El Papa, Sánchez y Napoleón. Por Fernando Cuesta

La visita a España del sumo Pontífice católico tras 15 años de ayuno papal de nuestro país, a pesar de ser muy importante, sobresaliente y que marca un nuevo episodio de nuestra historia, no borra lo que, desde el gobierno de España, con su presidente a la cabeza, se está llevando a cabo. Su Santidad el Papa, León XIV, la máxima representación para los católicos de Dios en la tierra, el heredero de S. Pedro, no va a conseguir evaporar lo que en el ámbito político está sucediendo en este país. Al contrario, su presencia en España es un incentivo para que la verdad emerja y arrincone a la mentira. León XIV es el mejor símbolo, el mejor ‘pastor’ para guiar a esta sociedad con sus dirigentes a la cabeza y caminen por el sendero de la verdad. Porque sin verdad, sin la trasparencia y sin el respeto a la legalidad no se puede construir una sociedad con buena salud.

Lo que estos últimos tiempos está sucediendo en este país no sirve a una sociedad para avanzar en la prosperidad y en una mejor justicia. La sociedad española está amenazada por un proyecto de destrucción con una meta, con un fin y que no es otro que someternos y empujarnos a un sistema en el que los hombres y mujeres que forman parte de ella sean esclavos del poder. Por ello, la visita del Papa debe ser muy tenida en cuenta y máxime en la actualidad. Nos encontramos en un tiempo en el que desde el poder se contamina el ambiente social. Se está queriendo asaltar lo que construyó esta sociedad y que nos ha traído una excelente convivencia y se denomina Constitución. El gobierno actual busca borrar y destruir la base que hace más de cuatro décadas elaboramos y aprobamos los españoles. Fue la Transición la que nos ha traído una estabilidad y una calidad de vida impensada, porque fuimos capaces, entre todos, hacer de un sueño una realidad.

Estos pasados días se ha celebrado un juicio que ha inaugurado un capítulo de gran trascendencia. Quien se encontraba en el banquillo de los acusados no era una persona anónima. Tampoco se trataba de una figura de gran trascendencia en la historia contemporánea de este país. Pero si es un personaje que, por su vinculación a quien en la actualidad se encuentra al frente del gobierno ocupa un espacio destacado en los medios de comunicación. Nos referimos al hermano del presidente del gobierno, David Sánchez. el solo hecho estar sometido a un examen del juzgado supone un hecho turbio para la democracia española. El que un hermano del presidente del gobierno se encuentre atravesando una crisis presuntamente delictiva es un motivo de gran preocupación para la sociedad ya que rebasa unos niveles de tolerancia en el seno de la democracia que nunca deberían haberse traspasado. Con independencia del resultado de la sentencia el solo rondar alrededor de las líneas de separación de la legalidad es ya de por sí rechazable.

Además, el que una persona muy vinculada al jefe del consejo de ministros se encuentre en dificultades con la justicia desbarata toda la supremacía moral que el socialismo predica a los cuatro vientos. Se le juzgaba por varios delitos como el de tráfico de influencias y prevaricación administrativa. A pesar de que el hermano del presidente del gobierno, David Sánchez, ha pasado por el banquillo de los acusados, prevalece su inocencia. Aunque la sociedad es muy posible que haya escrito su sentencia, lo cual no debe sorprender porque forma parte del carácter que impregna a este país. Pero, afortunadamente nuestro sistema es suficientemente garantista que la justicia es tan independiente que no se amedrenta ante voces de una influencia muy notable.

Pero más allá de la decisión judicial, el hecho de que el hermano del líder del Ejecutivo haya rondado la línea de la legalidad supone un descrédito para el gobierno de España. Como he señalado, con independencia de la sentencia que se vaya a dictar, lo que nos escandaliza es la tendencia a que de un tiempo a esta parte, personas allegadas al poder, como es el caso que nos ocupa, presuntamente, estén aprovechando la citada circunstancia para tratar de obtener beneficios que por otra parte no podrían hacerse con ellos, si no se encontrarían alrededor de ambientes de gran influencia social como es el político.

Desde que Pedro Sánchez llegó al gobierno de España los episodios de despotismo se han disparado de una manera exponencial. Incluso la esposa del jefe del ejecutivo socialista está siendo investigada y acusada por algunos delitos que manchan a su marido y, lo que es más grave, contaminan nuestra democracia. Si volvemos la vista atrás, ningún presidente de gobierno de España se ha comportado como un mandatario de regímenes totalitarios donde la ley no ha impedido que miembros de su familia obtengan beneficios vinculados a los recursos públicos debido a una estrecha relación del máximo mandatario del gobierno. Ni Adolfo Suarez, ni Leopoldo Calvo Sotelo, ni Felipe González, ni José María Aznar, ni Mariano Rajoy, incluso durante su etapa como jefe del ejecutivo. Quizás solo se le acerque un poco Zapatero.

Oportunidad, no me cabe duda, que tuvieron todos ellos, pero considero que la honestidad, la honradez, la decencia y el respeto a la sociedad pudieron más que el tratar de beneficiar a su familia. Nadie tiene ninguna duda que en tan elevado cargo obtuvieron muchas más ventajas que los ciudadanos de a pie. Pero hay límites que no han rebasado. Ninguno de ellos ha colocado a sus más cercanos familiares en una situación difícil en relación a la legalidad. Ninguno de ellos ha diseñado y ha involucrado a responsables políticos de su entorno como escudos para evitar que la justicia actúe. Ninguno de los anteriores mandatarios ha buscado la muerte civil de jueces, fiscales y máximos responsables de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado para entorpecer las investigaciones de los presuntos delitos de los que se les acusa a su esposa y hermano.

Muy al contrario que Pedro Sánchez que, desde que llegó al gobierno, ha ido recorriendo el peor camino que podría haber elegido un mandatario en un régimen democrático como en el que disfrutamos. Y por si todo fuera poco, sus más cercanos colaboradores han contribuido a denigrar más si cabe su mandato. Se ha consentido utilizar recursos públicos para el pago de servicios de prostitución y a colocar a las ‘profesionales del amor’ en empresas públicas sin antes pasar por el filtro de las correspondientes valoraciones que se llevan a cabo a través de las oposiciones.

Ocho años de tortura

Estos días se ha cumplido el octavo aniversario desde que Pedro Sánchez y el PSOE llegaran al gobierno y ha conseguido que la democracia de nuestro país haya descendido varios escaños en cuanto a su calidad. Lo que se ha ido sucediendo desde 2018 ha servido para contaminar a la sociedad de este país. Pedro Sánchez no solo ha contribuido a la corrupción gubernamental, también ha construido un muro entre españoles. Ha buscado la división de la sociedad para enturbiar la convivencia entre españoles. La polarización de este país es un triste hecho. Poco a poco se han ido construyendo trincheras ideológicas que se habían clausurado en el año 1975. La muerte del anterior jefe del estado, Francisco Franco, trajo a este país una gran oportunidad de cohesión de la que nadie renegó. Fue aprovechada tan eficientemente que el mundo entero admiró la Transición española hasta el punto de ser objeto de fascinación que se convirtió en referencia.

Vimos como dos polos opuestos ideológicamente, separados como fueron Manuel Fraga y Santiago Carrillo, la derecha y la izquierda,se daban la mano para poder competir en un campo neutral y así poder llevar a cabo su tarea dentro del marco de la ley, dando así al inicio de una nueva etapa de la historia española. Una nueva etapa que nos ha traído orden, estabilidad y sobre todo buena convivencia. Donde las diferencias se han ido resolviendo bajo los esquemas democráticos y por tanto dejando las armas a buen recaudo, a diferencia que en el pasado. Pedro Sánchez y su equipo, por mucho interés y voluntad que tenga en derribar la Constitución, no podrá.

La sociedad es mucho más que cualquier voluntad de derribo. La sociedad española, a veces parece anestesiada, pero cuando siente alguna amenaza, las diferencias se aparcan para formar un solo equipo y nada ni nadie pueden vencer. La historia nos avala. Napoleón quiso conquistar nuestro país, pero tropezó con los españoles. El sanchismo está siguiendo el camino de Napoleón, pero parece que ese día no asistió a la clase de la historia que hablaba del primer fracaso de conquista del emperador francés en el suelo español.