Uno de los capítulos más interesantes, más oscuros y obscenos de nuestra historia reciente está colocándose en el centro de la escena pública. Una escena que tiene lugar en los juzgados de nuestro país. Los escándalos envueltos en corrupción están siendo valorados a través de un juicio que está levantando una gran expectación en nuestra sociedad. Se juzga nada más y nada menos que al que fuera ministro de Transportes y ex Secretario de organización del PSOE, J.L. Ábalos, y que en la actualidad se encuentra en prisión preventiva. Un exministro al que la fiscalía le solicita 29 años de prisión, lo que define la gravedad de los delitos de los que se le acusa.
Aunque no está solo, hay dos personajes más, que han acaparado la atención de los ciudadanos en los últimos meses. Al lado de Ábalos se encuentran Koldo García, que se le conoce como consecuencia de ser una persona muy cercana al ex ministro y al presidente del gobierno, y el señor Víctor Aldama. Un empresario que podríamos calificarlo de “delincuente colaborador y arrepentido”, a medida de lo que está demostrando al tribunal. El juicio que ha dado comienzo no está defraudando desde que el citado empresario ha sido interrogado. Su declaración ha durado alrededor de diez horas en las que ha generado una gran incomodidad en el seno del PSOE. Sus declaraciones han sido tan notables que incluso ha señalado que el socialista y presidente del gobierno Sánchez, “lideraba una banda criminal”, el número uno, en la que él era el número cuatro, por detrás de Ábalos y Koldo.
Una declaración que ha llevado a Sánchez a vaciar su agenda del día siguiente a dichas declaraciones, algo muy contradictorio para los socialistas, que han afirmado que no están preocupados por lo dicho por Aldama. Es realmente muy preocupante que la reacción del presidente del gobierno sea tratar de evitar hacer frente a las acusaciones que se han hecho en su contra. El haberle señalado como el número uno de una “banda de delincuentes” y eludir su contestación para desmentir una acusación de gran calado y muy grave, no es la mejor estrategia. No contestar de manera rotunda desmintiendo las acusaciones vertidas por Aldama en el juzgado, además de estar obligado a decir la verdad, abre un campo amplio de sospechas de que lo dicho por Aldama sea una realidad incontestable.
Recordemos que el PSOE llegó al gobierno a través de una moción de censura con un discurso en el que la corrupción iba a desterrarse completamente. Un discurso que fue pronunciado por el hombre que hoy se encuentra en el banquillo de los acusados, acusado de corrupción. Su nombre es más que conocido, Ábalos, y fue capaz de formar un equipo deleznable. Un equipo de vividores y presuntamente estafadores, además, de timadores ,en el que el presidente del gobierno fue la clave principal para que los delitos que se juzgan se pudiesen llevado a cabo. El que fuera líder de Ciudadanos, Albert Rivera, los denominó muy acertadamente “una banda”. Una calificación que en lenguaje coloquial es muy plausible, pero en lenguaje utilizado por la Justicia es denominado como “organización criminal”. Una categoría delictiva que debería servir, en un país democrático como España, para que el presidente del gobierno y todo el ejecutivo presentaran su dimisión.
Vivimos unos tiempos en los que la corrupción de los políticos que nos gobiernan se ha asumido como algo normal. La sociedad española parece inmune a la corrupción, aunque repercuta en la cotidianidad. Aunque esa miserable corrupción de unos políticos indeseables nos repercuta de manera notable en la vida de los ciudadanos negativamente. Es lamentable y preocupante lo que estamos viendo y escuchando en los juzgados en el trascurso del juicio a una casta política corrupta. Es lamentable que la sociedad, de manera mayoritaria, no exprese su rechazo en las calles para exigir responsabilidades y una convocatoria de elecciones. Un país en el que la clase gobernante están involucrada en capítulos de corrupción tan notables como las que hemos conocido y no se muestra claramente su indignación y enfado, sin duda es un país enfermo.
Decadencia a todos los niveles
Aunque no debe de extrañarnos. Estamos asistiendo a un insulto y una humillación a las víctimas del terrorismo de ETA a través de poner en libertad a los asesinos etarras sin cumplir las penas. Un capítulo tan lamentable que, a pesar de ser tan grave y miserable, la sociedad se muestra indolente o, lo que es lo mismo ampara, la omertá, cerrando los ojos. Además, si todo ello no fuera suficientemente grave, consentimos que se haya aprobado una ley en la que las rebajas de penas a pedófilos, abusadores y violadores ha servido para que se pongan a cientos de esta “basura” humana, en libertad. Estamos viviendo unos tiempos en el que la decadencia social está acaparando todo el ambiente social. La indolencia está pasando a ser una enfermedad crónica de la sociedad española, que día a día está expulsando el sentido común y la Constitución por la que nos deberíamos guiar.
El socialismo, el PSOE que llegó al gobierno mediante una moción de censura para desterrar la corrupción, nos engañó. El socialismo liderado por Pedro Sánchez y personajes como Ábalos, Cerdán y demás cuadrilla llegó al gobierno de este país sabiendo ocultar y guardar de manera excelente un objetivo claro que nadie hubiera adivinado y que a día de hoy podemos comprobar en los juzgados. Podemos ser testigos en las dependencias judiciales del objetivo que perseguía el PSOE cuando llegó al gobierno. El objetivo se llama enriquecimiento de manera ilícita a través de la corrupción. Nos queda una alternativa democrática que se encuentra en el poder judicial. Serán los jueces los que resuelvan el entuerto en el que la democracia de este país se halla inmersa. Serán los jueces los que pongan ‘blanco sobre negro’ a través de la ley, los que devuelvan la legalidad al estado de derecho que estaba siendo contaminado por personajes que llegaron al gobierno disfrazados de héroes, pero que eran en el fondo lobos disfrazados de caperucitas.


