En el consejo de ministros se sientan varios personajes un tanto singulares. Aunque a decir verdad todos ellos, sin casi excepción, lo son. Cada uno a su manera, pero son muy dignos de llevar ese cartel. Al que sobre todo me voy a referir es al que fuera alcalde de Valladolid, Óscar Puente. Un edil que no tuvo un buen mandato ya que la ciudad no experimentó grandes mejoras. Bien al contrario, no resultó muy satisfactorio para la ciudad por lo que no fue renovado por los vallisoletanos.
Tras su paso por la alcaldía pucelana y no renovar su liderazgo, el presidente del gobierno Pedro Sánchez, en reconocimiento y premio a su derrota, le nombró ministro de Transportes del reino de España, en sustitución de J.L. Ábalos. Otro de los muchos singulares socialistas que se ha podido saber que tenía una gran afición a la compra del amor. Pagaba por un amor artificial, pero con cargo a los contribuyentes españoles. Fue secretario de organización del PSOE y en la actualidad se encuentra condenado a 19 años de cárcel por corrupción.
El señor Puente ha demostrado, como su antecesor, que es un auténtico analfabeto liderando el ministerio. Lo cual no deberíamos de sorprendernos si quién le nombró nunca se ha hecho acreedor de ser un político mediamente aceptable. El accidente ferroviario de Adamud, en Andalucía, en el que fallecieron 43 personas, es la demostración de que Óscar Puente maneja un inoperancia e ineptitud. Porque un accidente de tamaña gravedad y sin ser causa de un fallo humano debería haber servido para que presentara su dimisión.
Una red ferroviaria, con la calidad que hasta la fecha tenía la nuestra, no debería haber estado en las pésimas condiciones que se encontraba en el momento del accidente y como ministro de transportes Puente debería dimitir o haber sido cesado. 43 muertos son 43 razones para la dimisión. A lo que hay que sumar en su incompetencia en la gestión de unas carreteras con graves deficiencias por su escaso mantenimiento. Po no hablar de otras competencias como las presas y pantanos, que no están siendo suficientemente atendidos con el grave riesgo que puedan ‘reventar’.
Al señor Puente se le conoce, sobre todo, por sus excentricidades y deficientes comportamientos. Pero, sobre todo, por sus descalificaciones hacia los rivales políticos y su mala educación. Sin olvidar su fanfarronería y un desbocado complejo de superioridad. A pesar de creerse muy ‘machote’, su fisonomía, junto con su lenguaje tabernario, genera risas y burlas. Su gran parecido a personajes de películas de animación como ‘El libro de la selva’ le proporciona un toque simpático. Su parecido a nuestros antepasados, los primates, hace que se nos dibuje una sonrisa en los labios. No busco ofenderle, al contrario, me limito a describir una realidad.
Recientemente considero que representa el papel de bufón del siglo XXI en un gobierno occidental y democrático. El señor Puente considera, yo creo, que por ocupar un lugar de gran relevancia en el organigrama político liderando un ministerio, está fuera del radar de la ley.
Puigdemont
Hemos sido informados que el Tribunal de la UE ha redactado que ciertos aspectos de la amnistía que se ha aprobado para perdonar los delitos del prófugo catalán, Puigdemont, son correctos bajo la visión europea. Aunque la orden de detención, si el prófugo vuelve a España, continúa vigente.
A pesar de ello, el señor Puente ha realizado unas declaraciones totalmente fuera de lugar. Aunque lo más acertado es decir que han sido constitutivas de delito. El señor ministro de Transportes ha animado al prófugo catalán y ex presidente de la Comunidad catalana, a que regrese a España en un claro desafío a las autoridades. Induce a que se pueda cometer un delito si el señor Puigdemont regresa a España para burlar la orden dictada, en caso de que nos entregue a las autoridades.
En este caso, como en tantas otras, el señor Puente no da ningún ejemplo a la sociedad algo, que no solo es un deber por su parte, sino que es su obligación. El animar a un prófugo de la justicia a desafiar la ley no es ninguna broma, aunque viniendo de este señor podríamos decir que es una bufonada más. Pero no es el único.
Existen otros que al no “dar la nota” por altavoz apenas se les oye. Los hay de todo tipo y espacie. Los hay que, al no tener un nivel intelectual acreditado, lo llenan de palabras vacías y promesas sin cumplir. A otros apenas se les conoce, como es la ministra de Deportes.
Una mujer que solo hemos sabido de ella por el campeonato del mundo de futbol, al viajar a los EEUU para apoyar a la selección española. Aunque, para saber que existe un consejo de ministros, casi con Óscar Puente nos basta, aunque tampoco pasan desapercibidos López o Bolaños. Dos ministros que le pisan los talones para retirarle el gran título de bufón oficial del reino de España.
Si con todo lo descrito, dejando aún lado los infinitos capítulos de corrupción en los que se hallan inmersos hasta los familiares directos del presidente del gobierno con condena incluida, la sociedad enmudece, es que hay un problema en el seno de este país. Una sociedad que ha salido a las calles por que se ha sacrificado un perro para evitar la expansión de la enfermedad mortal del ébola y se muestra muda ante todo lo que acontece alrededor de los actuales gobernantes.
Sociedad muda
Creo que no se entiende que tras ocho años de gobiernos socialcomunistas donde el número de mujeres asesinadas no ha parado de crecer, donde salir a la calle cada vez es una aventura dado el aumento incesante de delincuentes, donde cada vez la bolsa de la compra pesa menos porque es difícil llegar a fin de mes, donde la pobreza infantil está incrementándose de manera tan extraordinaria que somos el tercer país de la UE con mayor pobreza de menores, donde la pobreza energética ha experimentado un alza insoportable, donde se desconoce el paradero de 40.000 perceptores en la comunidad vasca de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI) y siguen cobrando dichas ayudas. Y a pesar de todo lo descrito, esta sociedad se muestra indiferente.
Aquí, en este país sucede algo y no es leve. El virus de la indiferencia, la omertá, el virus de la falta de compromiso con el país, con la patria, con España, puede acarrear graves resultados y pueden derivar en consecuencias de tal índole que puedan reventar en cualquier momento. Por tanto, lo que a nadie debe sorprender que estén emergiendo movimientos que hagan que la sociedad salga de su letargo.
Personajes como Puente y hasta el propio presidente del gobierno están sirviendo de incentivo para que surjan formaciones políticas de nuevo-viejo cuño, que traten de acotar la administración y gestión de un gobierno que, a pesar de la etiqueta de democrático, está utilizando la democracia para que el totalitarismo gane cuota social. Partidos como VOX a nivel nacional o Alianza Catalana en Cataluña están inyectando a la sociedad antídotos contra el inmovilismo y la inmigración ilegal.
Sin olvidar al PP que, con otro tono y una visión diferenciada, aunque igual de contundente, está incrementando la expansión de su discurso para despertar a la sociedad. Resta un año de legislatura y por tanto no debería ser un tiempo donde la sociedad continuara muda, indolente y despistada ante un gobierno lleno de bufones como Óscar Puente, donde su gestión ha provocado muchas desgracia dentro de un gobierno que está siendo el más corrupto de toda la democracia.


