OPINIÓN: ‘Impecable discurso de Liliana’. Por Fernando Cuesta

Desde que llegó al poder el socialismo de la mano de Pedro Sánchez, este país se mueve bajo un panorama convulso. España se encuentra atravesando unos tiempos difíciles en los que algunos de nuestros fundamentos están siendo arrancados de la sociedad, incluso la Transición y la Constitución están muy cuestionados por un ejecutivo que lejos de dar ejemplo del respeto a la ley se coloca al borde de ella. Pero España está compuesta de personas que no se resignan a perder lo que hasta ahora todos habíamos conseguido. Emergen individuos que no sabíamos de su existencia, que forman parte de este país y que nos sentimos orgullosos de pertenecer a esta gran nación cuyo nombre apenas se pronuncia, pero a la que muchos no renunciamos.

Una de esas personas se llama Liliana Sáenz de la Torre, hija de Natividad y víctima, junto a otras 44 personas del accidente ferroviario ocurrido en las cercanías del pueblo andaluz de Adamuz. El primer accidente ferroviario de la alta velocidad. Liliana, tras la homilía de la misa funeral, que se celebró en la localidad cordobesa señalada, se dirigió a los asistentes y a todos los españoles con un discurso impecable lleno de dolor, reivindicación, devoción a la virgen y esperanza. Un discurso sin palabras gruesas, pero firme en el fondo. Sin reproches, ni exigencias, lejos de fomentar odio ni crispación y mucho menos resentimiento. Liliana solo apeló a la justicia para que ella y el resto de las víctimas puedan llegar al consuelo que se merecen. Que merecen toda familia que ha perdido un ser querido de manera fulminante e inesperada.

Los reyes, Felipe VI y Leticia presentes, junto con algunas autoridades políticas, apenas tuvieron protagonismo. Ni mucho menos asistimos contemplar imágenes lamentables como ocurrió en el funeral de las víctimas de la DANA. Imágenes donde las autoridades fueron insultadas y al borde de ser agredidas. Algo que, en esta ocasión no sucedió. Fue un acto digno de un país democrático que exhibía su madurez respetando el dolor de las víctimas. Porque los españoles y todos los que viven en España están bastante hartos de que se les trate de inyectar odio y resentimiento. Intentando levantar un muro que nos separe. Cuando la sociedad se mueve, sin la presión política, lo hace con respeto y con mucho sentido común. Liliana Sáez de la Torre ha de servir de ejemplo de cómo una sociedad debe comportarse ante una tragedia como ésta. Liliana es una heroína más de un accidente que nunca debió suceder, pero que ha marcado una trayectoria que la sociedad debe seguir.

Su manera de afrontar el duelo es para que nuestros dirigentes políticos tomen buena nota. En este país han sucedido grandes tragedias que, pese al dolor que han causado, han sido utilizadas como herramientas políticas. Los atentados del 11-M es un ejemplo claro de ese capítulo grotesco y miserable de que las víctimas no se deben utilizar como ‘dardos’ contra quienes gobiernan, por puro interés político. Liliana fue quien rompió la miserable tradición de utilizar el dolor de las familias de las víctimas. Su voz tranquila y pausada junto con su discurso, que trasmitía esa paz de espíritu y a la vez lanzaba un grito silencioso de justicia, debe marcar una nueva etapa en esta sociedad. Liliana Sáez de la Torre, desde su anonimato, se ha convertido en un referente para la sociedad española.