Estas palabras, que sorprenden incluso a sus votantes, se interpretan como un gesto amable ante las voluntades de intereses extranjeros
Las recientes declaraciones del líder de Vox, Santiago Abascal, asegurando que “Marruecos no es el enemigo de España”, han provocado una fuerte reacción política y social, especialmente entre sectores que consideran que la relación entre ambos países atraviesa uno de sus momentos más complejos de los últimos años. Las palabras del dirigente no se entienden ni entre sus votantes, debido al discurso especialmente duro que Vox ha mantenido históricamente sobre inmigración irregular, fronteras y soberanía nacional.
Las críticas se han centrado en que España mantiene abiertos numerosos frentes diplomáticos y estratégicos con Rabat. Uno de los principales puntos de tensión continúa siendo la inmigración irregular y la presión migratoria sobre Ceuta, Melilla y Canarias. El episodio más grave se produjo en mayo de 2021, cuando miles de personas cruzaron la frontera de Ceuta en apenas unas horas en plena crisis diplomática entre ambos países, una situación que el Gobierno español interpretó como una forma de presión política por parte de Marruecos.
A ello se suma el conflicto permanente en torno al Sáhara Occidental, uno de los asuntos más sensibles de la política exterior española. El cambio de postura del Gobierno de Pedro Sánchez apoyando el plan de autonomía marroquí provocó una enorme polémica política y diplomática, además de tensiones con Argelia. Buena parte de la sociedad española sigue defendiendo el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui y mantiene vínculos históricos con el Frente Polisario.
Otro de los asuntos recurrentes es la reivindicación marroquí sobre Ceuta y Melilla. Aunque Rabat no mantiene actualmente una ofensiva diplomática abierta sobre las ciudades autónomas, periódicamente dirigentes marroquíes y medios afines vuelven a cuestionar la soberanía española sobre ambos territorios, considerados por Marruecos como enclaves pendientes de descolonización. Por no hablar de que hace unos días encontraron un túnel entre Marruecos y Ceuta para el trasvase de droga.
Las relaciones bilaterales también se han visto afectadas en los últimos años por las sospechas de espionaje mediante el software Pegasus. Diversas investigaciones confirmaron que teléfonos móviles de miembros del Gobierno español, incluido el del propio Pedro Sánchez, habrían sido intervenidos, en un caso en el que distintos medios internacionales señalaron a Marruecos como posible responsable, aunque el reino alauí siempre ha rechazado cualquier implicación. La inmigración es otro campo de batalla, pero a pesar de que Marruecos envía a España a parte de su población reclusa y que luego crea graves problemas, Abascal le tiende la mano.
A todo ello se añaden disputas relacionadas con la delimitación marítima cerca de Canarias, el control pesquero, la cooperación antiterrorista, la regulación del campo y la dependencia mutua en materia migratoria. Pese a las tensiones, Marruecos sigue siendo uno de los principales socios comerciales de España fuera de la Unión Europea y ambos países mantienen una colaboración constante en seguridad y control fronterizo, a pesar de que se trata de una relación de interés más que otra cosa.
Las declaraciones de Abascal han reabierto así el debate político sobre cuál debe ser la posición de España respecto a Marruecos. Mientras algunos sectores consideran imprescindible mantener una relación estable con Rabat por razones geopolíticas y económicas, otros reclaman una postura mucho más contundente ante los conflictos diplomáticos, territoriales y migratorios acumulados durante los últimos años.


