Una vergüenza que estalla. Por Fernando Cuesta

El ambiente político y social en el que está inmerso nuestro país apenas es respirable. Los episodios, que la ciudadanía está contemplando de manera perpleja pueden ubicarse en el espacio más nebuloso de la democracia. La sociedad española está asimilando unos hechos protagonizados por el socialismo que, yo creo, nunca se imaginó que sucedieran.

La corrupción que emana del socialismo, que llegó al gobierno prometiendo “barrer” todo lo impuro de la democracia, está retozando en el barro tóxico de las malas artes de quienes buscan el beneficio por la puerta de atrás de la ley. Lo más preocupante y grave de todo ello es que la confianza que la ciudadanía tiene sobre los responsables políticos ha caído hasta casi los infiernos.

Algunos de los socialistas que dirigen el país no se han conformado con distraer fondos públicos. Fondos que con grandes esfuerzos aportamos los ciudadanos. Ciudadanos con cuentas corrientes desahogadas o ciudadanos que apenas disponen de recursos, contribuyen, a través de los impuestos, al proyecto del país para que pueda mantener el proyecto de nación. Pertenecemos a un país donde las puertas de la libertad están abiertas de par en par y nos ofrece oportunidades para sembrar un futuro sin estar sometidos al dictamen del poder, como en un sistema comunista.

Pero a pesar de que vivimos en un sistema donde la libertad es el pilar fundamental existen personajes que han abusado del estado de derecho. Han llegado al poder con diferentes objetivos de los que públicamente reivindicaban, como es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos con discursos impecables merecedores de los premios más prestigiosos del buenísimo y sobre todo de la empatía. Pero lejos de todo eso la realidad es que han llegado al poder con una meta muy clara. Aprovechar su situación de privilegio democrático, que les corresponde como dirigentes políticos.

Como subrayaba, no se han conformado con esa posición social que, a diferencia del resto de los ciudadanos, disfrutan de algunas ventajas. Ventajas como es el tener a disposición trasportes sin guardar colas. Como un hombre sediento que ha atravesado el desierto, se han lanzado a por el agua. Se han tirado y a tanta velocidad, que han ido más allá de lo permitido, pisando la línea que separa la ley del delito restando recursos al erario público “sin permiso”. Los ciudadanos de este país considero que no somos merecedores de este asalto a la democracia y menos a los recursos del país. El gobierno trata de que no tengamos en cuenta la corrupción, colocando el escudo de la política internacional.

Prestigio por los suelos

El prestigio de España está en las horas más bajas de los últimos años debido a ese escudo de la política internacional con las descalificaciones que el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, ha llevado a cabo contra el presidente de los EEUU, Donald Trump. Enfrentamientos gratuitos, pero que a medio plazo nos pueden reportar importantes consecuencias negativas y ya no estará Sánchez para pagar la factura. Estaremos los ciudadanos, como siempre, para pagar los errores de un presidente del gobierno que será detestado por la sociedad, aunque de nada servirá.

Mientras teníamos centrado la atención en estas disputas de Pedro Sánchez faltando al respeto al presidente norteamericano, detrás del escenario informativo el socialismo había organizado una “banda” para asaltar las arcas públicas y los poderes del estado.

El humo que se ha tratado de envolver a la corrupción del socialismo, que llegó al poder para disolverlo supuestamente, no ha sido eficiente. La corrupción está envolviendo al socialismo y, en definitiva, a la izquierda de este país junto con los nacionalismos vascos y catalanes como instrumentos necesarios. Nos encontramos en una situación de una gravedad extrema.

El socialismo, la izquierda, el PSOE, IU, SUMAR, PODEMOS… repiten la jugada que les persigue a lo largo de la historia contemporánea. Una historia que nos tiene acostumbrados es la de que las formaciones políticas de la derecha tengan las responsabilidad de resolver todos los problemas a los que la izquierda nos sigue llevando.