Como ya dijimos en anteriores artículos, no corren buenos tiempos para las universidades españoles, especialmente las públicas, por su absoluta politización y partidismo, lejos de valores democráticos que ellos mismos suelen propulsar en un ejercicio de cinismo habitual. Más allá de que muchas facultades parezcan, estéticamente, un bar de rock de madrugada: carteles, pintadas, graffitis, etc. Hubo una época donde la universidad española estaba ligada a personajes ilustres como Antonio Nebrija, Francisco de Vitoria, Fray Luis de León, Miguel de Unamuno, Calderón de Barca, etc. Ya solo quedan las ruinas de lo que fue una época dorada en educación. No hay más que ver los pasillos de la Complutense. Reivindicaciones, suciedad y fealdad, eso es lo que desprende. La universidad pública no se respeta a la par que se defiende. Nos encontramos una juventud desnortada, que exige muchos derechos (más inversión en educación) pero cero responsabilidades (mantener las facultades limpias en lo material y en lo moral, al contar con un sesgo ideológico claro, donde el respeto a opiniones distintas brilla por su ausencia). Tampoco esperemos mucho del futuro si ahí se gesta el futuro del país. Muchos, además, acabarán en el extranjero. Mejor.
Venimos hace unos días escuchando la noticia de que una etarra trabajará en la Universidad Pública de Navarra. Días después, en la Universidad del País Vasco, varios profesores fueron señalados por escribir en redes sociales críticas a las prácticas en el Campamento de Bernedo. No hay más que ver al Sindicato de Estudiantes, un chiringuito ideologizado progresista que no tiene sentido común ni defiende a los estudiantes. Y yo me pregunto cómo ha cambiado ser profesor de universidad en España. De ser respetados a ser una especie de mal menor. A la Universidad Pública de León seguro que no le faltaran profesores que enseñen la última ocurrencia surrealista que han tenido: Un título de ‘pedagogía antifascista’, que será impartido además por Enrique Javier Díez Gutiérrez, que fue coordinador del Área Federal de Educación de Izquierda Unida entre febrero de 2012 y mayo de 2021. Todo queda en casa.

En esta materia, que será ‘online’ y pensada para docentes, el objetivo de este nuevo título es «fortalecer y recualificar el papel del profesorado en activo y del futuro profesorado como profesionales de la educación comprometidos con una educación y una sociedad democrática, inclusiva e intercultural«, además de «dotar al profesorado en activo y al futuro profesorado de herramientas pedagógicas para trabajar en todas las materias escolares una educación antifascista ante los discursos de odio«, según comenta el centro castellano-leonense. Una vez más, la universidad española haciendo el ridículo, copiando el mensaje manido del gobierno y de sus votantes de «promover habilidades y estrategias pedagógicas que mejoren el aprendizaje en valores y que prevengan el crecimiento y auge del neofascismo«. Con este discurso, seguirán desviando la atención para no hablar del elefante en la habitación.
Muchos temas para debatir
¿Acaso después de las barbaridades del campamento de Bernedo no era una buen ocasión para sacar a la palestra posibles protocolos o aportaciones para impedir que estas cosas ocurran? Con máximos históricos en la carestía del precio de la cesta, ¿por qué no hablan de la constante e injustificada subida de precios que empobrecen a los españoles? Temas hay muchos, ¿por qué si el motivo de la subida de la gasolina era esta u otra guerra, por qué no se equilibra después? ¿cómo se puede reducir las altísimas tasas de criminalidad? ¿por qué la juventud está más desmotivada que nunca? ¿cómo se explica que España tenga una deuda que no puede pagar a potencias extranjeras y cómo afecta eso en nuestra vida? o ¿por qué sus propias universidades se han convertido en pocilgas? Pues no, a vueltas con un fascismo inexistente y que tampoco se le espera, para desviar el foco de lo importante, mientras la sociedad, cada vez más pobre y aborregada, seguirá hablando de fantasmas.


