Trump le está viendo las orejas al lobo

La imposibilidad de la circulación libre del petróleo le empieza a agobiar, mientras sigue enviando más soldados al Golfo Pérsico

A buen seguro que en el foro interno de Donald Trump, la guerra contra Irán no está transcurriendo bajo los cánones que a él le gustaría. Quizás le esté sorprendiendo la capacidad de resistencia de Irán, sus alianzas y, sobre todo, que el mundo está dejando de lado a Estados Unidos en esta era de Internet, donde la información llega desde diferentes ángulos y la capacidad crítica es mayor. Su capacidad bélica, conjuntamente con Israel, es sin duda poderosa, el número de bajas de los suyos es mucho menor que las del enemigo, pero no hay más que recordar lo que ocurrió en Vietnam, cuando lo que se suponía que iba a ser una alfombra roja se convirtió en una pesadilla sobre el terreno, un terreno que no domina, porque no es lo mismo ‘jugar en casa que fuera’. Y más cuando hay tantas naciones ‘locales’ implicadas que conocen el lugar.

Las dudas del mandatario se observan en varios frentes. Por un lado, no hace sino aumentar el número de militares congregados en el Golfo Pérsico. Con los 3.500 soldados adicionales en las últimas horas, ya son más de 50.000 desplegados. Algo no le tiene que estar gustando a Trump para solicitar constantemente más refuerzos. Otro de los frentes que le traen de cabeza a Estados Unidos es la gestión del petróleo. El cierre del estrecho de Ormuz impide la libre circulación del valioso líquido, con las consiguientes influencias en los mercados, y esto es una quebradero de cabeza para el americano, una baza que Irán está sabiendo jugarla, mientras está empezando a pensar en tomarlo a la fuerza porque de otra manera se empieza a complicar.

En las últimas horas, ha asegurado que Irán permitirá el paso de veinte buques con bandera americana por el estrecho de Ormuz como «un regalo» o un «gesto de buena voluntad». Unas declaraciones que hay que coger con pinzas porque, respecto a las «supuestas negociaciones que iban por buen camino» de hace unos poco días, Irán se encargó de desmentirlas totalmente en los días previos, asegurando que «nunca negociaría con el enemigo» y declarando que se trataba de una invención. Además, Trump, por un lado, habla de acuerdos y, por el otro, afirma que su preferencia sería “tomar el control del petróleo” del país y deja abierta la posibilidad de apoderarse de la isla de Jarg, principal terminal de exportación iraní.

Unas declaraciones contradictorias que evidencian que el ‘modus operandi’ de USA tiene lagunas. Veremos si es cierto que Irán abra las ‘puertas’ del paso marítimo o es otra maniobra de Trump, mientras que Irán ha amenazado con «una lluvia de fuego» si esto pasase. No tiene visos de que las negociaciones servirán, teniendo en cuenta que Irán viene de anunciar que «Washington negocia en público mientras planifica ataques en secreto«. De modo que, en vista de los acontecimientos, las palabras en tiempos de guerra parecen tener un cariz más propagandístico que real.

Unos ataques, los próximos, que podrían cambiar de disposición. Porque Estados Unidos, con 50.000 efectivos desplegados, está considerado la vía de los ataques terrestres, en los que ambas facciones se enfrentarían ‘cara a cara’, pero cuyas consecuencias podrían ser más fatales porque los combates serían directos, con el fin de controlar el territorio desde dentro y, también, con más riesgo de muerte, el escenario bélico de toda la vida. Mientras se oyen voces que hablan de que «la guerra podría acabar pronto» y abren las puerta a negociaciones, cada vez hay más efectivos destinados al conflicto y ya se estudian nuevas formas de ataques.

La OTAN y España, en contra

Otra de las derrotas de Estados Unidos en el conflicto es que ha perdido el relato. Pensarán que de qué manera se les ha escurrido entre los dos, pero la verdad es que esto viene de atrás y el tiempo ha terminado por situarlos lejos de ‘los buenos de la película’. Sus alianzas actuales son mínimas. La OTAN, con su ‘No a la guerra’, le mandó un mensaje directo, y, en cuanto a España, la postura siempre ha sido favorable a la no utilización de las bases españolas para fines bélicos, llegando a cerrar el espacio aéreo para actividades relacionadas con la guerra en una decisión de última hora. Estados Unidos, observado con recelo por la comunidad internacional, deberá medir con cautela sus próximos pasos si no quiere crearse más enemigos.