Claudia Sheinbaum se reunirá en Barcelona el próximo sábado con líderes progresistas en lo que considera un acercamiento al gobierno español
México y España avanzan hacia la normalización de sus relaciones diplomáticas tras siete años de distanciamiento, en un giro impulsado por la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum. La mandataria viajará a Barcelona el próximo sábado para participar en un encuentro de gobiernos progresistas, en lo que supone un paso para recomponer los vínculos bilaterales.
La relación entre ambos países quedó congelada en 2019, durante el mandato de Andrés Manuel López Obrador, tras la petición formal al rey Felipe VI de una disculpa por los abusos cometidos durante la Conquista. Aquella iniciativa abrió una lógica crisis diplomática que interrumpió el diálogo político al más alto nivel pese a los históricos lazos culturales y económicos.
El movimiento actual marca un cambio de estrategia en México, que apuesta por el pragmatismo político y la reconstrucción de puentes, en principio, con el Ejecutivo de Pedro Sánchez. El acercamiento se ha ido gestando en los últimos meses, coincidiendo con la consolidación de Sheinbaum en el poder y su voluntad de redefinir la política exterior respecto a su antecesor.
En este contexto, recientes gestos institucionales han contribuido a rebajar la tensión, aunque basados en el extraño reconocimiento por parte del rey Felipe VI de los abusos históricos durante la Conquista, en el marco de un acto cultural vinculado a una exposición de piezas arqueológicas mexicanas en España, en lugar de defender a su país.
Barcelona, escenario del reencuentro político
El encuentro en Barcelona reunirá a varios líderes progresistas iberoamericanos y servirá como plataforma para reforzar alianzas en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas. Junto a Sheinbaum y Sánchez, está prevista la participación de dirigentes como el colombiano Gustavo Petro y el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
Más allá del plano multilateral, la visita tiene un componente bilateral. Será la primera de un jefe de Estado mexicano a España desde 2018 y representa un paso decisivo para cerrar una brecha diplomática que, según coinciden analistas, nunca debió prolongarse, aunque con matices politizados en favor de ciertos sectores.


