Lo esperado se confirmó. Tras la invasión de Marruecos a tierras españolas en concreto a Ceuta, el estado con su máximo mandatario se ha desplazado a la ciudad española.
El Jefe del estado, el rey de España, Felipe VI y su consorte, la reina Leticia Ortiz, han sido recibidos en la ciudad española invadida, de Ceuta, como un ídolo salvador. Las calles ceutíes, engalanadas con banderas españolas se han llenado de caballas aplaudiendo e intentando saludar al rey y a la reina.
Se agolpaban para saludar a los monarcas de manera ordenada para renovar su patriotismo de pertenencia a España lejos del despreciable comportamiento de los que ocupan, ilegalmente, la Puerta del sol de la capital española, Madrid. Los ceutís, entusiasmados con una mezcla de preocupación por lo que están sufriendo, y de alegría, para decirles a los reyes: “No nos abandonéis”.
Una frase que se generalizaba al paso de los monarcas, llena más de esperanza que de preocupación, pero que en el fondo los ceutís saben que el rey no los va abandonar. Los caballas saben que el rey ha demostrado su cercanía y a la vez su preocupación por todos y cada uno de ellos. Una preocupación que demostró desde el primer día de la invasión.
Una de las pruebas de su interés son las varias llamadas que realizó al presidente de la ciudad, el señor Vivas. Un político que formará parte de la historia española y ceutí por su coraje y su buen oficio fruto de su compromiso y responsabilidad con los caballas. El interés de la su majestad por viajar a la ciudad fue desde el primer día, pero el gobierno de España, que controla la agenda del monarca, lo capó.
Es el primer monarca español en más de cien años que pasa la noche en la ciudad de Ceuta. Un hecho que es más que un símbolo. Es una constatación de que Ceuta es España frente a nuestro vecino e invasor, Marruecos. Un vecino desleal y que aspira a ser enemigo de nuestro país. Los hechos del pasado y sobre todo recientes forjan esa enemistad.
No podemos olvidar otra ciudad cercana a Ceuta, Melilla, que también visita la monarquía y que también se encuentra en los planes marroquíes de adhesión. Melilla no ha sufrido una invasión de la misma forma que su ciudad gemela. Melilla sufre el cierre unilateral de la frontera por parte de Marruecos. El rey sátrapa marroquí cerró la frontera hace ocho años en un intento de ahogar económicamente a esta ciudad. El comercio melillense ha sufrido un golpe duro del país alauí que llevo a cerrar más de cien naves industriales en el polígono melillense.
Pero quien más está sufriendo ese cierre de fronteras son los marroquís, sobre todos los ciudadanos de Nador, que tenían un futuro próspero y el sátrapa de su rey les ha cercenado su futuro con el cierre de fronteras. Con un añadido; Marruecos tiene un paro de un 40%, lo cuál deja muy claro que el rey marroquí, Mohamed VI, no gobierna para sus ciudadanos. Un asunto propio de mandatarios miserables y despreciables que además es dueño de una fortuna calculada en 5.000 millones de dólares.
Es muy probable que la visita Felipe VI moleste a la monarquía marroquí y a todos sus aduladores, pero es una prueba de que España no abandona a sus ciudadanos, aunque el gobierno de España no está a la altura. España es soberana y nada ni nadie tiene derecho a violar sus fronteras. Nadie tiene derecho a realizar un asalto a su espacio terrestre aéreo y fluvial. Porque quien lo intente tendrá respuesta como en años anteriores con el islote de Perejil. Un terreno que quiso colonizar Marruecos, pero España respondió contundentemente expulsando a los invasores.
Marruecos es un vecino incómodo, pero debemos convivir con lealtad. La traición no es compañero de la amistad. Es sinónimo de enemigo y Marruecos está siguiendo la guía de los desleales y traidores. La visita de los reyes españoles, Felipe VI y la reina Leticia Ortiz sirve para recordar que los invasores no caben en España ni tampoco quieren amigos traidores como Mohamed VI.
Y tal vez la visita de los reyes es un mensaje a Donald Trump, presidente de EEUU, para que tenga en cuenta que apoyar a regímenes dictatoriales y perversos como el existente en Marruecos, nunca traen buenas consecuencias.


