Compareció en el Tribunal Supremo dando la imagen de un hombre castigado por el destino amoroso y su tormentosa relación con Jésica. «Me hizo ‘ghosting'», una estrategia cuanto menos graciosa
José Luis nunca defrauda, se hace hasta complicado cogerle manía por muy canalla que sea. De la misma manera que no tuvo escrúpulos ni vergüenza en pisar platós de televisión para proclamar su inocencia sin titubear mientras estaba empezando a ahogarse en las aguas del fango, ahora no tiene reparos en mostrarse como ese truhán que perdió la cabeza por amor, pero queriendo dejar la impronta de, en el fondo, ser un señor. José Luis Ábalos compareció ante el Tribunal Supremo dejando una imagen muy distinta a la de un dirigente político frío o distante, sino un hombre pasional presa de un destino que no eligió. José Luis es un hombre de los de antes, sin vergüenza y sin reparos, una especie de Torrente en fino.
El exministro trató de construir durante su declaración un relato profundamente personal y emocional en el que se presentó como alguien que terminó atrapado por una relación sentimental, con la famosa Jésica, que acabó condicionando buena parte de su vida pública y privada. La típica estrategia de dar pena que, en vista de la situación que está inmerso, puede que sea su única estrategia posible. No solo es romántico y soñador, Ábalos también tiene ese punto de inocencia infantil, que cree que puede desviar la atención de un grave caso de corrupción a un salseo típico de Telecinco. Ábalos es de los que se cree el más listo de la clase, ambicioso dentro de sus limitaciones.
Él, lejos de centrarse únicamente en las cuestiones políticas o económicas del caso y responder a las preguntas importantes, tenía su propio plan: introducir constantes referencias a su vínculo con Jésica Rodríguez y al desgaste emocional que asegura haber sufrido durante todo el proceso, como si estuviera en una conversación con un amigo. “Tuve con esa persona una relación sentimental de verdad y a uno no le parece bien verla sufrir así”, afirmó el exdirigente socialista durante su intervención judicial, en una de las frases más comentadas de la jornada.
Con esas palabras, Ábalos quiso transmitir que detrás de la polémica judicial existía una historia personal que, según él, ha sido reducida a titulares y sospechas. En varios momentos, el exministro dejó la sensación de sentirse utilizado y expuesto públicamente por una relación que asegura haber vivido de forma sincera. “Yo ya soy personaje, carne de meme”, lamentó, evidenciando el impacto mediático que ha tenido la exposición pública de su vida privada. El exministro dio a entender que el caso ha destruido no solo su carrera política, sino también su imagen personal y emocional.
El tono de su declaración sorprendió incluso en algunos círculos judiciales, ya que Ábalos mostró más desgaste al hablar de su situación sentimental que de las propias acusaciones relacionadas con la trama investigada. Uno de los momentos más llamativos llegó cuando recordó la ruptura con Jéssica Rodríguez. “Ahí descubrí la palabra ‘ghosting’, no sabía lo que significaba”, explicó, describiendo cómo la relación terminó de forma abrupta y cómo esa situación le afectó personalmente.
La frase reforzó la estrategia de su defensa, centrada en presentar a Ábalos como un hombre emocionalmente implicado que habría confundido el ámbito privado con el institucional. Las propias declaraciones de Jéssica Rodríguez incorporadas al procedimiento también apuntan a una relación sentimental estable y seria. “Éramos pareja dentro de lo que yo entiendo”, aseguró ante el juez, añadiendo además que “yo creo que nuestra relación era una relación monógama”.
Divorcio en marcha
Según su versión, Ábalos le habría prometido incluso divorciarse cuando abandonara el Ministerio: “Dijo que mientras fuera ministro no se divorciaría”. La joven también dejó frases que evidencian el deterioro posterior de la relación, como cuando afirmó que “no creo que yo tuviera que ser segundo plato”. La defensa del exministro intenta aprovechar ahora esa dimensión sentimental para reforzar la imagen de un político que habría actuado más desde el afecto y la confianza personal que desde una intención delictiva.
Según la propia declaración de Jéssica, Ábalos continuó ayudándola económicamente incluso después de la ruptura porque “se sentía en deuda” tras incumplir algunas de las promesas realizadas durante la relación. Con este relato, el exministro busca trasladar a la opinión pública la imagen de un hombre que terminó atrapado entre el poder, las relaciones personales y una historia sentimental convertida ahora en uno de los ejes centrales de la investigación judicial.


