No existe ningún estudio en el que se señale que elevar los presupuestos que se establecen para la inversión en la enseñanza es garantía de una mejor calidad y mejores resultados. El informe PISA sobre la educación en España es una prueba irrefutable. Cada año que transcurre se incrementa la inversión en el sistema educativo, pero no es directamente proporcional a los resultados que se obtienen. Es decir, no es sinónimo de una mejora en los resultados académicos y el informe PISA lo demuestra.
No pretendo colocarme en frente de ese incremento de recursos anual en educación, ya que ese aumento de recursos públicos para la enseñanza también sirve para la subida salarial de los docentes y el mantenimiento de los colegios e institutos. Algo que es justo señalar.
Pero mirando hacia atrás podremos comprobar que los años setenta y sesenta del siglo pasado, los resultados de los alumnos, con menos inversión que ahora, fueron muy satisfactorios. Y los fueron porque se apostaba por la excelencia educacional, además, se formaba en consonancia con el mercado laboral. A día de hoy existen profesiones en los que la mano de obra escasea fruto de ese error de las administraciones en impulsar las carreras universitarias olvidando la enseñanza profesional, de oficios, como en el pasado. El número de universidades era muy inferior al actual porque como he señalado, se apostaba por la excelencia del conocimiento y por tanto la exigencia para poder acceder a estudios universitarios era muy superior al actual. Por tanto, en la actualidad, la universidad se ha convertido en la guardería de la juventud. Las aulas tienen un número extraordinario de alumnos que muchos de ellos no se dedicarán a la carrera que han aprobado.
Muchos de esos alumnos no encontrarán trabajo para ejercer y poner en práctica sus estudios porque, en la mayoría de las ocasiones, existen profesiones saturadas laboralmente. Es una realidad que tiene en origen el error. No se planifica el futuro laboral de los jóvenes. Se han ampliado, de manera irracional, el número de universidades, que deben ocuparse, y por ello el nivel de exigencia en muchas de las carreras ha descendido de manera alarmante ya que se ha priorizado el llenar las aulas universitarias antes que la apuesta por la excelencia del conocimiento.
Además, estos días estamos observando con suma preocupación que el movimiento okupa tenga un número importante de adeptos entre los estudiantes universitarios. Observamos con gran alarma que estos estudiantes se coloquen ideológicamente muy cerca de una extrema izquierda que no aporta nada a la sociedad. Muy al contrario, se encuentra en la fase de implantar, entre los jóvenes estudiantes, la anarquía y la desobediencia de la ley. Leyes que tienen origen y base en la democracia y que son elaboradas por los representantes de los ciudadanos en las instituciones.
Las plazas de varias ciudades, sobre todo la plaza del Sol de Madrid, están siendo testigos de protestas y que son apoyadas mayoritariamente por jóvenes universitarios. Unos jóvenes que, con unas bases de conocimiento bastante mediocres, son víctimas de la manipulación ideológica de la izquierda. Algo que viene a confirmar que la excelencia del conocimiento no es pilar de las universidades y de ahí que los estudiantes sean muy moldeables.
Principios desaparecidos
Vuelvo al principio para subrayar, apoyado en lo anteriormente descrito, que los informes PISA reflejan no solo el bajo nivel de conocimiento de los alumnos, también señalan una deriva ideológica muy preocupante de los jóvenes. Aunque no todos se encuentran en el mismo plano. No cabe duda que existen excepciones, pero son cada vez menores. Hay estudiantes que, lejos de estar manipulados y muy mal aconsejados, optan por un futuro esperanzador y de ahí que prioricen su formación dejando a un lado ideologías extremistas que no aportan nada a ellos y tampoco al sistema.
Pero a día de hoy, esa minoría de estudiantes no manipulables no tienen reflejo en la sociedad. Priman incentivar a todos esos estudiantes universitarios que se han subido a la ola de la precariedad intelectual frente a los sensatos y cumplidores de su papel como estudiantes y base del futuro. Medios de comunicación, pagados con nuestros impuestos, que fomentan y refuerzan para que los informes PISA no sean mejorados por nuestros jóvenes.
El incremento de la inversión que cada año realizan las diferentes instituciones no estarán en consonancia con los resultados mientras no se recupere algunas pautas que han desaparecido. Pautas que servían para la mejora de la enseñanza, aunque hayan sido aplicadas en el régimen anterior. Disciplina, respeto a la jerarquía y esfuerzo. Pilares tan sencillos e importantes que a día de hoy han desaparecido no solo de las aulas, también de la sociedad.


