De manera cruda y con ausencia de la anestesia que en estos casos se debe inyectar, hemos tenido conocimiento de una traición. De una traición que dudo que haya algún precedente. Ni el rey felón, Fernando VII llevó a cabo tamaña traición. Si lo comparamos con la historia más reciente, con el golpe de estado que se intentó en Cataluña, éste sería un juego de niños. Una traición indecente, miserable y que, además, agrede a los cientos de víctimas mortales, cientos de asesinados, a manos de personajes infectos, y que se revolverán dentro de sus tumbas de tal modo que parecerá un tsunami. Hemos sido víctimas de un apuñalamiento a la intimidad, a la sensibilidad, al sentimiento más profundo de la sociedad. De una sociedad que, durante casi medio siglo que, con el corazón encogido, ha padecido la amenaza y el azote de una banda criminal. De una banda terrorista que decía representar al pueblo vasco para liberarle de las cadenas que les impedían ser libres.
Primero fue contra el régimen de Franco al que utilizaron como chivo expiatorio para cometer todo tipo de delitos. Después fue la democracia la que les impedía instalar su régimen de terror y había que seguir golpeando a la sociedad. Debían seguir matando para conseguir sus fines que no eran otros que instaurar un régimen comunista parecido del que aún sufre Cuba y los cubanos. ETA tiene a sus espaldas 856 víctimas y más de 300 asesinatos sin esclarecer y el gobierno de España, desde el año 2023, maniobró para que la banda de asesinos fuera borrada de las listas de grupos terroristas dentro de la UE. Es decir, el gobierno socialista renunció a que se haga justicia y paguen quienes han asesinado a cientos de ciudadanos. Pero no se queda solo en esa miserable estrategia de borrado de ETA de las listas de grupos terroristas en la UE. Ese proyecto de blanqueamiento e impunidad de la banda terrorista continúa. Lo hace a través de la puesta en libertad de criminales que apenas han pagado por sus delitos privados de libertad.
La cesión al Gobierno Vasco, en la que están al frente PNV y PSOE, de las competencias penitenciarias fue el segundo de los capítulos de la traición. Fue la antesala de un proyecto que iba a significar la salida de los asesinos etarras de la cárcel. El primer capítulo había sido el reagrupamiento de éstos en centros penitenciarios del País Vasco con el fin de facilitar su excarcelación. Colocar en manos de los nacionalistas y socialistas vascos las decisiones de poner en libertad a los presos de ETA ha servido de atajo para una amnistía encubierta de los asesinos de ETA. Lo que da lugar a que se agilice la puesta en libertad, de manera injusta y con un muy cuestionado encaje en la legalidad, a más de un centenar de terroristas que se llevan contabilizados hasta ahora. Nacionalistas y socialistas son conscientes de que poner en libertad a los etarras sin cumplir las condenas genera un gran dolor entre las víctimas y sus familias. Es también una forma de agredir a la sociedad y es un maltrato a los familiares y víctimas del terrorismo.
Lo hacen sabiendo que causan sufrimiento y dolor y también saben que nadie de esas víctimas se tomará la justicia por su mano. Porque ningún miembro de las doce familias que habían llorado el asesinato de uno de sus miembros que formaba parte del PSOE se tomaría la justicia por su mano.
La responsable última de la puesta en libertad de los asesinos es la consejera de justicia del Gobierno Vasco la socialista y testaferro del gobierno de España, María Jesús San José. No se ha conformado con poner en libertad, hace escasos días, al que fuera jefe de ETA Garikoitz Aspiazu Rubina, alias ‘Txeroki’.
Continúa impulsando la puesta en libertad de asesinos de la banda. Una medida que responde a los acuerdos alcanzados entre el PSOE y los herederos de ETA, EH-BILDU, para que Sánchez ocupara la presidencia del gobierno. La testaferro y embajadora del sanchismo, San José, en esta ocasión ha contribuido a la “fiesta” de los etarras, dejando en libertad al asesino del periodista, López de la Calle, Asier Arzalluz.
Maltrato moral
Este individuo también participó en los asesinatos de Irene Fernández Perera, José Ángel de Jesús Encinas y Máximo Casado Carreras. Un asesino que hace escasa fechas, en diciembre de 2024, fue condenado por ser el autor del asesinato del citado periodista López de la Calle, a 30 años de prisión. Es realmente preocupante que en un estado democrático y España lo es, las autoridades políticas socialistas atenten contra la sociedad. No es tolerable que una sociedad que ha sufrido durante décadas el maltrato de una banda terrorista, sus componentes sean puestos en libertad sin haber pagado por el dolor que han causado.
Por ejemplo, un banco te exige el compromiso que se adquiere con ellos con la firma, por ejemplo, de un préstamo y, si no se respeta, el desahucio es la alternativa. En cambio, en materia del cumplimiento de las penas, dictadas por la justicia, los delincuentes terroristas parecen aforados de algún tipo. Nadie debe escapar a la acción de la justicia porque en teoría todos somos iguales, aunque ya estamos observando que no es así. Un asesino, un criminal que haya segado la vida a un niño es la prisión permanente revisable lo que le suele esperar. En el caso de los terroristas de ETA, que han asesinado a 23 niños, al parecer a los socialistas que nos gobiernan, les trae sin cuidado y les otorgan la libertad. Una injusta libertad que sirve para de nuevo asesinar, casi por segunda vez, Es un castigo a la larga lista de maltratos que los familiares de las víctimas están teniendo que aguantar.


