El mismo personaje que pide el aborto y el cambio de género para niños sin autorización de los padres, ahora les limita las redes sociales
Pedro Sánchez ya no sabe ni qué pasos dar. La desubicación absoluta, solo manejable y soportable para alguien con rasgos psicopáticos, se traduce en medidas extrañas, que van en contra de postulados que él mismo defendió. Lo habitual en su trayectoria. Pero ahora Sánchez se ha dado cuenta de que tiene que ser el salvador de los jóvenes porque le preocupa enormemente que los menores estén enganchados a las redes sociales y a las pantallas. Y como él es un hombre de principios, ha decidido tomar partido en favor de todos los menores de este país. Porque ya sabe que a Sánchez le parece muy progresista que un menor se cambie de género irremediablemente o que aborte sin permiso de los padres, pero las redes sociales no, por ahí sí que no pasa, él es de valores férreos, lo que sea por cuidar a la juventud.
¿Os acordáis cuando la izquierda estaba constantemente pidiendo que se adelantase la edad de voto a los 16 años? ¿sabéis por qué ya no lo hacen? Por el mismo motivo que no quieren que los menores hagan fuerza en redes sociales. Porque a la juventud ya no le engañan más. Es simple. Conviven con un futuro poco prometedor, estudiar ya no les garantiza nada, ven las pocas posibilidades de formar una familia, que el mercado de la vivienda está destrozado, que pueden meterse en problemas por soltar un piropo a una chica, que la pandemia les robó un año que no volverá encerrados en casa y con una mascarilla y no quieren que les cuenten más cuentos. Y todos estos chavales, que el Régimen del 75 no les taladró y manipuló la cabeza, están limpios y ven las cosas más nítidas que otros. Y lo que han comprobado, mucho más astutamente que muchos de sus mayores, es que el socialismo es un foco de miseria, corrupción y pobredumbre.
Por tanto, un joven que no tiene garantías de futuro, que aún no tiene un trabajo que perder o una economía que verse trastocada con multas, habla claro y directo en redes sociales y la mayoría bajo el anonimato. Y el Gobierno, que ya ha visto que esa es una batalla perdida, los quiere silenciar. Son el futuro y a ellos nos agarramos. También observamos cómo la gradual perdida de la religión cristiana en nuestras vidas ha provocado un retroceso a la búsqueda de una espiritualidad, en especial de jóvenes, que al sistema no le interesa para nada. Es más, no hay nada más bíblico filosóficamente que trabajar por generaciones que nunca conocerás y que nunca te lo agradecerán. Ayudar al que te conviene es muy fácil. Invita a cenar al que no te lo pueda devolver, ahí está la grandeza.
Porque es cierto que los teléfonos y las redes sociales son un problema para la juventud, pero esa es la labor de los padres, ni del colegio y menos de este individuo siniestro. Un 42% accede a internet antes de los ocho años y casi siete de cada diez menores de 15 años tienen su propio smartphone. Pero que Sánchez se vista de adalid de la salud mental de los jóvenes y lo utilice como pretexto para cambiar la ley es para echarse a reír. De este modo, todos los usuarios deberán justificar su edad y manipular el algoritmo será considerado delito. Incluso, busca trasladar esta prohibición a los dueños de las plataformas para hacerles partícipes de sus delirios. Una nueva medida más en la búsqueda de un estado totalitario y censor como el bolivariano.


