Vinicius, lejos de la estela de Mbappé

El francés se consolida como una estrella goleadora tras marcar al Olympiacos otros cuatro tantos, mientras que el brasileño sigue en una especie de limbo

Otros cuatro tantos de Mbappé ayer en un abrir y cerrar de ojos. Ya son 22 los goles del astro en esta temporada, mejorando sus registros del curso pasado y afianzándose como la estrella desequilibrante que necesita cualquier campeón. Incluso se atisban paralelismos con Cristiano Ronaldo, que al igual que el francés, tuvo que despedirse de jugar en la banda en sus tiempos en la Premier para centrarse en marcar una barbaridad de goles en el Madrid. Y Mbappé genera reminiscencias del portugués. Tampoco la punta del ataque es su posición natural, sino en la izquierda, coto reservado para un Vinicius que no logra seguir la estela de su compañero. Pero el que es bueno se adapta a cualquier posición y el francés ha comprendido que en un conjunto como el merengue los egoísmos, los gestos, las polémicas y las declaraciones malsonantes te acaban lastrando.

Tiene a su compañero Vinicius en un limbo futbolístico, carne de polémica constante, que solo ha firmado cinco tantos en esta campaña. Es como si la vida le hubiera dado una lección; si pierdes la humildad, estás perdido. Y el extremo lo hizo cuando, en medio de diferentes polémicas, aseguró que en redes sociales que la gente «no estaba preparada para el Vinicius que iba a ser, diez veces mejor«. Pareció firmar una particular condena, porque desde entonces, hace más de un año, el brasileño vive en la calle de la amargura. Si desde la banda izquierda que ocupa, mira hacia el centro, verá el espejo donde mirarse. Mbappé habla poco, asume responsabilidades y es eficaz. También es negro, pero los aficionados no se lo recuerdan, quizás porque no dedica constantes gestos a las gradas de campos visitantes. Es el profesionalismo contra el infantilismo. Dos talentos especiales, cada uno con un rumbo distinto.

Porque una estrella, o ejerce como tal, o puede convertirse en un problema. Vinicius ha tenido que ver cómo los goles, el lanzamiento de penaltis y los focos han pasado a manos francesas. Los rivales, conocedores de su carácter, tratan de recordarle que ya no es un primer espada, como el jugador del Atlético, Koke, que le dijo «ya no tiras los penaltis, éste te ha comido la tostada». Pero Vinicius no es de evitar fregados. En vez de callar, responde. «Bueno, pero él los mete también». Los rivales saben que entra al trapo con actitudes pueriles y tratan de desquiciarle. Con Mbappé ni lo intentan, en poco tiempo ha entendido mucho antes lo que significa el Real Madrid y no gasta energía en batallas superfluas.

¿Renovación?

Entonces, el cuadro blanco se encuentra en una encrucijada. Porque su relación con Xabi Alonso no es la mejor. Ancelotti, a pesar de llevarle como a un hijo, estuvo a punto de perder los estribos con él en más de una ocasión. «Dedícate a jugar, h….«, le gritó en más de una ocasión. No es el primer caso ni el último de jugadores díscolos, ingobernables, los brasileños tienen esa tendencia mayor que nadie. Y su renovación está en el aire. ¿Le interesa al cuadro blanco mantener, a golpe de talonario, a un personaje tan polémico, que además mancha la imagen del club o es mejor sacar un buen dinero por él y que se vaya a Arabia?, ¿no es mejor, quizás, apostar por que el ex del PSG vuelva a su posición natural y reforzarse con un delantero nato, incluso manteniendo a un perfil más bajo como Rodrygo, que ahora no tiene sitio? Talento bajo sospecha en este caso, ya que los egoísmos en un juego colectivo acaban tirando al traste carreras prometedoras. ¿Podría seguir Lamine Yamal los mismos derroteros en caso de prestar más atención a lo que pasa fuera de la cancha que en ella?