OPINIÓN: A Yolanda Díaz trabajar le parece explotación. Por Fernando Cuesta

Hay frases que definen y califican a los regímenes donde la libertad se encuentra secuestrada. Son regímenes cuyos gobiernos consideran que son dueños de la ciudadanía. De ahí que ordenan y se ha de obedecer. No importa lo que se mande lo que importa es que se ejecute la orden, aunque vaya contra los derechos de las personas. “El trabajo desgasta y enferma”. Una frase que encaja muy bien en algunos países donde a los trabajadores se les considera como esclavos. Países en los que los regímenes apenas reconocen los derechos de quienes trabajan. Pero la citada frase no ha sido pronunciada por un valiente y disidente de los regímenes totalitarios. Nadie de esos regímenes ha pronunciado la frase porque se arriesga a tener muchos problemas e incluso a perder la vida. En este caso quien la ha pronunciado no reside en países con regímenes dictatoriales. Por lo tanto, se trata de una persona que desconoce lo que es un régimen sin libertad y pese a ello pronuncia una frase que no encaja en la sociedad actual. Es decir, que para nada ha sufrido en primera persona el azote de la explotación laboral.

Tampoco quien la ha pronunciado lo ha hecho para denunciar las condiciones laborales que padecen muchos ciudadanos en países que no respetan los derechos humanos. No está dicha por ningún disidente de los estados donde a los trabajadores se les explota hasta, incluso morir por esa explotación. La autora de la frase es una mujer que cada día que pasa confirma su escasa capacidad para ocupar un cargo de gran relevancia. Estamos describiendo a la ministra de trabajo, Yolanda Díaz. Su frase es un tanto singular. Además, Díaz parece no entender que la sociedad sabe perfectamente lo que es un trabajo y lo que es trabajar en una sociedad democrática. La ministra, que podríamos calificarla de antisistema de ·salón, va perdiendo popularidad y para darse a notar, nos dedica sesudas meditaciones y así poder recuperar protagonismo y credibilidad. Para destacar entre el consejo de ministros y sobre todo ganar la simpatía del presidente del gobierno, Pedro Sánchez. Sin olvidar el fortalecer su liderato dentro de su formación política, SUMAR, que se encuentra en un declive histórico.

Pero lejos de recuperar prestigio, la frase no la coloca en un buen lugar. La ministra no parece ser muy consciente que una frase tan lamentable en un país democrático no forma parte de la filosofía de nuestro sistema basado en la libertad y la tolerancia. Con un añadido; nos descubre que su capacidad intelectual no se encuentra a la altura de su responsabilidad. Además, la frase encierra algo muy preocupante: su falta de sensibilidad. Trata a los ciudadanos como ignorantes y analfabetos. Es decir, Yolanda Díaz vive fuera de la realidad. Ignora también que estamos en el siglo XXI. Nos habla como si aún estaríamos viviendo en el siglo XIX donde los trabajadores trabajaban en jornadas laborables interminables y sin apenas coberturas en caso de accidente o enfermedad. Aunque no es de extrañar ya que para esta señora ministra el solo acudir al trabajo ya es una explotación. A ella no se la conoce un empleo fuera del sindicato CCOO y del mundo de la política. Por tanto, está enviando un mensaje distorsionado a la sociedad.

No cabe duda que existen profesiones que tienen mas riesgo que otras. Por ejemplo, las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado tienen más riesgo que un representante o un profesor. Pero todos los trabajos lo tienen. Y desde luego hay trabajadores por ejemplo los mineros del carbón que, trabajando en una veta, están expuestos a que la galería donde se hallan se derrumbe. Aunque no están exentos de la enfermedad. Una enfermedad que pueden contraer en el interior de la mina y que es muy grave, la silicosis. Les persigue hasta incluso acabar con su vida. Pero el trabajar es necesario para poder mantenerse y vivir. La frase de la ministra no solo es irresponsable. Es un atentado contra la sociedad. Si no trabajamos no generamos actividad. Si no trabajamos no comemos, incluso la ministra no podría disfrutar de los privilegios que le reporta su labor como es viajar incluyendo a su hija, a cuenta de nuestros impuestos que aportamos por nuestro trabajo. Si no trabajamos no podemos ir de vacaciones. Si no trabajamos no podemos viajar. Si no trabajamos no podemos pagar el alquiler o hipoteca de una vivienda, etc,, etc, etc.

Óscar López, peor aún

Y no es la primera vez que la señora Díaz suelta frases inoportunas. Aunque no cabe duda que está definiendo y define al gobierno del que forma parte. Un gobierno donde el despropósito, la improvisación, la ineptitud y en definitiva, la incapacidad es su denominador común. Incluso hay ministros como Óscar López que supera a la casi insuperable Yolanda Díaz. El ministro de transición digital y función pública ha cruzado todas las líneas de la decencia. Ha responsabilizado del fracaso del PSOE en las últimas elecciones en la Comunidad de Aragón al ex presidente de dicha comunidad, el socialista Javier Lambán, ya fallecido. Lo cual significa que el socialismo, el PSOE y en definitiva la izquierda, que nos gobierna, no conoce lo que significa el respeto a los que ya no están y por tanto no se pueden defender.

La deplorable gestión de la gobernabilidad de este país no debería descargarse contra las personas que dignificaban al socialismo. Personas que sin renunciar a los principios y valores de la izquierda señalaban los errores para poder corregirlos. Lambán era una de esas personas que sin dejar de ser socialista reconocía que cabían mejoras en el socialismo y así lo expresaba. Pero en la actualidad ese socialismo ha pasado a mejor vida para ser sustituido por el sanchismo. Una ideología ‘cesarista’ que está llevando a la izquierda y a España al precipicio.