Se ha levantado cierta polémica alrededor de la Policía Autónoma Vasca al publicar el origen de los delincuentes. Un hecho que ha levantado algunos pruritos. Ciertos partidos, que toleran la miserable corrupción que ha instalado la izquierda que nos gobierna en la sociedad, se han rasgado las vestiduras ante la decisión de publicar la identidad de los delincuentes y su origen. Consideran que se rebasa la ley de protección de datos. Incluso argumentan que publicar la nacionalidad de los delincuentes es una forma de xenofobia y posiblemente se incurre en un delito de odio. Aunque otras personas han recibido con entusiasmo la decisión de la Policía. Conocer la procedencia de los detenidos, por parte de la sociedad es un ejercicio de trasparencia que forma parte de la democracia. Ocultar los datos de los detenidos, como hasta ahora se venía haciendo, sí es un elemento que genera esa xenofobia ya que los ciudadanos son los primeros que deben saber. Están en su derecho.
El ocultamiento genera desconfianza en todos aquellos de origen extranjero, aunque no sean delincuentes. Se les señala como presuntos violadores de la ley. No suele ser habitual, pero cada vez se extiende más la equivalencia de extranjero igual a delincuente. No se debe ocultar a la población quienes y de donde proceden los individuos que rompen la convivencia entre los ciudadanos. Sobre todo, en estos tiempos donde un sector de la emigración viola nuestras fronteras. O lo que es lo mismo, falta control de las autoridades hacia quienes traspasan los límites fronterizos sin permiso. Lo cual hace que los ciudadanos, con un mayor motivo, exijan conocer quiénes son sus vecinos. Porque la falta de control, de la emigración, hace que la desconfianza se instale en la sociedad y sobre todo esa desconfianza se incrementa cuando se oculta el origen de quienes delinquen.
Tratar de ocultar la verdad de lo que ocurre en la calle es un gravísimo error y solo sirve para acrecentar el miedo y el rechazo a todos aquellos que no son ‘de los nuestros’. Ocultar sirve para fomentar, en algunos sectores de la sociedad, un rencor desmedido que puede trasformase en violencia. Ocultar es igual que facilitar la ‘munición’ a grupos extremistas que se fundamentan en la limpieza de la raza.
Grupos sin ningún escrúpulo que no ven al extranjero como alguien a respetar y esta situación de desinformación es cebar aún más su odio al diferente.
Estos pasados días hemos visto como por primera vez, el Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, era condenado por revelación de datos reservados. En el caso que nos ocupa, el dar a conocer el origen del delincuente no violenta ninguna ley. Al contrario de lo que hizo Ortiz, revelando la identidad de un ciudadano, violó su labor de custodia de datos con el añadido que era un funcionario del estado y por tanto con mayor motivo debería custodiar los datos en su poder. Pero ocurre lo contrario con la Policía Autónoma Vasca. Dar a conocer la identidad de los delincuentes es una virtud democrática y un ejercicio de trasparencia ejemplar. Censurar el dar a conocer quienes nos roban, violan y asesinan es un ejercicio miserable, indecente y es muy posible que roce el delito.


