Creíamos que lo habíamos visto todo. Creíamos que los presidentes del gobierno de España, con sus virtudes y sus defectos, se comportarían conforme a sus responsabilidades, pero nos equivocábamos. El teatro de los culebrones se ha inaugurado en el Palacio de la Moncloa.
Desconcertados vemos que los inquilinos de la Moncloa han pasado a primera página de los medios de comunicación. Han protagonizado un episodio del día de los enamorados. San Valentín, de manera extraordinaria, llegó a un mitin del PSOE para que dos personas confirmaran su amor.
Pedro Sánchez y su esposa, la señora Begoña Gómez, como decía la ex portavoz socialista Mínguez, se quitaron las caretas. Aunque, claro está, en sentido figurado porque Sánchez nunca se la quita. Y por supuesto su esposa tampoco lo hace ya que se vería a la auténtica Begoña. La Begoña que repartía sobres en los locales de los negocios turbios de su padre.
Begoña, una mujer que se coloca en plan reivindicativo de los derechos de la mujer los 8 de marzo, pero que nunca hizo nada para reivindicar los derechos de las mujeres y hombres que trabajaban en los locales que regentaba su padre. Locales con negocios en los que el alquiler del amor era un gran pesebre económico, de los negocios de Sabiniano y de ahí el gran patrimonio que heredó Begoña Gómez y de la que disfruta también Pedro Sánchez.
Subidos al escenario, Pedro y Begoña, Begoña y Pedro, tanto monta, monta tanto, donde se desarrollaba el mitin del socialismo caduco y oscuro, pregonaron su amor a los cuatro vientos, abrazándose y besándose.
Solo faltaba la bendición de San Valentín y el envío de la orquesta de querubines como colofón al teatrillo miserable. Un episodio de unos personajes vomitivos e imitadores de los también rechazables y antiguos mandatarios argentinos, los Kirchner, y de esta manera animar más si cabe a un público entregado al grito, por iniciativa del servil Patxi López: «¡YO CON BEGOÑA! ¡YO CON BEGOÑA!» Un público vestido de rojo sangre. El mismo color de la sangre de los más de cien millones de muertos víctimas del comunismo y de las víctimas de ETA a las que el gobierno de Pedro Sánchez ha traicionado.
Es todo esperpéntico, lamentable cómico y a la vez bochornoso. Todo un presidente de gobierno protagonizando un vodevil. Pedro Sánchez tiene agotados todos los recursos para afrontar una campaña electoral y recurre al sentimentalismo. A la falta de recursos no repara en acudir a la familia, como ha hecho el expresidente Zapatero utilizando a sus hijas, instrumentalizando las relaciones personales, como es la de su esposa, para arengar a las masas socialistas, sin ningún pudor y sin valorar el daño que puede hacer a la señora Gómez, en un futuro, colocándola en el centro de la política. Porque bastante tiene Gómez con el futuro inmediato que le espera ante la justicia.
Mujer como reclamo
Sánchez ha utilizado a una mujer, a su esposa, para frenar la debacle electoral que le acecha. Nunca un presidente de gobierno ha colocado a su familia como reclamo electoral pese a que su esposa está en puertas de ser juzgada y quién sabe si condenada. El jefe del ejecutivo se ha caracterizado por utilizar lo que le convenga con tal de permanecer en el gobierno, pero la utilización de su esposa es de lo más ruin, machista y rastrero.
Pedro Sánchez tiene cierto parecido a su exsecretario de organización, que se encuentra condenado y en prisión, J.L. Ábalos. Ambos utilizan a las mujeres, aunque con versiones diferentes y es lo que les une. Ábalos pagaba para comprar el amor, con cargo al erario público. Sánchez no paga por el sexo, pero, como un proxeneta, pasa la factura por ser su esposo, colocando a su mujer como herramienta política.
Tal vez es algo dura la comparación, pero se ciñe a la realidad. Sánchez ha demostrado que carece de unos principios honestos. Carece sin duda de escrúpulos. Ha dejado claro que nada ni nadie se interpone en sus objetivos y quien lo intenta debe ser consciente que tendrá una respuesta no muy agradable. Como ha sucedido con varias personas de relevancia socialista, que por su crítica fueron expedientados y expulsados del PSOE.
La carrera política de Sánchez está llena de cadáveres. No le importa arrojar a la basura a los amigos con una larga trayectoria de amistad. Es un personaje que tiene la indolencia como uno de sus valores más destacados de su persona. Y la trampa como mejor aliada de sus triunfos.


