Desde que el socialismo, liderado por el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ocupara la presidencia del gobierno gracias a una moción de censura presentada contra el PP de Rajoy, no ha mejorado en nada la vida política y social de este país. Sánchez llegó al gobierno con una férrea voluntad de hacer desaparecer la corrupción en el ambiente político. Los escándalos de corrupción, que venían protagonizando algunos miembros del PP, estaban enrareciendo y generando un malestar social, incluso diría que estaba expandiendo una gran incomodidad derivado en rechazo de la sociedad hacia la clase política que la denominaban “la casta”. El mote, con el que habían bautizado los ciudadanos a la clase política, venía a confirmar ese gran enfado.
Sánchez tenía en sus manos el poder “limpiar” el ambiente contaminado en el mundo político. Era la gran oportunidad de hacer borrón y cuenta nueva, sobre todo como gran aliado del partido que había emergido del 15M, liderado por Pablo Iglesias. La oportunidad de dejar atrás los oscuros episodios que habían protagonizado un puñado de políticos, estaba en marcha, pero solo fue un sueño. La izquierda llegó al gobierno con un contundente engaño. Nos han timado a toda la sociedad. No solo no se ha disuelto la corrupción, sino que ha llegado a cotas tan elevadas que ocupa todo el ambiente. El mejor ejemplo de que no solo no se ha tenido la primitiva voluntad de apagar la corrupción se encuentra en el ‘nido’ gubernamental. En el Palacio de la Moncloa, sede del líder del consejo de ministros.
El hermano del presidente del gobierno y su esposa, Begoña Gómez, están a las puertas de sentarse en el banquillo de los acusados. El hermano, David Sánchez, por prevaricación y tráfico de influencias y su esposa, Begoña Gómez, por cinco delitos entre los que se encuentran corrupción en los negocios. Lo cual nos da una idea de la mentira con la que Sánchez llegó a la Moncloa y nos señala la profundidad de la corrupción en la que se halla este gobierno.
Pero lo más sangrante para los ciudadanos no solo ha sido el ver ahogadas las expectativas que había generado la izquierda para apartar de la escena a la corrupción. Hablamos del deterioro económico que están sufriendo los ciudadanos. La percepción y la realidad confluyen. La economía de nuestro país se ha ido deteriorando a lo largo de los siete años de gobierno de izquierdas. La clase media se está reduciendo a pasos agigantados hasta el punto que somos el tercer país con mayor pobreza infantil de la UE. Los índices de paro no han mejorado si tenemos de referencia a 2008. En el citado año los parados ascendían a menos de dos millones y medio de personas. Al comienzo del presente año, 2026, superaba esa cifra y llegábamos a una tasa de desempleo de un 10%. De nuevo la tasa más elevada de la UE junto a Grecia.
Si hacemos un ejercicio de memoria nos servirá para tener una opinión más estructurada. Recuerdo cuando el popular J.M. Aznar en 1996 recibió una herencia del paro, de la mano del socialista Felipe González, bastante deficiente. La tasa era de un 24,6% o, lo que es lo mismo, tres millones y medio de parados. Cuando Aznar dejó el gobierno de España había rebajado la tasa de desempleo más de la mitad, hasta el 11,5%, es decir, había disminuido los desempleados de tres millones a poco más de dos millones. Sin aplicar ninguna fórmula creativa, como veremos más adelante. Regresando a la actualidad diremos que en el mes de septiembre de 2025 para crear 31.000 empleos hubo de firmarse un millón y medio de contratos. Un hecho que ha seguido en esta línea. Lo cual da una idea del empleo precario que esté en España.
Sin olvidar también otro casi millón de trabajadores que tienen contratos fijos temporales. Un contrato de nuevo cuño. Se trata de maquillar los datos del desempleo. Es decir, es un modelo de contratación que no responde a la realidad y sirve de coartada para tergiversar los datos sobre el desempleo. A través de ese casi millón de trabajadores con el contrato ‘creativo’ no forman parte de los datos del paro a pesar que solo trabajen un día al año. Todo esto tiene una respuesta clara. Cada día en España hay más pobres. Los recursos que el estado central y las diferentes instituciones emplean para parchear esa pobreza son cada vez mayores. El incremento de familias y ciudadanos que deben racionar la bosa de la compra es cada vez mayor. No se llega a fin de mes.
Los precios de los productos se han incrementado en estos últimos siete años un 70% más que en Italia y un 90% más que en Alemania. Con un añadido sangrante, la gran presión fiscal. Lo confirma que el pasado año la recaudación fiscal fue de 30.000 millones de euros, que se suman a los 180.000 millones que Hacienda ha recaudado, ya que no se ha deflactado el IRPF además de habernos incrementado y añadido casi un centenar de impuestos. Desde que Sánchez llegó al gobierno los impuestos han sido un cáncer para todos los segmentos de la sociedad. Ricos, pobres, empresas, emprendedores, agricultores, ganaderos, profesiones liberales, etc han sufrido el hachazo del impuesto. Además, con una Hacienda acosadora de manera vehemente. Incluso se incentiva a los inspectores de hacienda para que abran expedientes, aunque no haya una razón consistente para ello. Unos inspectores que se han convertido en acosadores protegidos por la ley.
El futuro no parece nada alentador. La izquierda, desde que piso el poder hace casi ocho años, ha hecho retroceder a la sociedad española. La izquierda llegó al poder con promesas falsas, pero muchos creyeron que eran sinceras y pusieron su futuro en manos de personajes que han demostrado que para nada tenían intención de cumplir su palabra. Llegaron al poder hambrientos de poder, de riqueza y mucho vicio. El resultado es un país que no funciona: Red ferroviaria obsoleta y rota, carreteras en mal estado, presas y pantanos sin el adecuado mantenimiento, incremento preocupante de la seguridad ciudadana. Terroristas puestos en libertad sin cumplir las sentencias. En definitiva vamos camino de una nación fallida si no somos capaces de tomar conciencia y reaccionar. Nos queda poco tiempo hay que aprovecharlo para reorientar nuestro futuro, el futuro de España esta en las manos de los ciudadanos de este país. Nadie va a venir a sacarnos las castañas del fuego.


