La salud social, en quiebra. Por Fernando Cuesta

La actualidad social y, con ella, la política se encuentra en un difícil estado. Este país necesita un buen diagnóstico para poder recuperar la salud. Es muy difícil y complicado la elaboración de un buen y completo análisis sobre lo que está sucediendo en estos últimos años ya que el “virus” que se ha inyectado a la sociedad tiene muy difícil detección. Aun así, debe ser contestado y contrarrestado con un antídoto muy potente. Disponemos de un “laboratorio” con escasos instrumentos para diseñar y disponer de una vacuna que estirpe el mal que va apoderándose de la sociedad. Un mal que emana de quienes nos gobiernan y quienes les apoyan.

El ejecutivo no se ha constituido como un gobierno de un país democrático. Han formado un “ejército” que trata de asaltar las instituciones para apoderarse del corazón de la sociedad y que está representado por nuestra Constitución. Una constitución que, a la vista de todos, está siendo maltratada por quienes deberían ser sus custodios como es el gobierno de España. La corrupción que rodea a los que hoy nos gobiernan es el altar de sus creencias. Unas creencias que están en el lugar más seguro, que es el sagrario de ese altar civil y contaminado por el socialismo. Han escogido al “becerro de oro”, que han colocado en un lugar preferente de la catedral de la corrupción, como referencia de sus principios y valores, que nada tienen que ver con los de nuestra democracia.

Lo que ha traído el socialismo gobernante y la izquierda, junto con los nacionalismos y los proetarras, es uno de los capítulos más oscuros de nuestra historia y que dará paso, si no tenemos capacidad de frenarlo, al asalto de nuestro sistema democrático y de libertades. La prueba de ello son los esfuerzos que los corruptos están empleando para derribar la puerta custodiada por jueces y fiscales, que da paso al establecimiento de un régimen totalitario donde la libertad y el estado de derecho serán quemados en el pebetero de la indignidad.

La sociedad de este país tiene un gran reto por delante. Tiene un deber que cumplir para ser leal a su máxima representante que es la Carta Magna. Una Carta Magna en la que se concentran los pilares fundamentales de nuestra democracia, como es la separación de poderes, que el gobierno de la nación pretende dinamitar y así romper la Transición, que tanto esfuerzo nos costó, para imponer regímenes que emanan de sistemas totalitarios como Venezuela, China o Cuba, que se rigen por el mismo patrón. Coartar la libertad de las sociedades, bajo la amenaza constante de la vida.

La Transición de la que la sociedad española ha presumido y de la que se siente orgullosa no debe enterrarse. Los españoles quisimos transitar hacia la democracia porque de nada sirvió el enfrentamiento que se había tenido en el pasado y durante décadas, con una guerra civil de por medio. Con cientos de miles de ciudadanos muertos por las armas y que no sirvieron nada más que para llenar de tristeza y dolor este país. Nos habíamos dado la mano para inaugurar una nueva etapa en la que los rencores y venganzas quedaban sepultadas para dar paso a un tiempo de reflexión y entendimiento. Para dejar a un lado las diferencias que fueron irreconciliables en el pasado y bajo un “paraguas” potente, poder transitar juntos con una cobertura para todos.

Carrillo y Fraga, estrechándose la mano

La izquierda y la derecha se colocaban a la par para dar los pasos necesarios para recuperar la libertad de este país. Nos dimos la oportunidad de elaborar un código deontológico social y que se traduce en un paraguas llamado Constitución. Una Carta Magna que sería los nuevos “mandamientos” de la democracia acordado por los representantes de la derecha y la izquierda y que se ponía en marcha el 6 de diciembre de 1978, cuando fue aprobada por todos los ciudadanos de este país. La Constitución pasó a ser el tratado de la concordia y la reconciliación. Además, sirvió para que se estrechasen la mano diferentes ideologías que hasta ese momento se veían enfrentadas. Asistimos al abrazo de la derecha representada por Fraga Iribarne y de la izquierda comunista. representada en la figura de Santiago Carrillo.

Recuperar nuestro orgullo

A lo largo de más de cuatro décadas, la sociedad española ha sabido recuperarse de unos tiempos difíciles con una enorme voluntad y sobre todo, dejando atrás episodios muy difíciles y de los que no nos sentimos orgullosos y de los que nunca nos debemos de olvidar, como el golpe de estado del 23-F liderado por el teniente coronel Antonio Tejero o el atentado terrorista más grave de la historia de nuestro país como fue el 11-M, con cientos de heridos y doscientos asesinados. Incluso nos fuimos recuperando del azote que supuso durante medio siglo de la banda terrorista ETA, que asesinó a casi un millar de personas, entre ellos 23 niños. Pasamos el examen, lo aprobamos, lo superamos con nota muy alta y hemos podido seguir adelante. Por eso ahora tenemos el deber y la obligación de recuperar nuestro orgullo como país que tiene a la democracia y a la libertad como seña de identidad.

La llegada de la izquierda al poder en estos años no ha estado a la altura de una sociedad madura y que para nada quiere repetir los errores del pasado. El gobierno de España no quiere entender, pero existen barreras que no se deben traspasar .El gobierno liderado por Pedro Sánchez no está teniendo en cuenta los verdaderos valores que ha ido adquiriendo la sociedad y cultivándolos hasta ser la base de las democracias consolidadas. Su evidente falta de conocimiento e interés de la sociedad española va a ser, a buen seguro, su fracaso más absoluto. Pedro Sánchez y quienes le están apoyando en su “loca carrera” por dilapidar la democracia en España no tendrán un fin cómodo ni medianamente satisfactorio. Siempre que se intenta derribar a una sociedad donde la democracia y la libertad es su señal de identidad se finaliza de una manera lastimosa.