OPINIÓN: La polarización política o la táctica del poli malo-poli bueno. Por Ignacio Tusurya de Huegun.

Tan sólo muy recientemente se ha dado cuenta la opinión pública de que vivimos en un ambiente de polarización política en España, un mal indefinido que afecta a familias, parejas, y grupos de amigos y de trabajo, y que creíamos conjurado por obra y gracia de la Santa Transición. Vamos a intentar explicar aquí con una fábula del tipo de aquéllas ilustradas del XVIII cuál sea el origen de este fenómeno perfectamente maquinado y operado por el Diablo y sus agentes.

Imaginemos una isla habitada por numerosos sabios atenienses y aguerridos espartanos de alta conciencia moral, vasta sabiduría, avanzada ciencia, temor de Dios, sentido común, respeto de la autoridad y de la Ley natural, visión comunitaria, fuertes lazos familiares, amor a la raza y a la Patria, peritos en la guerra y piadosos de las sanas tradiciones. No del todo perfectos, por ser humanos y estar afectados por el pecado original, pero sí con las suficientes virtudes como para que Dios los considerase un pueblo especial. Aquél que pretendiere conquistar esta isla tendría dos vías para ello: una, desembarcar un ejército más poderoso y numeroso y exterminar a todos para reemplazarlos. Esta opción es imposible cuando las fuerzas con las que se cuenta son paupérrimas y sólo tienen habilidad, y no poca, por cierto, para dedicar su inteligencia y sus mañas para el mal. La segunda vía, teniendo en cuenta esto, es evidente, aunque más larga: corromper y dividir para conquistar.

Primero, extirpar a Dios de la vida de los isleños, trastocando los principios de su sano pensamiento filosófico; desacralizar a sus sacerdotes, extirpar sus ritos y sacramentos. Corrompida su Filosofía de modo que no distingan la realidad de la fantasía, será sencillo poner patas arriba su ciencia, haciendo que crean hipótesis absurdas jamás demostradas empíricamente, o que se veneren realidades inexistentes e imposibles como el Pueblo, el Progreso, la Libertad, la Igualdad, la Nación o la Democracia. Como consecuencia de todo ello, la moral se relativizará, ya no dependerá de Dios ni del sentido común ni de lo evidente, ni de nada estable, sino que cada cual considerará bueno o malo lo que le apetezca, y las leyes tendrán que poner orden en este caos dictando como moral lo que la mayoría establezca a su capricho en cada momento. Ya no se respetará al padre ni a los mayores, ni a autoridad ninguna, porque se habrá perdido toda brújula que indique dónde está el bien y el deber. Los ricos explotarán al pobre, el pobre atacará a los ricos, la mujer al hombre, el feo al guapo, el ateo al religioso, y cada uno vivirá en una burbuja particular para defenderse de todo enemigo exterior y de toda opinión contraria a la suya, en un mercado imposible en el que todos los absurdos lógicos son admisibles a voluntad de cada cual.

Se denigrarán las tradiciones, se corromperán las costumbres, se extenderán los pecados capitales, se dividirán las clases, los sexos, las familias, se dejará de tener hijos, disminuirá la población, la capacidad de entrega, trabajo y sacrificio, se maldecirá la Patria y la milicia, se mezclará la raza, empezará la infiltración; la locura y la infelicidad camparán por doquier mientras que una autoridad tiránica se impondrá sobre todos, sobre los débiles con la usura y la tecnología, y sobre los poderosos con la putocracia de Epstein o los métodos expeditivos de Putin… La división, el individualismo y el egoísmo serán imparables, y los habitantes de la isla se acabarán matando entre ellos. Sólo entonces aquellos agentes de Satanás podrán imperar plenamente en ella y reemplazar a sus primitivos habitantes, y heredarán la tierra y el título de primogénito que Dios prometió sólo a su pueblo predilecto, ahora definitivamente extinto.

La política del poli malo-poli bueno consiste en someter a un acusado de un crimen que no quiere confesar a un doble proceso de coacción, que, como veremos a continuación, puede ser de doble sentido. Primero se le somete a severo interrogatorio, a amenazas, a engaños, a palizas, para a continuación ofrecerle la salvación por métodos más amables y amistosos. Digamos que en la isla de nuestra fábula, el poli malo es la larga vía utilizada para corromper. Pero para dividir lo suficiente a los isleños para que se maten entre ellos es necesario que, cuando el proceso de corrupción sea tan intenso que ya no quede ni el más mínimo rastro de su glorioso pasado, se introduzca un sucedáneo, un remedo falso de ese pasado, para que parte de la población lo asuma y se produzca la división definitiva en dos bandos, el enfrentamiento y el exterminio mutuo. Ojo, no se trata de traer los valores auténticos de antes, que no interesa que vuelvan, sino un sucedáneo engañoso. Los que caigan en esta trampa, isleños de buena voluntad, sin duda, hartos de tan prolongada corrupción, sufrirán el efecto poli malo-poli bueno. Y los habitantes que se complacen en la corrupción porque han satisfecho en ella todas sus malas pasiones y pecados capitales, poniéndolos en situación de privilegio sobre los demás, sufrirán el efecto poli bueno-poli malo.

Sociedad actual

¿Quien es el poli bueno y el poli malo de nuestra fábula en la realidad en la que vivimos? Realmente, ningún policía es bueno, cualquier persona inteligente debería saberlo. Podríamos hablar de los dos hijos de la Revolución y de la Masonería, el liberalismo capitalista y el comunismo marxista, de (ultra)derechas y (ultra)izquierdas, de neoliberales y progresistas, de reaccionarios y socialdemócratas, de populistas y demócratas, de populares y socialistas, de autoritarios y de defensores de derechos y libertades (para el vicio y el error)… Las denominaciones son variadas, siempre y cuando se sepan usar los términos conociendo su verdadero significado. Porque el fascismo, tan en boca de todos los necios, no entra en esta dialéctica.

El fascismo es la última expresión política histórica de lo que constituía la antigua y extinta esencia de los habitantes isleños de la fábula, algo que fue exterminado con millones de muertos cuando se difundió la peste del poli bueno-poli malo y los corruptos de ambos tipos, capitalistas liberales y comunistas marxistas, acabaron definitivamente con los valores antiguos de la isla y con todos aquéllos que los defendían. Algo que tanto los unos como los otros, los corruptos de izquierda y los corruptos abducidos por el flautista de Hamelín trumpista-voxista-(ultra)derechista-neoliberal, odian a muerte. Ahora la polarización pone a ambos frente a frente para la batalla final en la que todos, los necios y los inteligentes, los buenos y los malos, estamos implicados para nuestra definitiva aniquilación. Y los impostores nos reemplazarán, y heredarán la Tierra, y dirán ser el pueblo elegido de Dios.