La muerte de Maricarmen, la mujer de 87 años que fue desahuciada de la vivienda en la que llevaba décadas viviendo, ha abierto una serie de interrogantes que todavía no tienen una respuesta clara. Y precisamente por eso conviene preguntarse qué ocurrió realmente durante las dos semanas que separan aquel desahucio de su fallecimiento y por qué su estado de salud empeoró drásticamente en la mañana de ayer y a la noche falleció.
Maricarmen fue desalojada el 23 de septiembre, terminó en el hospital ese mismo día y permaneció ingresada hasta su muerte, el 7 de octubre. Tenía 87 años y todo el revuelo formado por convertirse en una de las personas más famosas del país de la noche a la mañana pudo suponer un trauma, no lo sé, pero no tiene mucho sentido que fallezca dos semanas después estando monitoreada en un hospital y en un día su estado de salud empeore hasta morir.
También resulta llamativo el momento del fallecimiento. Maricarmen murió precisamente cuando su situación habitacional parecía encaminarse hacia una solución. Según las informaciones publicadas, estaba previsto que firmara un nuevo contrato de alquiler que le habría permitido recuperar una vivienda. Sin embargo, falleció antes de poder hacerlo, qué raro.
Y para rizar el rizo, tampoco está clara la causa médica de la muerte. No se ha hecho público un diagnóstico detallado que permita establecer si su fallecimiento estuvo relacionado con el deterioro que sufrió después del desahucio o si respondió exclusivamente a una patología previa. Tampoco existe, al menos públicamente, una conclusión médica o judicial que permita afirmar que Maricarmen fue asesinada.
Y aquí entra en juego la coyuntura en la que estamos inmersos, tan polarizada, con un presidente agonizando, a priori, su mandato, tras convocar elecciones. Un país dividido, con una acampada en la Puerta del Sol para reclamar un nuevo sistema de acceso a la vivienda. Y la izquierda es muy de mártires, los necesita para victimizarse, ya pasó con el perro Excalibur. Sí, aquel perro que tuvieron que sacrificar porque tenía ébola. La izquierda salió en masa a la calle para pedir explicaciones, explicaciones que por lo que sea no exigen cuando los agresores son extranjeros o los agredidos no son de su cuerda.
Por tanto, el qué les da exactamente igual, solo importa el quién. El que quiera creer que Mari Carmen era más que un instrumento para sus fines se equivoca. Era eso, una mártir desahuciada de su casa y ahora es una mártir fallecida. Pero la culpa, para mí, no la tiene nadie en concreto. Desahucios hay miles y miles, de modo que situaciones difíciles hay en casi todos los portales, pero todo se centró en una persona por puro interés político, lo de siempre. De modo que si hay que buscar un culpable, ese es el capitalismo sin límites, el liberalismo sin frenos. Porque si no hay regulación, España acabará convertida en manos de fondos buitre que sacarán el máximo provecho a sus negocios sin importar si la vivienda es o no un derecho.
En caso de que sea un derecho, como así lo recoge la Constitución, debe ser regulada. Si no, el mundo acabará (si no lo está ya) dividido entre pobres y ricos y, en este caso, los pobres deberán salir de España o vivir hacinados porque no podrán permitirse vivir en una casa. No te digo ya los inmigrantes que siguen viniendo. Todo colapsado, todo mal. El capital arramplará con todo y nunca tendrá fin, de modo que España será un gran negocio, no un país en el que los ciudadanos tienen (o tenían) derecho a un estado de bienestar.
Pero Mari Carmen no es una mártir. Mártir es el padre de familia que, ahogado por la situación, se quita la vida, pero a la izquierda eso le da igual, por ese no montarán ni media acampada, en cambio sí por una mujer de 87 años que siempre ha tenido un régimen de vivienda muy favorable. Nunca han sido buenos, eso es obvio, en escoger a sus líderes o a sus mártires, de modo que siguen desnortados. Por mucho ruido, alboroto, manifestaciones y pancartas que hagan, sus soflamas carecen siempre de base real, incluso algunas reivindicaciones pueden ser respetables, pero siempre acaban totalmente desacreditadas por constantes errores de bulto que parecen no ver.
Y ahí aparece una de las principales incógnitas del caso. Durante estos días se han sucedido declaraciones políticas que hablan directamente de «asesinato» o de que «han matado a Maricarmen», mientras que la información médica disponible públicamente no permite llegar a esa conclusión. Entre ambas posiciones queda un espacio que debería ocupar la información: qué diagnóstico tenía, qué complicaciones sufrió durante su ingreso y cuál fue exactamente la causa de la muerte.
Un hombre anuncia su asesinato
Por tanto, mientras no haya una investigación rigurosa y una información veraz se puede entrar en el terreno de la especulación. Hace un par de días, un usuario en X llamado Eladio Fernández (@Eladios), cuya actividad parece centrarse fundamentalmente en política, geopolítica, España, Marruecos, inmigración y teorías o informaciones de carácter muy controvertido, aseguró el día anterior a su fallecimiento que la iban a asesinar.

Que existiera una resolución judicial no responde automáticamente a todas las preguntas sobre qué ocurrió con Maricarmen después de abandonar su casa. Tampoco permite determinar por sí solo si el impacto físico y emocional del desahucio tuvo alguna relación causal con su muerte. Incluso, el mismo usuario aseguró que en muchas casos son los propios hospitales los que ‘duermen’ a determinados pacientes con morfina, especialmente gente mayor.

Por eso, hay muchas preguntas que contestar antes de convertir su fallecimiento en un arma política, hay preguntas que deberían tener respuesta. ¿Cuál fue el diagnóstico con el que ingresó? ¿Qué evolución tuvo durante los quince días de hospitalización? ¿Qué provocó el empeoramiento repentino de las últimas horas? ¿Cuál figura como causa del fallecimiento? ¿Existe un informe médico que establezca alguna relación entre su estado y lo ocurrido el 23 de septiembre? ¿tiene que ver con el anuncio de Sánchez de adelantar las elecciones?
No se trata de alimentar teorías conspirativas ni de afirmar como hechos lo que todavía son sospechas o interpretaciones. Se trata precisamente de lo contrario: de exigir todos los datos para que la opinión pública pueda conocer qué ocurrió realmente. Porque en el caso Maricarmen hay demasiadas preguntas todavía sin contestar. Y cuando una mujer de 87 años es desalojada de la casa en la que ha vivido durante décadas, acaba hospitalizada ese mismo día y muere quince días después, lo mínimo que merece la sociedad es conocer con precisión qué ocurrió entre un hecho y otro, más allá de repetir soflamas como pollos sin cabeza.


