Cuando llega la fecha del 8 de marzo, que empezó siendo el Día de la mujer trabajadora, las feministas de la izquierda y la extrema izquierda, o como se las tilda ahora en términos cariñosos : ‘las charos’ aspiran a destacar sobre el resto de mujeres. Para poder conseguirlo tratan de ocupar las calles, en numerosas manifestaciones. Como si esas calles formasen parte de sus bienes, de sus propiedades. Como si fueran parte de su patrimonio. Incluso ha habido años en que a mujeres que no encajaban con su perfil ideológico se las apartaba de las manifestaciones como apestadas. A mujeres con independencia política e ideológica se les echa de esas manifestaciones que, lejos de ser el reflejo de la sociedad, reflejo del pensamiento de todas y cada una de las mujeres que expresan su solidaridad con las mujeres maltratadas asesinadas y discriminadas, se convertían en el eco de la ideología izquierdista.
Expulsiones que se convirtieron en episodios lamentables que ensombrecen a las propias mujeres dejándolas en una situación muy incómoda, desprestigiándolas y haciéndose poco creíbles. Las militantes izquierdistas, en las citadas manifestaciones, suelen desplegar pancartas llenas de consignas o bailes que rozan la ridiculez. Incluso han traspasado las líneas que acotan el insulto y, por descontado, no responden al espíritu de su iniciativa, de su creación y de su origen, que sí fue respetable. En resumen, son carteles que no están en sintonía con el significado y celebración del día. Son carteles en los que el sectarismo, incluida la falta de respeto a un perfil político contario al suyo, es el denominador común de todas ellas.
Para muchos ciudadanos esta celebración, saturada de manifestaciones, es algo muy extraño. Se hace muy llamativo ya que nuestro país es uno de los que la igualdad es un valor del que presume esta sociedad. Es un hecho que no encaja con que, en los diferentes gobiernos de este país, exista una Ministra o consejera o concejala de igualdad. Choca con la cultura española ya que la mujer no está discriminada, porque la igualdad es el denominador común de nuestra convivencia. Aunque la perfección no es total y no cabe duda que existen, han existido y desafortunadamente seguirán existiendo capítulos deleznables donde las mujeres han sido víctimas de algún tipo de discriminación. En el capítulo de delitos es imprescindible destacar, antes de continuar que, en nuestro país, ha emergido un gran problema. Desconozco el por qué de ese incremento que voy a relatar, pero se está convirtiendo en una lacra muy difícil de corregir.
En los últimos años desde 2017 hasta el pasado ejercicio 2025 las violaciones se han incrementado en un 288%. Es decir, han pasado de 1382 a 5363. A pesar de que el Ministerio de igualdad dispone en su presupuesto de 500 millones de euros para combatirlo, no parece que la gestión liderada por la socialista Ana Redondo sea muy eficiente. Al igual que otro de los errores del ministerio, como por ejemplo las pulseras anti-acosadores que no han resultado adecuadas poniendo en peligro la seguridad de las mujeres amenazadas. Pero a pesar de ello, a pesar de una más que evidente mala gestión de la seguridad, en este país podemos ir con la cabeza bien alta sintiéndonos orgullosos del nivel de igualdad que hemos alcanzado.
Aquelarre particular
El 8 de marzo para la izquierda no es el día de la mujer. Es el día de su aquelarre particular. Es el día en el que no se reivindica la libertad para las mujeres que viven en regímenes donde se las considera menos que un animal. A miles de niñas de entre diez y catorce años, se les ha obligado a casarse en Irán en los últimos años. Recientemente algunas de las mujeres que salen a la calle a manifestarse este 8 de marzo no rechazaron en el Congreso de los Diputados que las mujeres musulmanas lleven burka. Mujeres a las que en Irán les obligan a llevarlo bajo la amenaza de asesinarlas. En países como Irán o Irak deberían manifestarse.
Apostar y pelear por la igualdad allí sí que es un reto. Hacerlo en España no tiene mérito ni sentido. Son las mujeres de esos países las que necesitan visualizar el verdadero feminismo y las mujeres de occidente deberían luchar por ellas, pero eso no lo veremos. Brazo con brazo para que se pueda vencer al machismo asesino que se practica en países donde la mujer se la considera parecido a un animal. En esos países tiene mérito que se apueste públicamente por los derechos de las mujeres, con el riesgo de ser asesinadas. Las iraníes lo hacen, ¿y las españolas de la izquierda?


