Los siete bancos principales del país registran beneficio de un 7% más que en 2024, que de nuevo no se traducirán en beneficios para los ciudadanos
2026 puede ser el año en el que España se establezca definitivamente como una oligarquía de poderosos que manejan los hilos, mientras gran parte del pueblo busca la manera de ahorrar en luz y de llenar la cesta de la compra. Juegan su partida de ajedrez y nosotros observamos, sabedores de que de las migajas que caigan del tapete dependerá nuestro día a día. Porque la banca sigue creciendo y el poder económico cada vez está más concentrado. Un número reducido de grandes empresas, bancos y grupos energéticos tiene una enorme capacidad de influencia sobre decisiones políticas, regulatorias y mediáticas e incluso los que cuentan lo que pasa, los medios de comunicación, muchos de ellos dependen de estos poderes. Todo queda en casa. Lo llaman democracia.
Se ha normalizado que todos los bancos crezcan al unísono, en este caso un 7% más que el año anterior, 2024. Los seis principales bancos españoles —Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja— cerraron 2025 con beneficios récord de 34.000 millones de euros, lo que supone un incremento del 7 % respecto al año anterior. El Banco Santander lideró el ranking de beneficios al alcanzar una cifra histórica de 14.101 millones de euros, un 12% más que en 2024. La frase aquella de «te ganarás el pan con el sudor de tu frente«, deberán ir quitándola de los refraneros porque se ha quedado ‘demodé’. ¿dónde queda la asimetría entre el esfuerzo, el sacrificio y el beneficio? Al ciudadano se le lleva pidiendo esfuerzos desde la pandemia, a todos los niveles y en todos los ámbitos. Si no hay recompensa se pierde el principio de equilibrio, y si no hay equilibrio no puede haber justicia. Y sin justicia, hay caos.
Los márgenes de beneficio de los grandes bancos no se traducirá en ningún bienestar de cara al pueblo. ¿Bajarán las hipotecas, el gasto público, la asfixia a los autónomos, algo? No, porque ese crecimiento ocurre en paralelo a un empobrecimiento percibido de la mayoría, sin mecanismos claros de redistribución, responsabilidad o retorno social. Lo único pseudo positivo de todo esto es que a la población ya no le impacta emocionalmente ningún dato. Y el motivo es que seguimos debajo del tapete esperando que otros muevan ficha, sabedores de que nuestra radio de acción es tan limitado como ilimitada nuestra capacidad de aguante.


