Elisa Mouliaá ha retirado la acusación por abuso sexual contra Íñigo Errejón, lo que deja la causa prácticamente abocada al archivo, ya que la Fiscalía de Madrid también decidió no acusar. Aunque el juez instructor consideró que existían indicios para celebrar el juicio, la retirada de la acusación particular debilita decisivamente el procedimiento. Las pruebas, además, no eran suficientes para uno de los magistrados que intervino en el caso.
En su escrito al juzgado, Mouliaá explica que desiste de forma libre e irrevocable por motivos personales y de salud, y subraya que su decisión no implica una retractación de los hechos denunciados, que, según afirma, fueron considerados veraces en lo sustancial durante la instrucción. Señala además el desgaste personal sufrido al quedarse como única acusación particular, al no haberse personado otras posibles afectadas. Esa soledad en el proceso le ha valido para echarse para atrás.
La denunciante sostiene que actuó para dar la cara en un contexto de denuncias anónimas y de dudas públicas sobre su veracidad, y remarca que su retirada no responde a intereses económicos ni de protagonismo. En redes sociales, afirma que no puede seguir sosteniendo sola el proceso y que se retira con la conciencia tranquila. Pero no acaba de explicar por qué no puede y porque no cumplió su palabra de «ir hasta el final«, cuando le pedía 3 años a un Errejón que, por otro lado, se le vino encima una ley, la del «sí es sí» que él mismo promulgó.

Mientras la causa contra Errejón se encamina al cierre, seguirá adelante la investigación iniciada por el exdiputado contra Mouliaá por presuntas calumnias, relacionadas con la acusación de haber extorsionado a testigos. La defensa de Errejón ha señalado que mantendrá este procedimiento para demostrar su inocencia. Al final, la condenada puede ser ella.


