El líder de Se Acabó La Fiesta endurece el tono tras los malos resultados autonómicos y centra su estrategia en denunciar una supuesta persecución política.
El eurodiputado sevillano Alvise Pérez ha intensificado su discurso político en Andalucía después de los discretos resultados obtenidos por su formación en Aragón y Castilla y León. Con las encuestas en contra y un escenario político cada vez más polarizado, el dirigente afronta ahora un nuevo intento de introducir a su partido en un parlamento autonómico, esta vez con la vista puesta en unas futuras elecciones generales.
Durante varios actos celebrados en Andalucía, Alvise ha optado por reforzar una narrativa de confrontación directa con las instituciones, los partidos tradicionales y los medios de comunicación. En uno de sus discursos más comentados, lanzó un mensaje dirigido a sus simpatizantes en el que aseguró que “tendrán que ilegalizarnos” para frenar el crecimiento de su proyecto político, una frase que ha marcado el tono de su estrategia en las últimas semanas.
El líder de Se Acabó La Fiesta busca mantener movilizada a una base electoral muy activa en redes sociales, especialmente entre votantes desencantados con la derecha tradicional. Sin embargo, los resultados obtenidos hasta ahora en distintos procesos autonómicos han evidenciado las dificultades del partido para trasladar su impacto digital a una estructura territorial sólida y a representación institucional efectiva. Además, a nivel personal, tampoco es su mejor momento puesto que su propio padre le puso 2a caer de un burro’ en un podcast reciente.
En Aragón y Castilla y León, la formación no logró los resultados esperados pese a la fuerte presencia mediática de Alvise y a una campaña centrada en la denuncia contra el “sistema político”. El partido quedó lejos de convertirse en fuerza decisiva y no consiguió romper el dominio de las principales formaciones conservadoras, especialmente Santiago Abascal y el Partido Popular.
Ahora, Andalucía aparece como un territorio estratégico para el eurodiputado sevillano, además de ser su feudo. El objetivo pasa por aprovechar su notoriedad personal y el desgaste de parte del electorado para consolidar una candidatura competitiva en una comunidad donde el voto de protesta puede tener mayor recorrido. El propio Alvise considera que unas buenas cifras en Andalucía podrían servir como plataforma de lanzamiento para unas elecciones generales.
El perseguido
La estrategia del dirigente también pasa por reforzar la idea de persecución política. En sus intervenciones públicas insiste en que su formación incomoda al poder establecido y asegura que existe una campaña para silenciarlo. Ese discurso conecta con parte de sus seguidores más fieles, aunque también ha generado críticas incluso dentro del espacio conservador, donde algunos sectores consideran que el tono empleado dificulta cualquier crecimiento electoral estable.
La evolución del proyecto político de Alvise en Andalucía será observada de cerca por el resto de fuerzas políticas, especialmente por Vox y el Partido Popular, conscientes de que una fragmentación adicional del espacio de la derecha podría alterar futuros equilibrios electorales, más allá del actual ruido mediático.


