La gala de Miss Universo de este año ha sido una de las más turbulentas que se recuerdan. Denuncias previas, falta de transparencia, caídas y, finalmente, una ganadora que no entraba en las quinielas iniciales pero que casualmente se convirtió hace unos días en protagonista al producirse un altercado con Nawat Itsaragrisil, directivo de Miss Universo en Tailandia. El motivo fue que él la reprochó por no subir contenido promocional del país sede a sus redes sociales. Durante esa discusión, la llamó “tonta”. La modelo salió enfadada de la reunión y relató lo sucedido a los medios de comunicación, lo que provocó una oleada de apoyo, especialmente de colectivos feministas que le pintaban como un icono de empoderamiento. Quizás eso haya tenido que ver, teniendo en cuenta que últimamente parece que la politización llega a todos los espectros, incluso un certamen de belleza.
En el top final estuvieron también otras representantes destacadas: la tailandesa Veena Praveenar Singh fue primera finalista, y entre las cinco finalistas figuraron también delegadas de Venezuela y Costa de Marfil. El evento ha sido pasto de la polémica, puesto que hace escasos días hubo acusaciones de irregularidades en el proceso de selección de finalistas: un juez (Omar Harfouch) renunció días antes de la gala, afirmando que existía un ‘jurado improvisado’ que había preseleccionado a 30 candidatas, lo que generó críticas sobre falta de transparencia.

Además, las caídas de las concursantes también han acaparado el foco principal. La representante de Argentina se fue al suelo durante sun desfile, pero peor suerte corrió la jamaicana, que se cayó del escenario y se tuvo que ir en camilla al hospital. Por último, las críticas a la ganadora tampoco se han hecho esperar. Más allá de voces que hablan del merecimiento o no de la corona, se ha hecho especial hincapié en que el maquillaje de Fátima Bosch le daba una imagen demasiado pálida y blanqueada, lo que contrasta con su habitual color de piel, bastante más moreno.


