La epidemia mantiene una transmisión sostenida, ha superado los 3.900 casos confirmados y se teme su expansión a otros países
La República Democrática del Congo (RDC) afronta uno de los peores brotes de ébola registrados desde que se identificó el virus hace casi medio siglo. Según el último balance oficial difundido por las autoridades congoleñas, la epidemia ha provocado ya 1.801 fallecidos y 3.973 casos confirmados desde que fue declarada el pasado 15 de mayo de 2026. Con estos datos, la tasa de letalidad alcanza el 45,3 %, reflejando la elevada mortalidad de esta enfermedad infecciosa.
Las cifras del Ministerio de Comunicación, actualizadas hasta el 4 de agosto, indican además que 674 pacientes permanecen hospitalizados o en aislamiento, mientras que 776 personas han conseguido recuperarse. Las autoridades sanitarias mantienen activos los equipos de rastreo epidemiológico, que actualmente logran seguir el 75,3 % de los contactos de los casos detectados, un elemento considerado clave para intentar frenar la propagación del virus.
El brote continúa concentrándose principalmente en la provincia de Ituri, considerada el epicentro de la epidemia, aunque también se han registrado contagios en Kivu del Norte, Kivu del Sur, Haut-Uélé y Tshopo. Aunque en los últimos días no se han identificado nuevas zonas afectadas, el Instituto Nacional de Salud Pública del país advierte de que la epidemia permanece en una fase de «transmisión sostenida», con una elevada circulación del virus y riesgo de nuevos contagios.
La situación sanitaria se complica por las dificultades logísticas que presenta el este del país. Muchas de las áreas afectadas sufren conflictos armados, desplazamientos de población e importantes limitaciones en el acceso a servicios sanitarios, factores que dificultan tanto la detección temprana de los casos como el aislamiento de los pacientes y el seguimiento de sus contactos.
La actual epidemia ya ha superado al gran brote que afectó al este de la RDC entre 2018 y 2020, cuando se contabilizaron 3.481 casos y 2.299 fallecidos. Aunque aquella epidemia provocó más muertes, el número de contagios registrados ahora convierte al actual brote en el mayor de la historia del país en cuanto a casos confirmados.
Uganda logra controlar los contagios importados
Además, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que se trata de la decimoséptima epidemia de ébola declarada en la República Democrática del Congo y de la que presenta el crecimiento más rápido de contagios desde que existen registros en el país. No obstante, todavía se encuentra lejos de la epidemia más devastadora conocida, la que afectó a África Occidental entre 2014 y 2016, con cerca de 28.000 contagios y más de 11.000 fallecidos.

La expansión del virus también alcanzó a la vecina Uganda, donde se detectaron 20 casos confirmados, de los cuales 15 eran importados desde la República Democrática del Congo. El país notificó dos fallecimientos, pero logró contener la transmisión y fue declarado oficialmente libre de ébola el pasado 28 de julio, después de completar el periodo de vigilancia establecido por los protocolos internacionales.
Las autoridades sanitarias mantienen, sin embargo, una vigilancia reforzada en las zonas fronterizas para evitar una nueva introducción del virus, especialmente debido al intenso movimiento de población entre ambos países.
La cepa Bundibugyo preocupa por la falta de tratamientos específicos
El brote actual está causado por la cepa Bundibugyo del virus del Ébola, una variante menos frecuente que la cepa Zaire, responsable de la mayoría de grandes epidemias registradas hasta ahora. Según la OMS, esta variante presenta una letalidad que oscila entre el 30 % y el 50 % y, por el momento, no dispone de una vacuna autorizada ni de un tratamiento específico con eficacia demostrada.
El virus se transmite mediante el contacto directo con sangre, fluidos corporales o tejidos de personas y animales infectados, así como con objetos contaminados. La enfermedad comienza habitualmente con fiebre alta, debilidad intensa, dolor muscular y cefalea, pero puede evolucionar rápidamente hacia vómitos, diarrea, hemorragias internas y fallo multiorgánico, lo que explica su elevada mortalidad cuando no se diagnostica y trata de forma precoz.


