El periodista Josué Cárdenas acaba de llegar de Irán, a donde ha viajado para comprobar ‘in situ’ la realidad de una sociedad islámica, totalmente distinta a la nuestra, que se encuentra en período de guerra frente a Estados Unidos e Israel. El periodista, colaborador de El Contrapeso, ha palpado cómo vive y cómo piensa el pueblo iraní en sus carnes, el verdadero cometido de un buscador de la verdad, y deja un aviso: «Muchos me llamarán blanqueador del régimen iraní pero esto es lo que yo he visto«:
PRIMERA PARTE:
…Si Dios quiere. En España ya casi nadie dice «si Dios quiere». ¿Cuándo es la última vez que escuchaste «nos vemos mañana, si Dios quiere» o, por ejemplo, «mañana apruebo, si Dios quiere»? La expresión popular que más he escuchado en mi semana en Teherán es Insha’Allah, que significa exactamente eso: «si Dios quiere». A los españoles solo nos ha quedado en el habla el escueto y menos trascendente «ojalá». Uno puede interpretar que la repetición de esa muletilla, casi a modo de demostración de cordialidad, convierte a una sociedad en una fanatizada turba rea de una teocracia que abomina la libertad. También, los más nostálgicos de nuestros años con Franco pueden recordar que en esa época sí era común escuchar ese tipo de locuciones.
¿Desde que no colocamos a Dios en nuestros planes más cotidianos nos va mejor en Occidente? ¿Cuando un chií en Irán coloca siempre un condicional divino a sus propios planes desea lo mismo que cuando nosotros lo decíamos? ¿O, al ser otro Dios, la intención cambia? ¿Irán lo cambiará Trump o cambiará si Dios quiere?

Los más críticos con la deriva que Irán lleva construyendo desde 1979, año de la Revolución Islámica, pueden pensar que esa expresión no es la que determina si una sociedad está subyugada o si huele a rancia o no. Quizá tampoco sea suficiente, aunque ya nos va dando algunas pistas más, el modo de vestir de su población. Mi viaje se ha producido a inicios del mes de julio, con una media unos 35 grados de temperatura en la capital, y, en cambio, no he visto a ningún hombre en pantalón corto, a ninguna mujer en los famosos shorts, a nadie en tirantes y no le he visto los hombros a nadie, ni a hombres ni a mujeres. Los varones vestían casi uniformados.
Una gran mayoría iban en camisa negra y pantalón oscuro en señal de luto por su líder supremo, Alí Jameneí. Las mujeres vestían con mayor variedad. Las más ancianas utilizaban prendas de color negro que les tapaba casi todo el cuerpo; las de mediana edad llevaban un pañuelo de varios colores que cubría su cabeza y su vestimenta era modesta, pero bastante occidentalizada; y las más jóvenes y vivarachas caminaban por las calles de Teherán sin su pañuelo, tan campantes y con una vestimenta muy similar a la de Europa, recalco, eso sí, ni un escote o nada despampanante, y sin temor a la reprimenda de ningún policía de la moral.
En el vídeo de Mowlihawk, Josué participa desde el minuto 9:25 hasta el 17:
«No puede ser», como cantaba Plácido Domingo, pensarán algunos. El hecho de que una mujer pueda lucir su pelo o enseñar más allá de sus ojos es anatema en el Irán que me han contado. Amigo lector, mis ojos azules han visto cómo la mujer dispone de un amplio abanico de opciones a la hora de vestirse en Irán, teniendo siempre presente que su país premia la sobriedad y condena el exhibicionismo. No verás en Irán a nadie en topless o similar. Es de tercos no reconocer que, de un tiempo a esta parte, los mandatarios iraníes han comprendido que es la mujer la que debe decidir si cubrirse por completo por convicción religiosa y personal o si decide ponerse ropa sin tener tan en cuenta el Corán.
Fátima, una mujer muy agradable, cuya tesis doctoral versaba sobre La Celestina de Fernando de Rojas, me explicaba que para actos oficiales se cubría todo el cuerpo, dejando ver su rostro, pero que en su vida cotidiana vestía con mayor normalidad con su hiyab, pero sin el atuendo que desde Occidente algunos piensan que usa obligatoriamente toda mujer iraní.

Cabe recordar que he tenido la oportunidad de asistir al funeral de Estado del líder Alí Jamenei. En España hemos olvidado hace unas décadas lo que es guardar el luto y más por alguien que ni siquiera es de nuestra familia. No es concebible en la mente de cualquier europeo actual que el asesinato de un líder político, pero que a la vez es religioso, suscite que millones de personas se congreguen en varias ciudades de varios países para darle el último adiós. Por muchas ‘charos’ fanatizadas que existan en España, no me imagino a millones de ellas, en peregrinación piadosa por la calle Alcalá, llorando por Sánchez. Tampoco a los seguidores más acérrimos de Abascal o de Meloni o de Le Pen, llorando su muerte y velando su cuerpo durante días, recitando oraciones por sus almas.
El lugar del funeral me recordó a esas imágenes de Cuéntame en la capilla ardiente de Franco. Multitudes despidiendo a su Caudillo, evidentemente ni forzadas ni coaccionadas a acudir a dicho evento. ¿Hasta qué punto merece la pena llorar por un líder? Eso sería para un extenso debate. Evita Perón congregó a millones de personas y a Fidel Castro lo despidieron millones de cubanos. Está claro que los presidentes democráticos no suponen ese shock en las calles ni ese fervor ante su partida de este mundo. En Irán, además, se debe añadir el elemento religioso y lo impregnada que está la realidad religiosa en la vida de sus habitantes. ¿Que, al igual que con Franco, gentes en sus casas o bien pasarían de despedir al Ayatolá o algunos esbozarían una sonrisa? Pues estoy seguro. Ahora bien, al igual que los vídeos de las multitudes en la Plaza de Oriente de Madrid, la imagen de millones de personas despidiendo a Jamenei, no hay inteligencia artificial ni propaganda que las borre.
«No estamos para dar lecciones a nadie»
Lo primero que quiero aclarar es que no me he topado con un funeral ideológico en el que solo los partidarios de la Revolución islámica han querido darse golpes de pecho por su amado líder. Incluso muchos detractores de la propia Revolución o críticos con la figura de Jamenei no han dudado en expresar sus condolencias y respeto. Principalmente porque consideran que la agresión norteamericana no ha sido contra una manera de pensar, sino que ha sido contra Irán, contra su propia patria. Ese es el testimonio de Josein que he recogido, un joven trabajador de una empresa de viajes. Me comentaba emocionado cómo las bombas de Trump habían dañado incluso patrimonio artístico de Irán muy valioso y eso le dolía. También comentaba que, por muchas diferencias que tenga con la Revolución islámica, ese ataque tan brutal contra la soberanía de su nación es intolerable para cualquier iraní que ame Irán.


El ataque estadounidense al colegio de niñas, que acabó con la vida de cientos de ellas, no derriba al denominado Régimen iraní, sino que, por desgracia para muchos occidentales, no ha hecho sino reforzarlo. Convirtiendo a un líder que pudo huir y no quiso en mártir, sustituyéndolo por su hijo, que es cuarenta años más joven que el anterior y más radical en sus creencias, y permitiendo construir un relato de resistencia nacional que ahora es muy difícil de arrebatar a los iranís. Yo comprendo el júbilo de muchos persas en el exilio al oír los bombazos made in USA. También sé que muchos compatriotas míos desean otro futuro para Irán que no sea el que marque su propia Revolución; ahora bien, ¿vamos aplicar nosotros nuestros parámetros en Persia cuando nosotros estamos como estamos?
En una sociedad, la nuestra, en la que, según Irene Montero, sigue existiendo el machismo estructural; los bienes de primera necesidad, como la comida, el combustible, la vivienda o la energía, cada vez son más caros; la inestabilidad y crispación política nos tiene sumidos en un enfrentamiento permanente; para los más conservadores, el libertinaje campa a sus anchas por los barrios y hace estragos, sobre todo entre los más humildes; la inmigración masiva hace crecer la inseguridad y nuestra identidad como nación se diluye… Con este relato que algunos hacen de nuestra querida España, ¿de verdad queremos imponer algo de nuestros dogmas en Irán? Tendremos, es verdad, el alegato de lo demócratas que somos o de la influencia cristiana de mucha de nuestra normativa. Pero desde que la Revolución francesa, el positivismo, el liberalismo y los partidos políticos coparon todo nuestro ordenamiento jurídico y social, ¿qué tal nos han quedado nuestras sociedades? ¿Impera la justicia y el sentido común? ¿Desconocemos la corrupción y nos basamos por norma en la honradez?
Entonces, con estas cartas, que llevamos jugando desde 1978 en España, izquierdas y, sobre todo, derechas, queremos que un norteamericano siga tirando más bombas sobre una población que no ha invadido a nadie y que, a base de bombardeos, empiecen a aplicar nuestras recetas para que así ellos tengan OnlyFans como nosotros, pisos a precios imposibles como nosotros, día del Orgullo LGTBI como nosotros, Agenda 2030 como nosotros… Dirán algunos ingenuos, pero se puede construir una transición hacia una nación que no siga los parámetros del globalismo… A ver quién es capaz de ponerme el ejemplo de alguna nación en Occidente que haya podido escapar del modo de vida y del sistema socioeconómico que tenemos ahora. ¿Suecia? ¿Argentina? ¿Italia? ¿Israel? Todas aprobaron por unanimidad la agenda que nos viene marcada, basada en el capitalismo de mercado y en el relativismo moral.
Pena de muerte «solo para pederastas»
En Irán es llamativo comprobar cómo pasan de nuestras regulaciones (a pesar de una legislación moral mucho más extensa que la nuestra), sobre todo en materia de tráfico. Pueden ir tres en una moto y saltarse varios semáforos en rojo, que allí no pasa nada. Se convocaban manifestaciones espontáneas cada dos manzanas en favor del líder y se repartía sandía y limonada gratis para los peregrinos que caminaban hacia la tumba de Jamenei. El litro de gasolina tiene un precio que ronda los tres céntimos. No pude observar (y anduve de madrugada por sus calles) los aquí cada vez más frecuentes ‘sin techo’ o personas sin hogar. No vi ni una sola grúa que colgase a ningún homosexual en todo mi viaje (y no creo que las ocultasen) y, ante mi pregunta de si era cierto ese rumor que corría por España, la contestación fue que solo se aplica la pena de muerte a los pederastas.
La homosexualidad no forma parte de la presencia pública de la que goza en Europa el colectivo LGTBI, ni se puede copar la calle como he visto en algunos vídeos en el Reino Unido, con señores en pantalones muy cortitos haciendo algún tipo de danza. ¿Eso quiere decir que se persiga la homosexualidad? Se convive con ella al igual que en todo Occidente antes de los años 80. Un escritor iraní con el que viajé en avión me comentó: «En Irán hay muchas reglas, pero casi ninguna se cumple». Creo que sabiendo eso se responde a mucho de lo que acontece en Irán.
Estación de metro Virgen María
A pesar de su denotado carácter islámico, me llamó la atención la consideración que me transmitieron hacia los cristianos. Existe un barrio netamente cristiano en Teherán, donde, sobre todo, antiguos inmigrantes armenios llevan un siglo instalados en Irán, pudiendo vivir su espiritualidad cristiana. Incluso en un país en el que el alcohol está proscrito, a los católicos del lugar se les permite tener y consumir vino. Cristo es tenido en cuenta en Irán y la mayor prueba de ello es la estación de metro Virgen María, recientemente inaugurada. En ella se pueden contemplar esculturas de la Virgen y, en una zona concreta del metro, las mujeres pueden elegir autosegregarse si prefieren no compartir espacio vital con los hombres.
Existe por ley el derecho a que las minorías religiosas ostenten un diputado cada cierto número de fieles en el Parlamento estatal. Los judíos, incluso, tienen un diputado sin llegar a la cifra mínima de representación. Mi compañero de fatigas, Carlos Paz, tuvo la oportunidad de charlar con uno de los representantes cristianos en el Parlamento y fue un encuentro fructífero, en el que quedó clara la buena sintonía entre cristianos y chiitas. No confundir la realidad de los cristianos en Irán con los horrores que padecen nuestros hermanos en la fe en otros países islámicos, aliados de EE. UU., por culpa de grupos terroristas islamistas, enemigos de Irán. Me acuerdo de los cristianos en Nigeria, Arabia Saudí o en la actual Siria, después de la intervención de Occidente….
Próximamente, la segunda parte


