OPINIÓN: El Informe Pisa refleja una enfermedad crónica. Por Fernando Cuesta

Estos días hemos sabido del informe de evaluación sobre la trayectoria de la enseñanza de los alumnos de España y de varios países que forman parte de la OCDE. El citado estudio, que conocemos como PISA, ha reflejado un deterioro de tal calibre que lo podríamos diagnosticar como una enfermedad crónica. La enseñanza en nuestro país no se encuentra en un estado de salud óptimo. Es el peor resultado obtenido desde que se comenzó a valorar el grado de enseñanza. Los resultados dejan constancia de un cada vez menor nivel académico de los alumnos españoles.

Uno de los datos que señala el informe es el retroceso más que significativo en compresión lectora. Un hecho que viene a confirmar el error estrepitoso que desde el Ministerio de Cultura, liderado por el ministro Urtasun, con las encuestas realizadas con respecto a la lectura. Se decía que los jóvenes entre los 14 años y 24 eran los que más leían en este país. Lo afirmaba de manera muy ostentosa y orgullosa el ministro fruto de esa forma y manera de manipular la realidad.

Es muy lamentable que este país, pese a que se editan miles de libros al año y crezcan las ventas, sus lectores escaseen. Una prueba de ello es que existe un cada vez mayor número de librerías que cierran las persianas. Y si nos acercamos a las bibliotecas, son cada vez menor el número de personas que allí pasan tiempo, aunque también es verdad que con internet ya no tiene tanto sentido.

Este deterioro intenso de la enseñanza se percibe de manera muy clara por las calles. Observamos que de forma frecuente los jóvenes no cargan con libros, pero sí llevan en sus manos y no quitan la vista de sus teléfonos móviles. Instrumentos que sirven de freno en la dedicación al estudio. Además, ese deterioro es la herramienta para una deficiente formación de la persona.

No solo se asiste a clases para estudiar las diferentes materias, también entra en esa conjugación la educación, disciplina y respeto a la jerarquía, junto el esfuerzo y el buen compañerismo. Todo ello no sería posible ejecutarlo sin la participación esencial de sus progenitores. Unos progenitores que, sin una generalización extendida, se resisten al apoyo que deben tener los maestros y profesores. Sin olvidar de una pieza esencial el estado, el gobierno.

Un combinado letal para la enseñanza y la educación. Además, con un actor importante. Los padres o tutores se han echado al monte. No son verdaderamente conscientes de que su protección a los hijos ha saltado todas las barreras. Sin ellos, sin los padres que en no pocas ocasiones se han alineado con ese proteccionismo que podríamos llamar terrorista para desposeer al enseñante de autoridad frente a sus retoños. Se ha llevado al extremo que incluso se van incrementando los episodios de agresión de padres hacia los enseñantes.

La excusa de las pantallas

Lo que indica que la profesión de maestro y profesor se ha convertido en una profesión de riesgo. El estado y el gobierno de turno como el actual no tienen ningún proyecto para erradicar el riesgo que sufren los enseñantes. De ahí que el informe PISA señale esa falta de compromiso de todos los entes que forman parte del sistema educativo español.

Tras esta evaluación sobre la enseñanza se ha buscado un chivo expiatorio claro. Las pantallas. Hay que buscar el culpable para desviar la atención de verdadero culpable y que no es uno solo. Son varios y que ya he señalado. Los padres, con su falta de compromiso del papel que deben desempeñar, intentando cargar siempre la culpabilidad al profesional de la enseñanza. Y hay otro gran culpable.

Lo diferentes gobiernos socialistas que en esta última reforma han superado todas las barreras. Se consiente pasar de curso sin obtener los conocimientos mínimos para ello. Se promociona sin haber superado el nivel del curso. Quien no quiera ver el problema la verdad se creerá cualquier cosa que le señale el sistema. Personas que difícilmente podrán estar al frente de un país que garantice a la sociedad una calidad de vida satisfactoria, también en educación.