La epidemia ya ha causado más de 10.000 contagios en la República Democrática del Congo y se ha propagado a otros países africanos
La epidemia de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) ha superado los 5.000 fallecidos y los 10.000 contagios, según los últimos datos difundidos por las autoridades congoleñas. El brote, declarado en mayo de 2026, se ha convertido en el más mortífero registrado en la historia del país y en el segundo de mayor magnitud a escala mundial, solo por detrás de la epidemia que asoló África occidental entre 2014 y 2016.
Las cifras más recientes recogidas por Associated Press sitúan el balance en 5.026 muertos y 10.351 personas infectadas. La enfermedad se ha extendido por ocho de las 26 provincias congoleñas, con especial incidencia en Ituri y Kivu del Norte. La tasa de mortalidad se aproxima al 50%, aunque el balance puede variar a medida que se notifican nuevos casos y se actualizan los registros.
El brote está provocado por el virus Bundibugyo, una variante del ébola para la que actualmente no existen vacunas ni tratamientos específicos aprobados. La atención médica se centra en el aislamiento de los pacientes, el seguimiento de los contactos y los cuidados de soporte para tratar los síntomas y las complicaciones.
La propagación está siendo especialmente difícil de contener por la detección tardía de los contagios, la debilidad de los servicios sanitarios y la situación de inseguridad en algunas zonas del país. Además, una parte importante de las personas infectadas no había sido identificada previamente como contacto de otros pacientes, lo que complica el rastreo de las cadenas de transmisión.
La epidemia alcanza otros países africanos
La preocupación internacional ha aumentado después de que se notificaran casos relacionados con el brote fuera de las fronteras congoleñas. Kenia, Uganda y Nigeria figuran entre los países afectados, mientras que también se ha registrado un caso en Francia vinculado a la expansión internacional de la enfermedad.
La Organización Mundial de la Salud mantiene la vigilancia sobre la evolución de la epidemia y reclama reforzar los controles sanitarios, la detección temprana y la cooperación entre los países afectados. En su evaluación publicada el 23 de octubre, la OMS consideraba muy alto el riesgo dentro de la República Democrática del Congo, alto para los países que comparten frontera con ella y bajo para el conjunto del mundo. También desaconsejaba imponer restricciones generales a los viajes o al comercio con los países afectados.
Ataques y desconfianza dificultan la respuesta sanitaria
A la emergencia médica se suma la inseguridad a la que se enfrentan los trabajadores sanitarios. Los ataques contra personal que participa en las labores de prevención y asistencia, junto con la desinformación y la desconfianza de algunas comunidades, están dificultando la respuesta sobre el terreno.
La muerte de profesionales sanitarios durante las últimas semanas ha vuelto a poner de manifiesto los riesgos de trabajar en las zonas más afectadas. Las autoridades y los organismos internacionales afrontan el desafío de frenar los contagios en un contexto marcado por la falta de recursos, los conflictos armados y las dificultades para acceder a determinadas poblaciones.
Con más de 5.000 fallecidos y 10.000 contagios, el brote representa una de las mayores emergencias sanitarias actuales en África y mantiene en alerta a los países de la región.


