La ciencia-ficción como nueva religión progresista. Por Ignacio Tusurya de Huegun

Con motivo de la patraña del viaje a la luna del Artemis II, esa lavadora de ventanilla redonda sujeta en el aire a gran altura por un globo hinchado por efecto del vacío de las capas superiores de la atmósfera, como todos los satélites y la propia Estación Espacial, me gustaría dedicar unas palabras en este artículo en relación al gran fraude de la mal llamada Ciencia del s. XX hasta hoy, que en el fondo no es sino una Ciencia-Ficción pergeñada, y no profetizada, por habilidosos guionistas, desde Albert Einstein a Isaac Asimov, miembros todos, casualmente, de una determinada raza mafiosa que ha configurado todo el pensamiento de la sociedad moderna occidental en los últimos dos siglos, no para mal, sino para lo peor.

Ciencia es para Santo Tomás de Aquino el hábito intelectual demostrativo que busca el conocimiento racional y sistemático de los universales de las cosas por sus causas, a partir de unos principios evidentes del conocimiento humano (identidad, no contradicción, causa-efecto y razón suficiente), a través de la lógica inductiva y deductiva. La ciencia no debe ser necesariamente empírica, porque no todas las realidades inteligibles pueden ser aprehendidas a través de los sentidos. De modo que Ciencia puede ser la Química, la Física, la Metafísica, la Historia, la Filosofía o la Teología, en un contexto en el que hay realidades inteligibles y cognoscibles materiales, inmateriales y sobrenaturales, sensitivamente perceptibles y no perceptibles, y en el que la realidad de lo natural y de lo sobrenatural están netamente separadas, siendo la analogía la manera de comprender las esencias sobrenaturales.

La fe forma parte de la Ciencia tanto como la razón, desde el momento en el que la gran parte del conocimiento científico se recibe y se cree por fe en aquéllos que formularon y probaron los postulados científicos, de modo que nadie anda hirviendo el agua a ver si es cierto que ebulle a los cien grados, ni probando todos los trozos de cobre a ver si son conductores eléctricos o no. La Ciencia sobre el pasado también se funda en la fe, en la autoridad de los testimonios de aquéllos que contemplaron cosas pretéritas. El sentido común de lo que siempre fue creído por el hombre en todo tiempo y lugar conforme a la naturaleza de las cosas también es fuente científica de conocimiento por fe, del mismo modo que la Revelación divina de aquél que legisló las leyes científicas que rigen un mundo ordenado y previsible. Finalmente, la Filosofía como disciplina científica nos aporta el aparataje básico para hacer Ciencia con base en la esencia de las cosas, tal es la Metafísica;  el modo de conocimiento humano, tal es la Lógica mayor o Teoría del conocimiento; y las relaciones lógicas entre los conceptos, tal es la Lógica menor silogística.

La Ciencia no es, por tanto, eso que nos venden en medios de comunicación, películas y los documentales de La 2. Los últimos científicos solventes, cristianos y filosóficamente bien formados, Lorentz, Maxwell, Poincaré, Lord Kelvin, entre otros, se extinguieron a principios del s. XX para ser sustituidos por una mafia de rufianes embaucadores, pertenecientes en su gran mayoría a cierta raza mafiosa: Einstein, Oppenheimer, Fermi, Bohr, quienes nos vendieron una nueva Ciencia, nunca demostrada empíricamente, basada en una filosofía cabalística y panteísta que sostenía básicamente que de la Nada surge la esencia divina, la cual evoluciona de menos a más en un proceso dialéctico hasta constituir la Naturaleza, el Hombre y el Espíritu: tal absurdo contradictorio es el fundamento básico del pensamiento progresista moderno y de toda la falsa filosofía que se extiende desde Baruch Spinoza, pasando por Descartes, Kant, Hegel, Marx, Nietzsche y Sartre hasta el nihilismo moderno, consecuencia lógica de tantos siglos de partos mentales del Hombre caído tras el pecado original.

No es de extrañar, por tanto, que los científicos de hoy en día, auténticos botarates y estafadores de baja estofa, si no asesinos que envenenan a la gente y ocultan remedios conocidos a ciertas enfermedades graves, se dediquen a pontificar a los necios, como sacerdotes de una nueva religión que nada tiene de Ciencia, antes bien mucho de filosofía barata, afirmando, sin probarlo en laboratorio y sin ninguna lógica racional, que Dios o el alma no existen, que el agua se curva en una gran bola planetaria por efecto de la gravedad, que la luna es un trozo de roca, que el sol es una estrella muy lejana, que se pueden generar explosiones por la fisión del núcleo atómico, que existen cuatro grandes fuerzas y muchas partículas y particulitas, que hay materia y energía oscura porque no saben por dónde les da el aire, o que se puede salir al espacio, y hasta ir a la luna, sumiendo a la humanidad durante los últimos cien años de Historia en el mayor atraso científico jamás conocido, sólo suplido por mejoras tecnológicas por el conocimiento y tratamiento de nuevos materiales con base exclusivamente en conocimientos del s. XIX, cuando había científicos de verdad, sabios y cristianos. Los coches siguen andando igual y las pistolas tirando igual, quemando gasolina y pólvora, y mejor lo antiguo que lo moderno.

Cualquiera con dos dedos de frente sabe que los efectos de la supuesta gravedad no son otra cosa que cuestión de densidad de materiales respecto del aire; que la constante de aceleración de 9, 81 m/s. no viene marcada sino por la densidad del campo de neutrinos que constituye el espacio; que el agua no puede curvarse y que la Tierra es plana, como confirma el Profeta Isaías, quien define a la tierra como jug, círculo o compás, y no dur, bola; que los aviones no varían su ruta por la supuesta curvatura de la Tierra; que los barcos sólo desparecen tras el horizonte si no se tiene un buen telescopio para verlos; que en el espacio no se ven las estrellas, porque son reflejos o linternazos en la atmósfera de sonoluminiscencias en las aguas superiores; que el experimento Michaelson-Morley prueba que la supuesta velocidad de rotación de la Tierra es imposible; que el efecto Coriolis se anula durante los eclipses; que Erastótenes dio por supuesto que los rayos solares caían perpendicularmente sobre la Tierra; que la gravedad de la luna no afecta al agua dulce de los grandes lagos, sino sólo a la salada de los mares, por lo que es, más que inexistente gravedad, un efecto electro-magnético; que la luz de la luna es más fría que la del sol, por lo que no puede reflejar a ésta; que es casualidad que todos los cráteres de la luna estén formados por meteoritos que impactan sólo a 90 grados, mientras que en la Tierra no tenemos casi ninguno; por no hablar del gran fraude del viaje de tres masonazos a la luna en 1969 y sus ridículas imágenes grabadas desde la ventana circular de una lavadora volante a oscuras, con confesión de parte por Stanley Kubrick, otro miembro de la citada raza mafiosa. 

Los extraterrestres, lo próximo

Pronto nos vendrán con la milonga de la invasión extraterrestre, que ya son décadas preparándonos con películas y series jewllywoodienses, pero sepan ustedes que no se trata de alienígenas: son demonios y ángeles caídos de la Termosfera, la quinta y sexta trompetas del Apocalipsis, de esto se ha dado cuenta hasta el vicepresidente norteamericano. Miren, miren el compás de Isaías y la escuadra masónica contrapuestos, miren y vean la estrella Polar, la fuente subterránea de energía electromagnética, y en la convergencia de sus cuatro puntas, el sol y la luna en un solo ojo circular, dándole vueltas. Vivimos en una sociedad en la que absolutamente todo es un engaño satánico de grandes proporciones, empezando por la mal llamada Ciencia, de la que sólo se libran las materias de la Física mecánica de la Ingeniería, porque la Tierra le ha sido concedida al rey del engaño y de la mentira, quien ahora, sin Iglesia que lo retenga, impera a su voluntad, aunque sabe que le queda poco tiempo.

Un engaño que se remonta al Renacimiento, al fin de la Filosofía tomista, y al inicio de la filosofía moderna. Una estafa basada en el progresismo evolutivo panteísta, fatalista y ateo de la Cábala judaica, continuado en el pensamiento democrático padre del liberalismo y del comunismo materialistas al servicio del Capital. Y su objetivo fundamental es hacer creer al Hombre que no es un ser relevante, hecho especialmente por Dios a su imagen para habitar la única Tierra del Universo; sino, al contrario, que es polvo de estrellas, pura materia surgida de la absurda flatulencia del Big Bang o Tsimtsum cabalístico; un naúfrago insignificante en un grano de arena entre miles de millones de una playa entre miles de millones de playas. Y, sobre todo, hacerle creer que Dios no existe, y que no se preocupa de él, que la salvación le vendrá de otros y no de Jesucristo. Y mientras, los ángeles brillan en las aguas superiores mostrándonos la Historia de la salvación adorando al que se sienta en su Trono al Septentrión, sobre la Polar (Ethelbert Bullinger).