El trilero mayor del reino regresa al centro del escenario para recuperar su protagonismo. Vuelve a su espacio natural pese a los problemas que le acechan y que se han trasformado en corrupción. Una corrupción que ha llegado hasta la familia del inquilino de la Moncloa. No trato de faltar al respeto al señor Sánchez, por denominarlo trilero, pero su trayectoria confirma de manera clara su actitud y comportamiento que le hace acreedor del apodo con que le he bautizado. Con semejantes antecedentes, a nadie, a estas alturas, le puede sorprender que el susodicho se le haya relegado a un papel irrelevante en el plano internacional. Los socios de la UE y de la OTAN se han percatado de su manera de actuar ya que en más de una ocasión ha tomado decisiones que no han encajado como socio que respete los acuerdos firmados con los socios.
Pero lo más lamentable es que todo lo que lleva a cabo el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, repercute a todos los ciudadanos de este país. Aunque lo más negativo de todo es que nos trate de engañar. Porque el señor Sánchez ha instalado en el gobierno la mentira como eje principal de su gestión. Personajes como Sánchez se consideran con una intelectualidad superior al resto de los ciudadanos y lo trata de demostrar muy a menudo recurriendo a estrategias bastante caducas. Pese a ello, como corresponde un individuo que se considera superior, elige proyectos muy amortizados como es el de colocar la zanahoria para a continuación agredirnos con la porra que llevaba escondida. Sucedió con los de decretos ‘ómnibus’ que presentó para ser aprobados.
Los decretos formaban parte de una estrategia que podemos tildar de ‘totum revolutum‘. Unos decretos que contenían unas mezclas imposibles de ser compatibles. Se consideraba lo mismo una tuerca que un tornillo. Se mezclan churras con merinas. La subida de las pensiones se une al hecho de de no poder desahuciar por impagos del alquiler de la vivienda a los inquilinos morosos. Como vemos nada tenían que ver unos con otros. En este caso se vuelve a repetir. El gobierno va a someter, en el Congreso de los Diputados, a votación, la aprobación de las medidas que amortigüen el impacto del conflicto en Oriente Medio rebajando varios impuestos sobre los productos derivados del petróleo, con medidas para promover el cierre de las centrales nucleares.
La historia se repite. En ese plan, el gobierno de España, de nuevo, quiere que se añada también la aprobación de la clausura de las centrales nucleares. El gobierno de la nación esconde sus pretensiones. Quiere que se apruebe, por la puerta de atrás, la autorización de la clausura de centrales nucleares para evitar una respuesta de los ciudadanos contraria. Demuestra, otra vez el presidente del gobierno, que no es acreedor de fiabilidad. Tratar de esconder una decisión muy polémica y que sabe que no tiene el consenso de la ciudadanía para cerrar las centrales nucleares. No solo es antidemocrático, sino que también es de una notable miseria moral. A la sociedad española no se la puede privar el decidir la fuente principal de dependencia energética.
Los ciudadanos de este país, tienen derecho, en esta materia, a ser consultados de igual manera que se hizo para la integración de España en la OTAN que se llevó a cabo mediante un referéndum a pesar de las viejas consignas de izquierdas. Los ciudadanos decidimos, a pesar del gran movimiento de la izquierda , que había que integrarse. En este caso los ciudadanos deben tener voz y voto, pero a diferencia del referéndum de la OTAN son los profesionales en la materia los que también deben opinar. Sabemos que se decantan por la continuidad, por el funcionamiento de las centrales nucleares. Se basan en su gran seguridad y su gran eficiencia. Además de su bajo coste. Sin excluir un referéndum, los técnicos son los que más y mejor conocen la materia y son ellos y no los políticos los que mejor y más adecuadamente deberían decidir. Por tanto, el meter en el mismo saco las medidas de choque contra la crisis de Oriente Medio con el cierre de las centrales nucleares es un total despropósito digno de gobiernos ineptos e incompetentes.


