. También es verdad que cada día busco ser menos sectario y evitar la trifulca, pero claro si alguno en la mesa me defiende matar niños palestinos, no pagar la seguridad social o despreciar el cine español, ahí tengo que saltar.

¿Te gusta el cine español?

-Escribes poesía, te he oído cantar en el programa, hablas bastante claro. Lo que me llama la atención de ti es que has perdido la vergüenza, has perdido el miedo, da la sensación de que tuviste algún punto de inflexión, en el que te convenciste de que no ibas a ser uno más, como que pareces mayor de tu edad, ¿te lo han dicho?

-Soy un ‘viejoven’ de manual. Yo no creo en la reencarnación, pero vamos, me he empapado tanto de la realidad española de los 70 a los 90, que parece que tengo más edad. La mayoría de mis amigos nacieron entre el 65 y el 75 y eso se nota. Pero me gusta mucho, hay que ser un inadaptado. Vox dice que va a deportar a todo el que no se adapte a las costumbres españolas de hoy, pues que vayan empezando por mí. Detesto esa vida de gimnasio, perrito y viajes por doquier, que el español medio practica con denuedo. Ni visto, ni hablo, ni escucho, ni consumo lo que les encanta a los españoles y a los extranjeros que se adaptan perfectamente a eso de hacer ‘burpees’ o escuchar a Anuel. 

Los baños del Congreso

-Ejerciste también como cronista parlamentario, ¿qué destacarías de aquella etapa?

-Destacaría las veces que me lo pude montar con alguna chica en los baños del Congreso. Ha sido la mejor sensación que he vivido en la Carrera de San Jerónimo. Todo lo demás, prescindible. Es verdad que he hecho alguna buena amistad con jefes de prensa, diputados, ujieres… pero los españoles no saben lo aburrido que es pasar horas en el Congreso o en el Senado. Además es el lugar idóneo para que cualquier idealista se vuelva un materialista. Casi nadie cree en nada, políticos de diferentes signos son colegas, los periodistas se creen estrellas del pop… Además la figura de Vito Quiles enfrentada a María Llapart o Javier Casqueiro, ha convertido aquello en una especie de sainete o de zarzuela de poca monta, un lugar hostil.  Otra cosa buena y que echo de menos es el precio del menú del día, una maravilla. 

-A nivel periodístico, ¿cuál sería tu techo? ¿cuál es tu sueño por cumplir?

-Mi techo como periodista no quiero que suene presuntuoso pero lo he cumplido. Hago mi propio programa con absoluta libertad y me escuchan a diario miles de personas, Días que diez mil, otros veinte mil, días de 30 mil y 40 mil… Incluso hemos llegado a conseguir programas de cientos de miles de visitas. Me encantaría que fueran millones diariamente, pero tampoco me vuelve loco esa idea. Por decirte algo… Me encantaría tener un programa cultural en La 2, todos los días a las 22:00 horas. Para hablar de cine, literatura, música… Trabajar menos y ganar más, sería una ambición bonita también.

Josué Israel es tu nombre, las referencias bíblicas son claras y has comentado que eres cristiano evangélico, ¿por qué no católico?

-No, yo soy católico, lo que pasa es que fui evangélico. Fue un camino muy entretenido que ya tengo por escrito en una novela que creo que se va a llamar ‘Hereje de mí mismo’. En septiembre espero esté en las librerías. Lo de mi nombre, la culpa la tienen mis padres. Al principio no me gustaba nada y ahora creo que me da un toque personal bastante chulo. Todo el mundo conoce cien mil Antonios o Pedros… Josué en el periodismo, solo conozco a un compañero de la cadena SER. ¿Soy cristiano? Sí, a pesar de mi mismo. Por más que a veces me empeño no puedo dejar de admirar, tener en cuenta y seguir las enseñanzas de Jesucristo. Tengo fe, eso es un regalo. Muchos amigos ateos me reconocen que les encantaría tener fe. Yo la tengo y me ayuda mucho. Creo que a nadie le hace mal seguir a Jesús, todo lo contrario.

-¿Dios existe?

-Yo creo que sí. Y me asombra que haya millones de seres humanos a lo largo de la historia y miles en la actualidad, que reciban un tiro o se les corte el cuello por decir esto mismo que estoy diciendo yo. Creo que sí existe y además, a diferencia de Descartes, no creo que como un relojero suizo, Dios haya hecho algo muy bonito como el mundo y nos haya dejado y nos divise desde muy lejos. Creo en un Dios que se implica y un Dios que ama, que se conmueve, que llora, que sufre ante la injusticia y que también se ríe y le gusta que nos riamos. No en un Dios lejano, que pasa de nosotros. Sino un Dios que nos lavó los pies y que disfruta cuando nos va bien, se apiada cuando nos va mal y se indigna cuando un empresario no le paga lo que es debido a un trabajador. Por no decir, que se revuelve cuando observa cómo se siguen practicando genocidios o cuando ve a países más empecinados en la bomba atómica que en dar cobijo a toda su población. Un Dios que además me perdona y que tiene una madre que me abraza. Es alucinante.

-¿Qué te parece la dirección que está tomando la Iglesia Católica, por ejemplo con la dejadez en la defensa del Valle de los Caídos?

-La Iglesia, como dice un sacerdote al que aprecio mucho, «tiene muchos fallos, pero aun así es la mejor«. A mí, a diferencia de muchos que critican la historia de la Iglesia, me parece fascinante. He vivido muchos años dándole la espalda a la historia de la Iglesia, pero a poco que rasques en la vida de los santos, mártires y miembros del Cuerpo de Cristo, te das cuenta que esa visión negativa sobre la Iglesia se diluye. Claro que ha habido abusos de poder, denuncio con vehemencia los abusos a menores y la corrupción del Vaticano, pero los orígenes en las catacumbas, la figura de Constantino, la influencia positiva contra las injusticias que ha tenido en las sociedades, la vida de San Lorenzo, San Ambrosio, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, San Agustín, San Vicente Ferrer, San Isidro, los mártires del 36 aquí en España… los diferentes Papas, desde San Pedro, León Magno, León XIII, Juan Pablo II, el actual León XIV… Es una historia apasionante.

En la actualidad, solo le digo a la Conferencia Episcopal que no negocie lo que no es negociable. Desacralizar a medias un lugar sagrado no se ha hecho en la vida. Explíquenle a Bolaños y a sus votantes que el Valle no es un mausoleo para mayor gloria de Francisco Franco, es un lugar de recogimiento, en el que hay un monasterio, una escolanía y la cruz más grande del mundo y eso no se toca. No se tocan los muertos ni los lugares sagrados, tan sencillo como eso. Pero parece que a cierta parte de la Iglesia, que tiene mucho que ocultar, le conviene negociar algo que debería ser innegociable. 

Avaricia en la vivienda

-¿Cuáles son los males de España y qué solución hay?

-Los males de España son la envidia y la acumulación de pisos que algunos practican. La envidia es evidente, aquí odiamos más que amamos y nos jode profundamente que a alguien le vaya bien. Y si a alguien le va bien, si es mujer creemos que ha enseñado las tetas en algún lado y, si es hombre, creemos que ha hecho trampas. No nos alegramos del bien ajeno y sonreímos muy poco. Ya no cantamos en los bares, ya no silbamos y ya no contamos chistes. Y la acumulación de pisos va incluido en el cajón de la ambición por el dinero. En España nos gusta aparentar mucho, desde el Lazarillo de Tormes, y nos gusta que nos vean que tenemos un piso más, un coche mejor y otro garaje más. Por eso nos mola cierta inmigración, porque así, el que tiene 10 pisos, puede alquilarlos más caros y partirlos en muchas habitaciones. Hay mucha gente en España que en el problema de la vivienda ve una oportunidad de hacerse más rico. Eso no puede ser. Tiene que haber más distribución y más alegría. Que nuestros políticos protejan los lugares y personas que nos hacen divertirnos y pasarlo bien, y que crujan a los que están todo el día mirando su cartilla queriendo ser los ricos del cementerio. 

¿Qué hace Josué para divertirse?

-Hago muchas cosas. Me voy a un bar con unos amigos y me pongo a cantar. No canto bien, pero le pongo mucho entusiasmo. Además tengo facilidad para aprender las letras de las canciones. Los mejores éxitos de ayer, hoy y siempre. Hemos llegado a dar conciertos de cuatro horas. Solo necesito un dueño del local enrollado, un poco de dinero para pagarme unas copas y un público que se tire el pisto y nos siga un poco el rollo. También me gusta mucho ponerme ‘La vida de Brian’, la película o alguna de los hermanos Marx. También me encanta rodearme de gente peculiar que se sabe chistes o tiene anécdotas graciosas. También una chica guapa ayuda mucho a divertirse, lo reconozco. Me gusta ir a garitos donde no suena reguetón. En fin, planes que en ningún caso, incluyan quejas, lamentos, problemas, dramas o paranoias. 

-¿Madrid o Barça?

-Real Madrid. Getafe y Unionistas de Salamanca. El Barça en ningún caso. Real Madrid, el de Bernabéu y el de Florentino, claro que sí. El verdadero equipo del pueblo. 

-Si te aparece el mago de la lámpara y solo te pudiera conceder un deseo, ¿cuál sería?

Tener una parada de metro en Madrid que se llamase ‘Josué Cárdenas’. Si no es posible, una plaza, una calle… Sé que a mi gente le haría mucha ilusión. Ser más alto, más delgado o no quedarme calvo también me gustaría, y para no parecer tan egocéntrico y ser un poco cursi, diría, que sepa amar a mi futura mujer todos los días de mi vida, darle muchos hijos y que se acaben las guerras. No he vivido ninguna, pero debe ser una putada que te pille una guerra.  

-¿Qué le pides a la vida?

-A la vida le pido que me siga sorprendiendo y que no se lo ponga tan difícil a la gente con depresión o problemas mentales. Que les ayude a ver que la vida, a pesar de todo, merece la pena. Que no haya un solo suicidio más en el mundo. Ni subvencionado por el Estado ni por decisión propia. También le pediría que nadie mate a nadie por un problema de pareja. Que se acabe la violencia machista y toda la violencia en el hogar. 

-¿A quien te gustaría que entrevistemos?

-A Santiago Segura y a Fernando Esteso, pero como Esteso ya no está entre nosotros, os propongo a Santiago Segura. Si lo veis muy complicado porque está a tope con ‘Torrente Presidente’, una persona a la que admiro y en la que me inspiro mucho es mi primo putativo, antes guionista cómico Javier Jurdao, desde hace unos años, el ‘Empeador Solriente’. Os va a dar una entrevista cojonuda seguro.