Opinión: ‘Rufián, ese miserable cobarde’. Por Fernando Cuesta

No necesita presentación, no se necesita ni tan siquiera pronunciar su nombre porque cada vez que se levanta de su escaño nos ofrece una actuación con una falta de gusto y una inteligencia descriptible. Es uno de los diputados con un estilo que se parece más al de un actor de la comedia que a un diputado. Da la impresión que sus intervenciones van más orientadas a ser candidato a la interpretación de una película con aspiraciones a los premios Goya, que a ejercer su responsabilidad como representante de los ciudadanos. Su dicción deficiente hace en ocasiones que la carcajada se deje oír en el hemiciclo. Creo que es fácil reconocerlo. Se trata del representante de ERC y portavoz, en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián. Creo que la inmensa mayoría de los ciudadanos, conocen sus intervenciones en la Cámara Baja. Unas intervenciones sin ningún atisbo de brillantez, pero demasiado estridentes y fuera de tono.

Trata de dar lecciones, pero adolece de experiencia y de un desconocimiento casi delictivo de lo que sucede en el seno de la sociedad. Y lo que es más llamativo, no cumple con su palabra. Hace diez años se comprometió a dejar el acta de diputado si Cataluña no lograba la independencia. Cataluña sigue perteneciendo a España y él continúa de Diputado. Estos días ha vuelto a ser protagonista en otra de sus intervenciones, en la comisión de la DANA, preguntando a la compareciente. En esta ocasión definiremos esa intervención como miserable, mezquina, ruin, faltona, cobarde o machista. Nunca antes hubo una intervención así de un representante de los ciudadanos, que ha desarrollado su labor de manera tan despreciable como lo ha hecho Rufián.

Durante la comparecencia, en la comisión sobre la gota fría del Levante de la que fuera consejera del PP en Murcia la señora Salomé Puertas, Rufián exhibió lo que muchos sabíamos. En su turno de preguntas utilizó a una de las víctimas para reprochar su muerte a la compareciente, la señora Puertas. Fue una escena repugnante y digna de lo peor de un ser humano. Arrojó ‘a la cara’ el cordón de una zapatilla que dijo que perteneció a la víctima, señalando a Puertas como autora de esa muerte. Un hecho que hizo que las lágrimas de la exconsejera comenzaran a surcar por sus mejillas. Un episodio que, a pesar de la gravedad, no consideró suficiente el presidente de la comisión para llamar al orden a Rufián, instándole a rectificar y pedir disculpas a la señora Puertas. Rufián traspasó la barrera de la dignidad, la frontera de la decencia.

Bravo con un unos, manso con los otros

No es delito la mala educación y tampoco los comportamientos despreciables, pero todo ello se ajusta a la perfección a la personalidad de Rufián. El portavoz de ERC ha mostrado públicamente la clase de persona que es. Un hombre cobarde y miserable. De una manera lamentable se ha cebado con Salomé Puertas mientras, como hemos sido testigos, se arruga con Otegui. Con Otegui no solo no le reprocha el no condenar los crímenes de ETA, también se sienta con él para departir amigablemente para romper España. Con Otegui, despreciable personaje condenado por terrorismo, Rufián no ha tenido las agallas de escupirle en la cara los 860 asesinatos cometidos por ETA, a la que ha pertenecido.

Rufián, que tan chulo’ se ha mostrado con la señora Puertas y que incluso, como hemos indicado, la ha machacado con una víctima de la DANA, ha demostrado su cobardía frente a un terrorista como Otegui.
A Rufián solo le queda una última actuación, si le queda aún un miligramo de dignidad. Recoger su despacho en el Congreso, entregar el ordenador, renunciar al acta de diputado y volver a su tierra natal o donde considere oportuno.