Reclama que los inmigrantes no sea utilizados como «armas arrojadizas ni como intercambio político» y defiende la llegada de mano de obra extranjera
El arzobispo de Tánger, Emilio Rocha, ha asegurado que las mafias de tráfico de personas no están detrás de la entrada masiva de inmigrantes ilegales en Ceuta, al considerar que quienes han cruzado la frontera no han pagado a organizaciones criminales para llegar a España. En una entrevista concedida al programa La Linterna de la Iglesia, de COPE, el prelado afirmó que el fenómeno responde principalmente a la difusión de mensajes en redes sociales y a la percepción de que resulta complicado ejecutar repatriaciones inmediatas, lo que anima a muchos jóvenes a intentar alcanzar territorio español.
Rocha sostuvo que las organizaciones dedicadas al tráfico de personas actúan con un claro objetivo económico y, a su juicio, ese elemento no se da en esta crisis migratoria. «Las mafias actúan por dinero y los jóvenes que están saltando ni pagan», afirmó. Además, rechazó que la mayoría de los inmigrantes esté huyendo del hambre y defendió que Marruecos no puede considerarse un país pobre, sino un Estado donde existen importantes desigualdades económicas que empujan a muchos jóvenes a buscar un futuro mejor fuera de sus fronteras.
Según explicó el arzobispo, muchos de quienes intentan llegar a España lo hacen atraídos por la imagen de prosperidad que representa Europa y por la esperanza de mejorar la situación económica de sus familias. En este sentido, señaló que en numerosos hogares marroquíes la llegada de un familiar a territorio español se interpreta como una oportunidad de progreso, lo que alimenta el deseo de otros jóvenes de seguir el mismo camino pese a los riesgos que implica cruzar la frontera de manera irregular.
El responsable de la Iglesia católica en Tánger también hizo un llamamiento a la clase política española para rebajar la tensión generada tras la crisis migratoria de Ceuta. Rocha reclamó un «pacto de sensatez» entre los partidos y pidió que los inmigrantes no sean utilizados como «mercancía de intercambio político» ni como «armas arrojadizas» en el debate público. A su juicio, la respuesta debe combinar el control de las fronteras con una política migratoria ordenada y una mayor cooperación entre España y Marruecos.
Finalmente, el arzobispo defendió la necesidad de impulsar vías legales y organizadas de inmigración, recordando que España necesita mano de obra en determinados sectores. No obstante, insistió en que esos flujos deben gestionarse de forma planificada para evitar nuevas crisis humanitarias como la vivida en Ceuta, que ha dejado decenas de fallecidos y desaparecidos y mantiene una fuerte tensión política y social a ambos lados de la frontera.


