Las ayudas del gobierno nipón a los coches eléctricos han disparado las existencias de los de gasolina, que buscan un destino obligado en otro sitio
China se encuentra con un problema con respecto a la fabricación de autómoviles, que podría contar con una repercusión directa en el Viejo Continente y en el resto del mundo. Ahora mismo el ‘stock’ de coches de gasolina es excesivo, debido a que el gobierno nipón apostó por el eléctrico, favoreciendo y concediendo ayudas para su utilización. De este modo, muchos fabricantes de vehículos de gasolina necesitan darles salida de algún modo, lo que podría traducirse en costes muy económicos. Si ya de por sí el precio de estos bólidos es más barato que en otros países, esta necesidad de venta podría tener influencias beneficiosas en otros mercados.
Hasta ahora, el auténtico dolor de cabeza de muchos países era limitar la expansión del coche eléctrico chino, protegiendo sus mercados con aranceles, pero ahora hay que sumar una nueva situación: los grandes fabricantes, especialmente estadounidenses y alemanes, se encuentran con una competencia directa a menor coste. En países como Polonia, Sudáfrica o Uruguay se ha dado un significativo aumento de los vehículos de esa procedencia. Y es que la realidad es que los vehículos de combustibles fósiles han representado el 76% de las exportaciones automovilísticas chinas desde 2020, y los envíos anuales totales pasaron de un millón a, probablemente, más de 6,5 millones este año, según datos de la consultora china Automobility.
Tan solo las exportaciones de vehículos de gasolina de China —sin incluir los vehículos eléctricos ni los híbridos enchufables— fueron suficientes el año pasado para convertirla en el mayor exportador mundial de automóviles, según datos de la industria y del gobierno. Este fenómeno pone de relieve el profundo impacto de la política industrial china, ya que los competidores extranjeros intentan seguir el ritmo de las empresas respaldadas por el gobierno, que persigue dominar sectores cruciales a nivel nacional e internacional. Además, refleja una colisión entre el actual impulso de Beijing a los vehículos eléctricos y las políticas más antiguas de vehículos de gasolina de China, aprovechando la tecnología de los fabricantes de automóviles extranjeros.


