El periodismo, si bien algún día tuvo principios, se ha convertido en un recaudador de dinero público para mantener el discurso que le interesa a este sistema putrefacto
El dinero o la verdad. Ese es el dilema que en algún momento de nuestra reciente historia se planteó el periodismo. Eligió el dinero. Mucha gente lo hace, más cuando muchas redacciones temieron el cierre ante la caída del papel. El periodismo pasó (y sigue) por un mal momento. Pero ahora está manchado de por vida. No hay más que observar claramente el posicionamiento político que todos los medios de comunicación tienen. Todos nacen acuñando una palabra: independiente. Se queda en eso, en una palabra muerta. Ningún medio es independiente por mucho que en su biografía de las redes sociales sigan con ese término en el encabezado. No les juzgo, o sí, pero entonces que quemen esas banderas de imparcialidad que algunos aún ondean. Los grandes eligieron el dinero, no los pequeños, es decir, no los periodistas de calle o el becario, que esos van a vivir en bastante precariedad hasta que su empresa decida sustituirlos por un becario de mucho menor coste de los miles de periodistas que cada año salen al mercado desde las universidades. Sino la plana mayor de las empresas periodísticas. Esos que reciben cada año jugosas subvenciones de los gobiernos centrales o autonómicos para mantener unas líneas editoriales interesadas, espurias y alejadas de cualquier pulcritud periodística. Ya el colmo del escándalo es tener que observar cómo la televisión pública se llena de activistas del gobierno, que ni tienen sentido común u objetividad ni nadie lo espera. ¿Por qué para qué esconderse o disimular los colores si ya vale todo? Además, cuanto más corrupto y tramposo sea un gobierno más caros hay que pagar los silencios cómplices.

Por ejemplo, en diciembre de 2024, según reza el comunicado «el Consejo de Ministros aprobó hoy un plan de ayudas a medios de comunicación dotado con 124,5 millones de euros, una de las medidas recogidas en el Plan de Acción por la Democracia del Gobierno de España. El objetivo es fortalecer digitalmente al sector de los medios de información y comunicación, para preservar su competitividad y que pueda ofrecer información veraz a la ciudadanía, tal y como recoge el artículo 20.1 de la Constitución Española«. Estos pagos siempre se revisten con algún traje como es la digitalización. Cuando no había nada que digitalizar se llamaba publicidad institucional y sino se llamará de otra manera. Sin ir más lejos, en julio de este año, el Gobierno, a través del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, ha abierto una nueva convocatoria para solicitar préstamos a medios de comunicación por valor de 19,5 millones de euros, iniciativa que se enmarca en el Plan de Acción por la Democracia, con el objetivo de reforzar la transparencia, el pluralismo y el derecho a la información, aprobado por el Gobierno de España el pasado septiembre. Transparencia, pluralismo, democracia, derecho a la información…. palabras vacías. Otra palabra vacía es bulo. Sirve para descalificar todo lo que hace el de enfrente, mientras tú te defiendes tu integridad.
Y es que el periodismo y la prostitución cada día tienen más semejanzas. Todo el mundo sabe que la prostitución no está bien, no es algo demasiado ético pero se permite, se mira para otro lado. Igual pasa con el periodismo. Se ha normalizado que cada año el gobierno riegue de dinero a muchas empresas de información a discreción. Es más, como decía antes muchas de ellas han sido rescatadas. El cuarto poder está en un descrédito absoluto, la gente ya no compra periódicos, las versiones digitales son gratuitas y las empresas no están tan de acuerdo en seguir promocionándose en un mundo tan polarizado como es el de los medios de comunicación. Por tanto, el gobierno tiende la mano a cambio de reforzar el discurso que le interesa. Eso o cerrar la persiana en muchos casos. Pero seguro que a tu pequeña empresa que se está viendo abocada al abismo no viene nadie a echarle una mano. Por eso, el cuarto poder está corrompido desde los cimientos hasta el techo. Si hay que hablar de la guerra de Rusia y Ucrania se hablará hasta que, por lo que sea, se deje de hacerlo. La prensa te dirá que eres un maldito asesino porque no te vacunaste y estuviste a punto de matar a tu abuelo en la cena navideña. Te hablará de cambio climático, te pondrá el mapa del tiempo en color rojo abrasador y te ofrecerá un carrusel de programas especiales sobre la manada de Pamplona, pero ninguno sobre manadas extranjeras. Te ocultará la nacionalidad del extranjero delincuente (‘un joven) pero te contará todos los detalles cuando el agresor es español. ¿Dantesco o más bien satánico? No solo eso, en vistas de la fuerza que tienen, también comprarán a ‘influencers’ de izquierdas por trabajos insustanciales como es el caso de Alan Barroso. Lo que haga falta por controlar un discurso que buscan desesperadamente controlar. Como dijo el filósofo francés Michel Foucault «quien domina el discurso, domina«.
El borrego
Porque puede parecer exagerada la comparación con el trabajo más antiguo del mundo, pero pondremos otro ejemplo. La prostituta más cara es el político. No dice la verdad ni al médico, pero nadie se extraña. Prostituye sus principios, su verdad y su ética en pos de lo que haga falta para mantenerse ahí, pero por lo menos cobra una suculenta cantidad a cambio. Otro tema será el final de esa gente que se vende al dinero. Pero el periodista es un prostituta muy barata, que por poco dinero seguirá haciendo el juego al sistema. Algunos aún no se ha enterado de la película y entran a las redacciones con esa ilusión del niño que quiere cambiar el mundo y aportar su granito de arena. Es cierto que a muchos periodistas, ya sea por estar en una sección menos politizada como puede ser el deporte no les salpique tanto, pero la mayoría escribirá al dictado de otros en función de lo que interese publicar para no enfadar a los de arriba. No hay más que ver que muchas noticias son idénticas en medios que no tienen nada que ver. En resumidas cuentas, que tú pagas con tus impuestos las medias verdades, falsedades, señalamientos o diatribas que quieren introducir en tu mente. La jugada es magnífica a la vez que perversa.

El periodista escribe al dictado de los mandameses del periódico, que en la mayoría de los casos es la voluntad del gobierno autonómico o central pertinente, que a su vez obedece a organismos superiores. No veréis personas que se manejan por principios como directores de diarios. Porque en los países miembros de la Unión Europea los problemas son casi siempre los mismos: cada vez más pobreza, mayor fiscalidad, mayor control, menos libertad, más inseguridad en las calles y sustitución racial. Por tanto, la mejor manera de controlar a una población es controlando el discurso imperante y para ello se instrumentalizan de los medios, que a su vez, están encantados de dejarse dominar por el ‘superior’. Para que nos entendamos, buscan la confrontación entre ciudadanos, la polarización, el ‘divide y vencerás’, lo que el sistema sabe que funciona. Nos engañaron una vez más.
Para cerrar el triángulo debemos hablar de un estrato peor aún que el político y el periodista: el ciudadano que se cree lo que cuentan éstos y que obedece, pero convencido y gratis. Esa gente que sigue comprando periódicos porque dicen ‘informarse’, que enciende la televisión y se queda horas absorbiendo toda la patraña que le cuentan o incluso los que se vanaglorian de escuchar la radio, porque es más ‘cultural’ que la tele. Hay gente que se cree inmune a las influencias de los medios porque «yo no veo la tele«. Es igual, todos los medios están en redes sociales. Los ‘youtubers’ e ‘influencers’ también se hacen eco de noticias y, al final, todos estamos impregnados por este mal endémico que no tiene pinta de erradicarse pronto. La única solución es hacer una limpieza radical. Un nuevo enfoque del periodismo basado en la ética y la verdad bajo juramento, y la jubilación, anticipada o no, me es igual, de los viejos dinosaurios de los despachos que permitieron esta degradación absoluta del que un día fue considerado cuarto poder. Y ya sabemos que uno de los principios democráticos es la libertad de prensa y de opinión. Por tanto no puede haber democracia ninguna mientras la prensa trate constantemente de manipular a la población y la opinión libre sea acuchillada por hordas de ridículos defensores de una opinión única y generalizada, lo que se conoce como borregos de toda la vida.


