La decimosegunda deberá esperar. El Real Madrid lo intentó todo, pero se encontró con un Olympiacos que supo hacer daño en la pintura blanca, mermada por las bajas de Tavares, Len y Garuba, pero que dio la cara y estuvo a punto de llevarse la corona continental, jugando además en suelo griego, en un Oaka que se convirtió en una caldera entregada a los suyos. Aun así, los blancos cerraron filas en defensa en un duelo durísimo y con Lyles y Hezonja como referentes en la parcela ofensiva. Finalmente, con estos factores más la experiencia griega en estos escenarios, el título se quedó en casa.
La puesta en escena fue inmejorable para los blancos. Trey Lyles, que tenía puestos los focos en él por el sobreesfuerzo que debía acometer ante la falta de interiores, dio un recital en el primer cuarto con 13 puntos (17 de valoración), liderando la resistencia por las lesiones interiores ante los ‘grandes’ del cuadro griego. El primer periodo se ajusto a los planes tácticas que marcó Scariolo, quien estaba ante la ocasión de ganar su primera Euroliga. 26 puntos permitieron a los blancos dominar al cierre del primer cuarto (19-26), mientras los griegos empezaban a sentir los nervios de una mala puesta en escena.
La segunda manga comenzó por los mismos derroteros hasta que los locales empezaron a conectarse y con la ebullición de una Oaka entregado, quedaron desojadas las amarras iniciales para ir igualar el encuentro paulatinamente. Entró Llull y despertó a un Madrid ya incómodo ante el empuje heleno en todos los frentes. Las ‘trampas’ de Scariolo para colapsar la pintura se respondían con triples y la diferencia en la longitud de banquillo se dejaba notar a medida que transcurría el choque.
Apareció de nuevo Lyles sumando desde las esquinas para apagar la inercia griega mientras Bartzokas no paraba de rotar su banquillo. Una primera parte de la final de la Euroliga que estaba respondiendo a las expectativas con dos estilos distintos y con un Madrid que sabía que debía sufrir todo lo imagiable si querían salir del feudo ateniense con el cetro continental. Una canasta de un entonado Peters, MVP del partido, en otro de los rebotes que tanto daño estaba haciendo a los blancos dejaba el partido en tablas al descanso (44-44).
Los triples matuvieron el ritmo del Madrid en el tercer cuarto, con un Hezonja que empezó a amasar más balón que en la primera parte. El Olympiacos mantenía su seriedad táctica y sus intentos de pisar la pintura se saldaban con ayudas blancas. La intensidad del duelo se transformó en una pequeña tangana entre Mcksic y Campazzo cuando el americano, que pareció desconectarse después, no permitió al argentino levantarse tras haber propinado un codazo previamente. Los árbitros señalaron sendas técnicas en una decisión algo ‘casera’, aunque los de Scariolo siguieron arragados al choque. La entrada de Feliz y una pérdida griega obligó a Bartzokas a parar el partido a falta de 3.40 para acabar el tercer cuarto (54-60).
La defensa blanca facilitaba algunas pérdidas locales y las pocas veces que los de Scariolo pudieron correr, lo hicieron. Otra canasta en el último segundo, esta vez tras un palmeo de un Milutinov que se fajaba para imponer su tamaño, el choque llegaba con ventaja madridista al último cuarto. El Madrid tenía el partido donde hubiera imaginado, volcando el juego en Lyles, pero aún quedaba a una última batalla en el ‘calor’ del infierno griego (61-65).
La salida al campo de los dos griegos se saldó con dos triples que devolvieron la ventaja al Olympiacos. Las ayudas a Lyles empezaron a fructificar, aunque Hezonja también asumía que debía ser otro faro anotador de su equipo. Buscó Bartzokas más mordiente aún en el juego interior con la entrada de Jones, el tercer ‘cinco de la rotación, ante un esfuerzo infatigable del conjunto español por cerrar los rebotes. De ahí que choque entrara en los últimos cinco minutos con un triple de Vezenkov y con la cuarta falta del acertado ala-pívot americano de Scariolo.
Triple de Feliz
Una falta rigurosa de Campazzo en un posible robo dio dos tiros libres a Walkup que no perdonó a 1.20 para el final (84-80) y el Madrid tenía que remar si no se quería quedarse a las puertas. Cuando apretaron los blancos en defensa se encontraron con cuestionables faltas en balones divididos que les dejaron ya muy tocados tras tanta batalla. Parecía ya visto para sentencia pero el Madrid apostó por buscar la épica. Tras tirar a fallar Lyles el segundo tiro libre con 88-83, el rebote acabó en Campazzo, que forzó tres tiros libres, sacando petróleo donde ya solo se avistaba aridez.
Metió los dos primeros y tiró a fallar el tercero, cogiendo el Madrid de nuevo el rebote en medio de los grandes rivales. La tuvo Feliz para empatar esa rocambolesca jugada pero falló prácticamente solo a 11 segundos en lo que hubiera sido una remontada ‘express’. Ahí acabó la contienda para los merengues, que tuvieron cerca el milagro cuando estaba todo perdido, pero que dejaron el listón alto en una final disputada y intensa, marcada por la calidad de dos equipos distintos, aunque con la ventaja bajo los aros del Olympiacos, que supo jugar esa baza y dominó los rebotes (38 a 23). Consigue su cuarta Euroliga.


