Ernesto Ladrón de Guevara «Quise cambiar el PSOE desde dentro, fui muy ingenuo»

El expolítico, que salió del arco parlamentario hastiado, se dedica ahora a propagar en Unidad Hispanista los valores y grandeza de la conquista de América y a desterrar la ‘Leyenda Negra’. «Es una mentira manipulada»

Ernesto Ladrón de Guevara (San Millán, Álava, 1950) puede presumir de ser un político de los de antes, una ‘rara avis’ en el espectro parlamentario. Ya salió de ese mundo, harto de lo que tuvo que ver y oír en tierras vascas, aunque en ocasiones se le sigue helando la sangre; ahora se centra en combatir contra la ‘Leyenda Negra’ de la conquista de América, y acaba de escribir un libro llamado Y Dios iluminó el camino’. Quizás fue uno de los pocos políticos honrados que creyó en cambiar la cosas sinceramente desde el núcleo, trasladando ingenuamente a la política los valores que sí respetaba en la docencia. Y se pegó de bruces con la realidad hasta que despertó y salió del PSOE, harto de que se vendiesen a poderes extranjeros y negociasen con los abertzales. Pasó a Unidad Alavesa convencido de que España merecía algo mejor. Y sí, aunque parezca mentira en política, devolvió los 90.000 euros que le correspondían en su día cuando se marchó. Estaba claro que no era su sitio. La influencia del nacionalismo sobre la educación, uno de sus grandes dolores de cabeza.

Estuvo en el PSOE 18 años, ¿se arrepiente? También es cierto que aquel PSOE y este no se parecen demasiado.

Es una pregunta que me lleva a diferentes variaciones de respuestas. Me arrepiento de haber estado en el lugar inadecuado. Yo era un socialista idealista, que estaba fuera de la realidad de un partido con una historia criminal que yo desconocía. Y aunque no estaba de acuerdo con la línea oficial (yo estaba en la tendencia de Damborrenea, que era españolista y patriótica aunque igualmente equivocada en cuanto al instrumento) creía ingenuamente que el Partido Socialista llevaba la E de español y, por tanto, que abogaba por España. Poco tardé en darme cuenta de que no, que no creían para nada en España porque eran antiespañoles, por ser España de tradición católica.

Voy a reconocer mi pecado… eso de estar en una Ejecutiva Provincial parecía darte una especie de pedigrí y poder para cambiar las cosas. Otra ingenuidad más… no cambié nada de nada. Todo seguía igual: pactos con los nacionalistas, mamoneo pastelero para lograr cotas de poder, etc. Poder que no se sabía para qué valía, sino para vivir del presupuesto, y una vacuidad intelectual y una radical dejación de responsabilidades de Estado para poder mantener lo que llamaban Estado de Bienestar, sostenido con bases fuertes de estructura económica que yo no acababa de ver.

Más tarde me di cuenta, por ejemplo, de que lo que llamaban modernización y reconversión industrial no era más que una entrega de las estructuras de creación de riqueza a los poderes centrales de Europa (como siempre Alemania, para no variar); que estábamos cerrando el sector primario como condición para ingresar en Europa, etc. Por no hablar de las corruptelas. Lo del Gal, que fue algo impresentable, etc, etc. Hablar de todo eso sería para un libro, no para una mera entrevista.

Por eso, yo, en cuanto a mi honestidad personal no estoy arrepentido, pues yo era coherente o lo intentaba. Lo que ocurre es que tenía que haberme ido a los diez años de permanecer en el PSOE, no a los 18. Estuve ocho años pretendiendo cambiar un sistema. Yo solo. Solo ante el peligro. Hasta que al ver a Zapatero se me cayeron las pajas del sombrajo y me dije… Pero bueno, Ernesto…¿tu qué haces ahí?

-Empezó a convertirte en una voz crítica interna pero, ¿hubo algún momento concreto en el que se percató de que ese ya no era tu sitio?

El darme cuenta de que ese no era el lugar de un patriota, aunque fuera bajo premisas de izquierda, fue un proceso, no un momento. Mi lucha contra la irracionalidad del nacionalismo me llevó al enfrentamiento con las estructuras del partido, pues la base de la gobernación tanto a nivel autonómico como a nivel estatal se basaba en los pactos con los enemigos de España. Y yo pensaba que eso simplemente era una táctica para llevar a las fuerzas sedicentes separatistas a posiciones constitucionalistas y de respeto al Estado de Derecho. Pero estaba claro que eso era imposible y así lo manifestaba yo en las reuniones y citas con los dirigentes del partido.

Ellos sabían que eso no era una relación honesta sino un simple tacticismo. El colmo fue cuando descubrí los pactos subterráneos con el sector abertzale de la sociedad vasca para lograr alianzas. Y no era, como nos están diciendo para vencer a ETA, sino para asimilarla al sistema. Eso lo tuve claro cuando vimos que el PSOE, lejos de los dichos, hacían con hechos lo contrario de lo que decían y se oponían a la movilización social contra ETA, o ponían zancadillas para que no cuajara el movimiento cívico. Eso lo vi claramente cuando fuimos a Estrasburgo y nos sabotearon todo lo que pudieron nuestra relación con las instituciones comunitarias para dejar al descubierto el pacto de Lizarra del Nacionalismo con ETA.

-Vio morir a compañeros suyos a manos de ETA como Buesa, ¿qué le viene a la cabeza con aquellos recuerdos o cuando ve darse la mano al PSOE con Bildu?

Con Fernando Buesa yo tenía una relación amable aunque de discordancia con su lealtad a las directrices que tenían como eje los pactos con los nacionalistas. Fernando Buesa estaba en el ‘bando’ de Txiki Benegas, Jáuregui etc. Y yo en ese bloque no me sentía a gusto porque mi conciencia me llevaba a otra dirección más ligada a los intereses constitucionalistas de unidad de España y de, mi vocación de lograr un sistema educativo alejado de planteamientos doctrinales ideologizantes. Pero nos entendíamos a nivel personal bien y nos apreciábamos. Su asesinato fue para mí una bofetada y más cuando vimos que los nacionalistas hicieron una manifestación que más parecía una resistencia a la gente que nos manifestábamos contra los asesinos del líder alavés, que a una solidaridad con los que sufríamos el acoso de ETA. Anteriormente habían asesinado a otros socialistas que eran personas decentes, entre otros a Fernando Múgica y a Enrique Casas.

ETA sabía cómo hacer daño asesinando a los mejores. No mataban a la mala gente, que también la había en ese partido, y con ello no quiero decir que lo debieran haber hecho, sino que ETA elegía bien a los objetivos. Bueno. ETA o quien diseñaba las operaciones de limpieza. Creo que se me entiende. Lo de los pactos con Bildu me remueve las tripas, pero ya lo veíamos venir. Yo creo que si Fernando Buesa lo hubiera visto, tampoco, como yo, estaría ya en ese partido. Buesa era posibilista, pero como cristiano que fue, había líneas rojas que no hubiera admitido. Y esa línea roja ha sido desbordada hasta hacer irreconocible el proyecto socialista tal como se construyó en los años setenta del siglo pasado. Es la locura.

Escoltas y miedo

-¿En algún momento pensó que podía ser el siguiente?

Por supuesto. Cuando asesinaron a nuestro compañero del Foro Ermua José Luis López de la Calle, Iñaki Ezquerra me dijo aquello que no olvidaré… «los siguientes somos tú o yo, Ernesto«. Y eso me condujo a 11 años con escoltas con todo lo que eso suponía de perder libertad y calidad de vida.

Años más tarde pasó a Unidad Alavesa, ¿qué vio en el PP alavés para unirse al partido?

Vi dos cosas. Un partido que me ayudó, cuando estuve en la secretaría del Foro Ermua, a no arruinarme con las cargas económicas que conllevaba la acción cívica, pues el Foro Ermua no tenía fondos. Y un partido al que yo quería ir cuando dejé de creer en el PSOE porque tenía como eje combatir al nacionalismo desde el foralismo. Recordemos que Euskadi o como se llame esto, es un invento, y que desde el punto de vista histórico solamente existen los fueros y las provincias. Y U.A. ponía en cuestión el sistema tal como se construyó en la Comunidad Autónoma Vasca. Y para mí era un objetivo preferente y consustancial para el proyecto de sostenimiento de las bases unitarias de la Nación española. El proyecto nacionalista nunca ha sido democrático.

-¿Es cierto que cuando se fue del partido devolvió los 90.000 euros que le correspondían? Debe ser un caso único en la política ver a un político devolviendo dinero.

No me correspondía ese dinero pero me lo podía haber quedado, pues pregunté a la Mesa de la Cámara Foral y al Tribunal de Cuentas y me dijeron que no había nada regulado al respecto. Más o menos que hiciera lo que me pareciera. Era un dinero de financiación del Grupo Mixto donde yo estaba como único componente, y se había disuelto el partido Unidad Alavesa. Y otros dos casos similares antecedentes se resolvieron llevándose los protagonistas, de otros dos sendos partidos, el dinero remanente. Yo hice una auditoría, que conservo, y devolví el dinero a la Hacienda foral. Consideré que ese dinero no era de carácter personal sino institucional y lo devolví a su fuente. Hoy estoy orgulloso de haberlo hecho y lo volvería a hacer. La misión principal, además de gestionar el interés general, del político, es dar ejemplaridad. Si así fuera, hoy las bases morales de nuestra sociedad no estarían derruidas. Y, vuelvo a insistir, que hubiera podido quedármelo y no hubiera pasado nada porque nada me lo hubiera impedido salvo mi conciencia. Que no es poca causa.

-Supongo que vio desde dentro las múltiples grietas del bipartidismo un sinfín de grietas y se animó a crear un partido nuevo, Innovación Democrática, ¿en qué consistía y por qué no fructificó?

Ese diseño pretendía resolver la podredumbre partitocrática. En primer término, impidiendo que los que dirigieran el partido fueran candidatos y así diferenciar lo que es una estructura de participación política de la representación institucional. Y teníamos como referencia el modelo anglosajón, que consiste en que los diputados representan a la nación y no al partido. Es decir que los diputados se deben al cuerpo electoral y no a intereses espurios de grupos de control social.

Además, eliminar el voto imperativo que no deja actuar a los representantes del pueblo en coherencia con la conciencia individual del representante que tiene un mandato programático y moral en relación a su mandato. Y acabar con las listas cerradas y bloqueadas, etc. Pero el sistema se puso en guardia y acabó con ese experimento. Fuimos víctimas de una cacicada electoral que se saldó con un rechazo de medio folio del Tribunal Constitucional, dejando sin efecto alguno un recurso de amparo de cincuenta folios con razonamientos jurídicos que quedaron en papel mojado. Esto sería objeto de un libro, no de una respuesta. Estoy simplificando.

-También estuvo en la asociación ‘Hablamos Español’, ¿es así?

Sí, pero en este momento he dejado de estar activo en ‘Hablamos Español‘ porque veo que mi salud se está resintiendo. Tengo casi 75 años y mis energías van debilitándose. Prefiero dedicarme en cuerpo y alma a mi asociación Unidad Hispanista, para hacer divulgación de lo que fuimos y de las glorias de las que deberíamos estar orgullosos.

Maestro de secundaria

Aun así, usted viene del mundo de la educación, ¿trabajó como maestro? ¿dónde?

Siempre en Álava, en diferentes centros. Soy doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, pero siempre me he definido como maestro, que es una profesión que tiene intrínseca una dignidad que pocas profesiones pueden igualar.

-La figura de maestro parece haberse perdido. El otro día leí que ahora todo el mundo es alumno, incluso víctima, que se ha perdido la autoridad del maestro, la figura del referente, ¿lo ha notado?

Eso es un recorrido temporal de descomposición de la figura de prestigio del maestro, de su autoridad y solvencia, desde que se perdió su sentido original. Si no hay una cierta aristocracia de su función, es decir de prestancia y ejemplaridad, lo que va ligados a su función vocacional y elegancia en las maneras, forma de relacionarse y hasta vestimenta, no se puede suponer que esa figura sea un modelo referencial, lo que conlleva una identificación del alumno con su maestro. Al maestro hoy se le tutea, se le llama “oye tú”, «colega», “que pasa”, “déjame en paz y no me des el rollo” y así una serie de expresiones que desvalorizan su imagen sin que los nuevos maestros que yo he ido viendo durante los últimos 30 años hagan nada para marcar las distancias y exigir respeto, porque lo ‘guay’ es ponerse a la misma altura que el alumno, como si fuera un payaso o un entretenedor y no un educador en el más estricto sentido de la expresión.

Esto viene arrastrándose desde la Ley Villar de 1968, en la que la denominación maestro pasó a ser profesor, porque daba más empaque a la figura de ese maestro y era como acabar con una figura que estaba asociada a la miseria y al nivel salarial bajo, lo cual era así; pero los buenos maestros, a pesar de que se les asociara con la expresión “tienes más hambre que un maestro de escuela”, vivían su profesión como una misión. Nada menos que como una forma de vivir al servicio de la infancia para que los niños fueran las personas del futuro y para que la sociedad fuera evolucionando hacia el perfeccionamiento, desde el sentido antropológico de lo que se entiende como el desarrollo de las potencialidades humanas.

La pregunta es muy interesante porque me parece sustancial y por eso me explayo en la respuesta. Aunque posiblemente lo que voy a decir a continuación provoque un diluvio de descalificaciones, creo, sinceramente, que la mejora salarial de este cuerpo docente de la Primaria no ha conllevado un grado de formación suficiente ni una mayor proyección de su función por no llevar aparejado una superación de los procesos educacionales.

Pongo por ejemplo de lo que ha de ser la situación del magisterio en Finlandia. Y ahí lo dejo. No somos para nada equiparables.

Pero voy a relatar, para dejar la imagen de lo que quiero decir con una situación que viví hace unas décadas, lo siguiente:

Un día estaba yo explicando en mi clase de secundaria y noté un golpetazo en la nuca. Al girarme vi en el suelo una goma de borrar de un cierto tamaño. Miré a los alumnos y enseguida me apercibí del autor de la agresión. Le llamé por su nombre y le dije que me acompañara fuera de la clase. Me dirigí a la dirección y el alumno reconoció que había sido él. No voy a decir si era director o directora para que no se le identifique. La respuesta de esa persona fue… vuelve a clase. Yo, cuando el alumno desapareció, le reproché al directivo que no adoptara una resolución disciplinaria cuando menos con la expulsión provisional del alumno hasta que se resolviera el caso. La respuesta fue que no era posible porque el alumno tenía el derecho a la educación y no se le podía privar de ella.

Volví a la clase, me senté en la mesa y me quedé en posición de estatua. Me sentí absolutamente abandonado y desprovisto de los elementos de autoridad. Se me había privado de ella por la misma institución a la que yo servía.

-También ha sido crítico con la educación tan politizada en el País Vasco y su bajo nivel, la imposición del euskera… Ha escrito sobre el nacionalismo vasco: ‘La larga sombra de sabino Arana’ acerca, precisamente, de la influencia nacionalista en la educación. ¿El nacionalismo es como Atila, que arrasa con todo allí por donde pasa?

El nacionalismo y la izquierda. El problema de lo que llamamos educación, que se debería llamar enseñanza, pues el conocimiento lleva a su efecto que es la educación, es el adoctrinamiento y la utilización malsana y perversa de la formación de nuestros menores con fines exclusivamente políticos. Eso debería estar impedido en el Código Penal pues para mí eso es un delito. Se viola el Interés Superior del niño, protegido por las convenciones internacionales que no se cumplen. Ya lo dijo una ministra de Educación del Gobierno de Sánchez, que fue premiada con una embajada en el Vaticano (ella no es del cuerpo diplomático) que «los hijos no son de los padres«, lo cual es una visión sovietizante. O recuperamos lo que dicen que se llama ‘educación’ para lo que es su propósito y significado, o seguiremos cayendo en picado como sociedad.

Fue delegado de educación en el País Vasco, ¿le dejaron cambiar algo o estaba todo bastante reglado?

Lo intenté, pero me choqué contra un muro. Tuve a toda la abertzalada nazi un día sí y otro también montándome movidas hasta hacerme la gestión imposible y luego a unos superiores jerárquicos en el departamento que no me apoyaban, pues ellos solo miraban a los ojos de los nacionalistas para que no les riñeran. Prefiero no seguir contando cosas porque escribiría otro libro y me cabreo.

Portada del nuevo libro sobre la conquista de América

-También cofundó el foro de Ermua, ¿cómo fue?

Fue un sinvivir. Dos años de gestión con luces y sombras que prefiero callar porque no voy a dar bazas a los enemigos (ETA política). Pero movilizamos a la sociedad vasca. Fuimos a Estrasburgo y, pese a los sabotajes de la izquierda, nos entrevistamos con las instituciones comunitarias (Tribunal de Derechos Humanos, Comisariado de Derechos Humanos, Comisión de peticiones, presidente del Parlamento Europeo y Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo). Y hubo amplia repercusión de prensa. Pero al volver, el desierto. Desamparo absoluto. Asesinato de nuestro compañero López de Lacalle. Agustín Ibarrola tuvo que irse a tierras abulenses, y los demás poco a poco se fueron también yéndose a tierras españolas más apacibles. Más atentados de ETA. Y ciertos comportamientos del bloque constitucional que prefiero callar por ahora. Una persona que no quiero nombrar, muy conocido de la política, me llamaba despectivamente “el pancartero”, porque siempre iba con la pancarta de concentración a concentración a ver si alguien tenía el valor de ponerse en ella. Y siempre aparecía alguien. Pero fue todo muy duro. Y luego había gente que solamente le interesaba pisar moqueta. Pero de eso prefiero callar por el momento. Tiempo habrá.

Ah. Y otra cosa que me dejo que para mí es importante. Monté una Plataforma por la Libertad con Foro Ermua, Foro el Salvador, Movimiento contra la Intolerancia, Asociación por la Tolerancia, Asociación Víctimas del Terrorismo y Coordinadora de Víctimas del Terrorismo. Tengo el Acta notarial de constitución. Pero los partidos reaccionaron a eso montando una fundación con mucho dinero. Y el dinero es como la flauta de Hamelín.

Hispanidad

Por último, una de sus actuales caballos de batalla es el tema de la hispanidad. Está en la Asociación Unidad Hispanista, en el que se ofrecen conferencias y charlas acerca de la conquista de América y los valores de la hispanidad. Además, has escrito un libro: «Y Dios iluminó el camino». Es un tema del que debatiremos largo y tendido en otro momento, pero dénos una pincelada. ¿la leyenda negra tiene sustento?¿por qué crees que sin Dios la conquista no hubiera sido posible? ¿qué tuvo de milagroso?

Fundé esa Asociación cuando apenas había asociaciones hispanistas, pues tras leer los libros de Roca Barea pensé que si no se rescataba la cosmovisión hispanista y sus valores no habría manera de recuperar el sentido y pertenencia que impiden que las gentes se miren en el espejo de sus mayores y en los hechos sin precedentes que formaron la mayor y mejor obra de civilización y humanización tras el advenimiento del Cristianismo al mundo. No es ninguna hipérbole. En mi libro “Y Dios iluminó el camino” demuestro que sin la inspiración divina y los milagros de la evangelización de las llamadas ‘Indias occidentales’ no hubiera sido posible una construcción de una conquista de las almas para formar sociedades perfectamente engranadas por los derechos humanos y el derecho de gentes. Sin los evangelizadores nada sería igual. O mejor dicho hubiera sido igual que lo que se hizo en la actual EE.UU, cuyo recorrido histórico nada tiene que ver con el respeto a los aborígenes y la igualdad de todos ante una ley que proteja los derechos de las personas. Lo que se hizo en América, Filipinas, Sidi Ifni, Nápoles, Sicilia, Filipinas, Guinea Ecuatorial, Sahara Occidental, etc no tiene precedentes ni consecuentes. Cuando se derrumbó esa cosmovisión cristiana se derrumbó el imperio y así seguimos, de mal a peor.

Cuando escucha el término ‘Leyenda Negra’, ¿qué le suscita?

Es muy fácil. Me evoca mentira, manipulación de la realidad histórica, diseño para dañar injustamente y de forma ladina a una nación que fue un imperio, artimaña saducea para dejar a España con una imagen que es la antítesis de lo que realmente se hizo, con la grandiosidad de convertir aquel continente en un paraíso de convivencia, mestizaje y desarrollo fecundo donde había más riqueza que en la propia metrópoli; simplemente porque aquello no fue expolio. Solamente existía el diezmo para la Iglesia y el quinto real. Si lo comparamos con la presión fiscal en los tiempos presentes, aquello era un negocio para la metrópoli bastante ruinoso. Y la prueba es que, más tarde, las potencias protestantes se enriquecieron hasta lo indecible con la expropiación de los recursos y la esclavización, cuando no asesinato de los aborígenes.

España entró en quiebra con Felipe IV, hasta el punto de que Quevedo escribió un opúsculo titulado ‘Exordio contra judíos’ por la indignación que le producía que el valido Conde Duque de Olivares solicitara créditos a los bancos judíos de Portugal y Holanda para poder salir de la insolvencia del tesoro. Eso no hubiera sucedido si lo que se hubiera hecho fuera una colonización depredadora. Hubo casos de abusos, sí. Al inicio, tras la creación de las ‘encomiendas’. Eso está documentado. Pero el emperador Carlos I de España lo resolvió nada más enterarse de ello por la boca de Bartolomé de las Casas, Montesinos, Toribio de Benavente y otros frailes. Y convocados los sabios de la época, encabezados por Francisco de Vitoria, se pusieron las bases para las Leyes de Indias, que no han sido mejoradas posteriormente por poderes coloniales del mundo anglo-sajón, francés u holandés. Lo grave y ridículo es que compatriotas nuestros (lo de patriotas es un aditamento no aceptable para el caso) propaguen esa leyenda negra en lesa traición, y, como el ministro actual, el Señor Albares, se rebaje en su dignidad, pidiendo perdón al mundo woke mejicano que se empozoña en el embuste.