Opinión: ‘Sentencia histórica’. Por Fernando Cuesta.

Por primera vez en la historia reciente de España, en nuestra moderna democracia, se ha condenado al Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, que se encontraba en activo. A pesar de habérsele solicitado, antes de que se celebrara el juicio, que dimitiera del cargo, se ha mantenido ejerciendo su responsabilidad. Quienes llevaron a cabo dicha solicitud lo hacían para tratar de proteger la institución porque veían peligrar el prestigio de la misma. Hacían esa solicitud para evitar que la institución fuera señalada por la sociedad de manera negativa y sobre todo porque era la cabeza visible la que estaba siendo cuestionada por algunas de sus actuaciones. Y así la institución no se viera de alguna manera deslegitimada, ya que dañaría muy especialmente la calidad democrática del país.

La asociación mayoritaria de los fiscales se lo solicitó, pero a pesar de los motivos sensatos que se le trasladó, Ortiz se mantuvo en su cargo. Su resistencia no solo se debió a su empecinamiento o su persistencia en el cargo. También pesó en gran medida a que desde el gobierno de la nación se apostaba por Ortiz y por tanto apoyó su permanencia en el cargo. Algo que sucedió, pero no fue muy acertado. Ahora, la sentencia deja muy claro que el gobierno no debería haber tomado partido ya que dicha misiva también condena a quienes apoyaron al Fiscal General del Estado en no dimitir de su cargo antes de ser juzgado. Sin olvidar a todos aquellos fiscales que antes de entrar en la sala donde se le juzgaba al señor Ortiz, le hicieron pasillo y le aplaudían a su paso. Fue un aplauso lamentable que debería hacer reflexionar a todos ellos y que solo tiene una interpretación: Presionar al tribunal que le iba a juzgar. Pero afortunadamente en España ha prevalecido la independencia. Los fiscales ignoraron este detalle” creyendo que España era un país semejante a lo que es hoy Venezuela.

La justicia se pronunció bajo todas las garantías procesales de un estado democrático. La sentencia ha sido clara. Se le ha condenado por un grave delito. Violar el derecho de los ciudadanos a su intimidad. Violó datos confidenciales con el objetivo de perjudicar a una destacada responsable política, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. La sentencia señala que quedó claro que Ortiz dio a conocer el correo electrónico del novio de Ayuso en la negociación que llevaba a cabo con la hacienda pública. Buscó erosionar la carrera política de Ayuso para ‘agradar’a quien le debe el cargo y agradar al presidente del gobierno, ya que éste no está siendo capaz de hacerlo. Así se explica ese apoyo del gobierno hacia el señor Ortiz.

El fiscal era más que consciente de que era culpable de la filtración de los datos de un contribuyente porque incluso borró pruebas que le iban a inculpar. El señor Ortiz, al borrar dichas pruebas de manera inconsciente, admitió su culpabilidad. Porque si dichos borrados hubieran servido para demostrar su inocencia no cabe la menor duda que no se hubieran llevado a cabo. La sentencia y la condena correspondiente es el primer capítulo de la primera gran derrota del gobierno socialista. Tras siete años al frente, el PSOE empieza a oler la podredumbre en que ha convertido su gestión. El PSOE ha pasado, como nos dijo su líder Sánchez y el hoy en la cárcel por corrupción, J.L. Ábalos, que venían a liderar el gobierno para llevar a cabo la regeneración democrática y a eliminar la corrupción que formaba parte del deterioro democrático.

La sentencia que declara culpable al ‘apadrinado’ por Sánchez es la avanzadilla del declive del socialismo con el sello ‘sanchista’. Un sello que no será colocado de manera preferente en las vitrinas de las estancias y museos socialistas. Tal vez se decida trasladarlo al almacén para evitar que algún socialista, que visite el museo dañe la estantería donde se encuentre expuesto. Y también para evitar ver día tras día el sello que recuerde una de las peores etapas del socialismo en la democracia.