La revuelta de miles de hombres y mujeres en Irán es la respuesta de un país que ha estado sumido en la pobreza y la represión. Un país que se ha hartado del régimen totalitario y criminal, conocido como el de los ayatolas. Y mientras, ¿dónde estaba la comunidad internacional de Occidente? ¿Dónde se encontraba la UE que ha presumido y sigue presumiendo de defender las injusticias, los derechos humanos y la libertad? Ignoramos qué estaban haciendo muchos de esos países, pero no parece que se hayan enterado mucho de lo que sucedía en Irán.
Un país donde sus dirigentes (ayatolás) se han hecho dueños de la voluntad y de la vida de sus ciudadanos. Las protestas que comenzaron el 28 de diciembre han llenado las calles de manifestantes y las morgues de hombres, mujeres, niños y ancianos asesinados por un régimen comunista y criminal.
Un régimen que no tolera rechazo ninguno a sus políticas sangrientas que han llevado al país al borde de la hambruna. La escasez de alimentos y una inflación disparada, más de un 70%, ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia, con el añadido del hundimiento en los mercados monetarios de su moneda, el rial.
La cabeza visible del régimen, Alí Jamenei, ha demostrado no tener límites. No le importa la vida de quien se opone a su voluntad, a sus normas y leyes que chocan contra la libertad y los derechos humanos. Cada ley, cada norma que impulsa el régimen es un atentado contra la dignidad de los hombres. En septiembre de 2023 el régimen fue coherente con su locura. Asesinó a una mujer, Masha Amini, por no cumplir el código de vestimenta. Fue detenida un 13 de septiembre y después de golpearla brutalmente murió el 16 de septiembre. Tenía 22 años y fue una mártir más de los regímenes totalitarios y asesinos que demuestran que la vida de las personas no les importa. Primero está la obediencia a sus leyes por encima de los derechos humanos.
El feminismo, callado
Por cierto, un asesinato que no provocó ninguna protesta del feminismo progre de España. Un hecho tan curioso como miserable. Un feminismo que denuncia la desigualdad en occidente y se muestra silente, que es lo mismo que tolerante, frente a los crímenes contra las mujeres en países como Irán, donde sí sería, muy importante, la presencia del feminismo progre europeo y más en concreto el español. Pero el feminismo de izquierdas siempre desaparece cuando verdaderamente tiene que demostrar valentía. Un ejemplo claro es lo que sucede en Irán. Las feministas españolas que los 8 de mayo, Día Internacional de la mujer, ocupan las calles manifestándose, reivindicando la igualdad; cuando tienen la oportunidad de demostrar empatía con las mujeres iraníes, maltratadas y asesinadas por un régimen criminal, desaparecen. Irene Montero, Carmen Calvo, Begoña Gómez, M.J. Montero, sin olvidar al sindicato de ‘la ceja’, se esconden.
Eluden su cuota de responsabilidad dando la espalada a las mujeres iraníes y tantas otras que ven que sus derechos se conculcan y además son asesinadas por un solo delito, el de ser mujeres. Ignoro como finalizarán estas movilizaciones en Irán, pero las mujeres iraníes están dando una soberana lección al feminismo progre de salón español. Son mujeres que luchan por su dignidad e igualdad ‘a pecho descubierto’. Muy al contrario del feminismo de Montero, Díaz, Gómez o Colau que solo se mueven con arreglo al presupuesto, por dinero. El feminismo progre de este país solo es el símbolo de la miseria moral.


