De los errores hay que aprender. Por Fernando Cuesta

Hace algunas fechas hemos podido ver al líder del PP, Núñez Feijóo, y al del PNV, Aitor Esteban, juntos. Tras varios años, sin apenas relaciones entre las dos formaciones, incluso algún encontronazo en el Parlamento Vasco, el PNV ha querido romper esa falta de comunicación y lejanía entre ambos partidos, impulsando un encuentro entre los dos líderes políticos. Los nacionalistas y seguidores de Sabino Arana quieren pasar página del engaño que llevaron a cabo hacia el gobierno de Mariano Rajoy. El PNV, a pesar de comprometerse a no sumarse a la moción de censura que ejecutó el PSOE con Sánchez a la cabeza y de no cumplir ese compromiso trata de que el PP se olvide del episodio. Presumiblemente trata de borrar un episodio más de las traiciones del PNV.

Es decir ‘pelillos a la mar’, porque el PNV intuye que el ciclo socialista al frente del gobierno está tocando a su fin. Ha valorado que se está llevando a cabo la mudanza del Palacio de la Moncloa y, por tanto, está fomentando unas buenas relaciones con el futuro inquilino de la Moncloa. Prevé que está cambiando el escenario político y, por tanto, hay que cambiar de ‘amigos’ para continuar el proyecto separatista. Pero en el fondo de este acercamiento hacia el PP está el temor que los nacionalistas filoterroristas de BILDU les arañen cuota de poder. Por tanto, acercarse a los de Feijóo podría reportarles beneficios. Uno sería empujar hacia fuera a los de Otegui y poder recuperar la confianza de los ciudadanos de la comunidad vasca. Y el otro beneficio es colocarse como una de las formaciones políticas ‘preferidas’ de un futuro gobierno liderado por la derecha.

Aprovechando las buenas relaciones que han tenido ambos en el Congreso de los Diputados, el nacionalismo ha propiciado un encuentro entre ambos. El PNV busca poner fin a una etapa de tiranteces. Ya sabemos que el PNV no se mueve si no piensa obtener algún beneficio. El nacionalismo vasco y en especial, el PNV, solo busca la firma de talones con una cifra elevada para ampliar el poder de Sabin Etxea. Los nacionalistas, las gentes de Aitor Esteban saben que se acerca la caducidad del sanchismo. Son conscientes de lo que significa, saben que pocos o mejor ningún cheque queda por cobrar y, como las aves migratorias, tiene que alzar el vuelo y buscar otras tierras para poder alimentarse y seguir viviendo. El PNV es como las aves que levantan el vuelo para seguir existiendo. Se acerca al PP tratando de borrar la traición que consumó, facilitando la moción de censura al PSOE para que Pedro Sánchez llegara al gobierno.

Es plausible que el PP regularice relaciones con el resto de los partidos de representación de la ciudadanía española. La diplomacia militante es una virtud y en un partido político es algo muy importante a destacar. Pero el PP y Núñez Feijóo debería tener muy en cuenta esa traición que el PNV llevó a cabo con Mariano Rajoy. El PNV es como dijo en un mitin de los años 80 en Vitoria, Alfonso Guerra, PNV es el Partido para No Votar. Pero la versión moderna es el Partido para No Ver.
Por tanto, las relaciones en el ámbito de cortesía parlamentaria son bienvenidas y, salvo cuando se trata de partidos filoterroristas como BILDU, deben practicarse. Pero también hay líneas que no deben traspasarse. La cortesía parlamentaria tiene también ciertas fronteras. Sin dar la espalda a casi nadie se debe dejar muy claro que esa cortesía debe ser mutua. Que las normalizaciones de las relaciones parlamentarias no deben dejar a un lado las traiciones. Y de traiciones el PNV es un gran experto.