Deseábamos en un artículo reciente que la Selección española no ganase el Mundial con el fin de evitar a los parroquianos el cruel engaño de sentirse miembros de una patria grande y próspera, cuando en realidad se hallan en un Estado fallido decadente que absolutamente nada tiene que ver con la España que yo conocí en mi infancia y juventud, y eso que no soy un carcamal entrado en años. Ahora, con la invasión de Ceuta, y antes de que iniciemos el narcotizante período estival, la feligresía ya ha podido entrever aquello a lo que yo me refería hace tan sólo quince días, cuando advertía en este Diario de que algo no iba bien y de que pronto el motor empezaría a gripar.
Efectivamente, y tras el chute del Mundial, en el que curiosamente no hubo un solo fuego, y tras medio mes de incendios provocados por agentes de este Gobierno con el fin de infundir el pánico en la población y hacerles tragar con la Agenda 20-30, nos llega ahora la noticia de la invasión de Ceuta por los bárbaros, propiciada por sentencias y leyes estúpidas y criminales sancionadas por traidores al amparo de la división democrática de poderes que hace a la Patria débil e inerme ante su enemigo secular, el Islam. No veremos policías ni militares, ineptos y cómplices de los crímenes de sus superiores, intervenir en esta flagrante agresión a la integridad territorial de España; sí, seguramente, para reprimir las manifestaciones nazis de Ferraz o del Valle de los Caídos.
Porque esto es una invasión, no es una crisis humanitaria como nos quieren hacer tragar desde los medios al servicio del Gobierno y del Capital. Los alemanes de hace ochenta años tenían la suficiente inteligencia, que hoy nos falta a casi todos, para saber que el desembarco de Normandía no era una crisis humanitaria, y que no había que ir allá con barquitas a rescatar a los pobres soldados norteamericanos ahogados en la mar, sino ametrallarlos a todos sin piedad hasta que no quedase ni uno. Como todos los males de nuestro tiempo, es todo un problema de ideas, de inteligencia y de filosofía. Como bien han apuntado los play-boys portavoces de Podemos y de Esquerra, Pablo Fernández y Gabriel Rufián, esto es un ataque en un contexto de guerra híbrida operado desde Marruecos con la anuencia de la diplomacia norteamericana, de los tejemanejes sionistas y con la bendición de China, que opera desde el otro lado del Estrecho para meter en Europa sus productos con etiqueta marroquí; y que no se nos olvide el silencio perruno de las derechitas demócratas de PP y VOX que jamás osarían señalar los trapicheos de aquellas potencias extranjeras que les financian y a quienes lamen el trasero en rastrera pleitesía.

Ni olvidemos tampoco la sempiterna complicidad de Francia en hechos similares, como en el 11-M y en el apagón del 2025. Los siguientes capítulos de esta tragicomedia hispánica son Melilla y las Islas Canarias: primero Marcha Verde para provocar el terror por saturación, y después limpieza étnica, como en Orán en 1962, todo con la complicidad e inacción del Gobierno, el del traidor De Gaulle entonces y el del felón Sánchez ahora. Millones de pieds noirs de orígenes español y francés hubieron de dejar Argelia entonces, y millones de españoles abandonarán nuestros territorios al sur de Algeciras bien pronto, como pasó en Sáhara y Guinea. Aunque de esto no se libra ningún territorio, pues al paso que vamos los extranjeros serán mayoría en nuestro país en una sola generación. Sobre el silencio de la Conferencia Episcopal Masónica de la Secta del Vaticano, no voy a hacer mayor mención.
España es peligrosa
España es un país peligroso que urge sea destruido pronto, porque las élites internacionales que manejan el cortijo global saben perfectamente que aquí está el resto del verdadero pueblo de Israel que va a protagonizar los últimos tiempos del Apocalipsis con su Caudillo a la cabeza, en lucha contra la Bestia y el Anticristo, por eso llevamos cincuenta años ininterrumpidos de ataques intentando atontarnos, mestizarnos, descristianizarnos, drogarnos, envenenarnos, abortarnos, esterilizarnos y reemplazarnos, generando caos, confusión y discordia para que estalle otra guerra civil que sin duda tendrá lugar, y pronto, antes de lo que ustedes esperan, ya verán que llegue octubre y haya que encender la calefacción.
Cuando a Franco se le inquirió, en sus últimos días, sobre los peligros de la democracia y de la entrada en el Mercado Común, que él contribuyó activamente a propiciar, con la amenaza de la droga, la pornografía, el aborto y todas las maldades del mundo moderno que estaban bajo control durante su mandato, él simplemente respondió que ya sabía lo que venía, pero que era inevitable, y que confiaba plenamente en que el espíritu del pueblo español se impondría a todas las calamidades, bajo el mando de aquel Caudillo profetizado que él creyó ser y no fue, aquél que derrotaría definitivamente en los últimos tiempos al enemigo secular de la Patria más allá de la línea P de búnqueres que el mismo Franco mandó construir.
«Oh Iberia, combatida por la tempestad de los partidos, y por la ambición de los extranjeros, lucharás denodada contra sus embates, y la fama del esplendor de tu gloria se extenderá por las regiones más remotas… Una guerra europea llevará sus estragos por todas partes… La peste y otras muchas plagas la acompañarán, esparciendo el terror por doquier; el fanatismo de las falsas creencias y de los partidos intolerantes llenarán de víctimas muchos países, e Iberia será el asilo de todos los proscritos… Un formidable gigante saldrá de las regiones del Septentrión con un ejército innumerable como langostas, marchando a la conquista universal y dejando tras de sí ruina y desolación… Se levantarán multitud de sectas religiosas que acabarán de arruinar a las naciones bajo el amparo del gigante moscovita… Los católicos se refugiarán en tu seno, y tú, Iberia, volverás a imperar unida bajo una sola lengua, y del Tajo surgirá un guerrero, valiente como el Cid, quien reunirá en torno a sí innumerables huestes para salir al encuentro del formidable gigante que desde el Norte se aprestará a la conquista de la Península… Los Pirineos serán testigos del más cruel combate que vieron los siglos, y al tercer día elevará su estandarte como Constantino e, invocando el nombre de Yahweh de los Ejércitos, aniquilará al invasor y a los sectarios de las falsas creencias para llevar su bandera más allá del río Neva, y hará la felicidad de todo el género humano». Profecía del Caudillo del Tajo, del monje Bug de Milhas, s. XVIII.


